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John Bardeen, el único hombre en ganar dos premios Nobel de física



La historia de la ciencia no siempre es justa con sus protagonistas: Mientras que algunos científicos gozan de enorme popularidad, otros son poco conocidos o incluso olvidados por la población en general. Y lo más curioso es que, paradójicamente, en muchas ocasiones estos científicos "poco conocidos" han realizado importantísimas aportaciones a la ciencia. Es el caso del físico John Bardeen, uno de los científicos más importantes del siglo XX y que, por desgracia, no goza de una fama a la altura de sus contribuciones. El periódico Chicago Tribune definió a la perfección la figura de Bardeen en la historia:

“Para los científicos Bardeen es un Einstein. Para el público en general es un … ¿John qué?”

Bardeen nació en Madison (Wisconsin) en el año 1908. Su padre era profesor de anatomía y llegó a ser el primer decano de la facultad de medicina en la universidad de Wisconsin, y su madre, que gozaba de cierta fama, se dedicaba al mundo del arte. Por tanto, se puede decir que John nació en una familia intelectual que siempre le alentó a los estudios. Además, el chico era bastante despierto y tenía pasión por la ciencia: Cuando estaba en séptimo grado, su profesor le dijo que gozaba de un gran talento para las matemáticas y que en un futuro podría conseguir un trabajo dentro de ese campo.

Terminó la educación secundaria con 15 años, pero sus profesores aseguraron que, si él hubiera querido, podría haberla abandonado varios años antes (se cree que la decisión de no abandonarla por parte de Bardeen fue la muerte de su madre, que tenía cáncer, además de que quería ampliar sus estudios todo lo posible). En la universidad pasó a formar parte de algunas de las más importantes asociaciones estudiantiles y se licenció en ingeniería. Más tarde, en el año 1936, acabaría consiguiendo un doctorado en la materia que más amaba: La física matemática.

Influenciado y apoyado por científicos tan importantes como Paul DiracWerner Heisenberg o Van Vlecksu carrera tenía un futuro prometedor. Y así fue.

Su carrera profesional pasó por varias etapas. En un principio, trabajó como profesor, luego trabajó para varias empresas e, incluso, le ofrecieron participar en el Proyecto Manhattan (trabajo que rechazó, a pesar del éxito que pudiera haber ganado allí). Finalmente, el lugar en el que se sintió más cómodo fue en el laboratorio Bell, donde pasaría una buena parte de su vida.

Pero dejemos a un lado su trayectoria y vayamos a lo importante: ¿Por qué Bardeen se merece un puesto más importante en la historia de la física? Vamos a verlo:

Durante el año 1947, Bardeen estaba trabajando con sus compañeros Shockley y Brattain en los ya mencionados laboratorios Bell, cuando descubrieron un invento que les cambiaría la vida: El transistor. Su trabajo no era precisamente el de descubrir el transistor, sino un proyecto de telefonía que, por unas causas u otras, acabó desembocando en este invento. Básicamente, el transistor se utiliza para controlar y regular una corriente muy grande mediante una señal muy pequeña(sus usos son innumerables: Como amplificador, como oscilador, como convertidor...).

La creación del transistor es, probablemente, el mayor invento del siglo XX, y una enorme cantidad de la tecnología que usamos a día de hoy sería imposible sin los transistores. Algunos historiadores han llegado a decir que el transistor es para el siglo XX lo que la máquina de vapor fue para la Revolución Industrial. Y si no me creéis, simplemente echad un vistazo a sus aplicaciones en nuestro día a día: Se usa en las televisiones, los ordenadores, los teléfonos móviles, los microondas, las calculadoras... Es algo fundamental en cualquier aparato actual que tenga una mínima complejidad tecnológica (sin los transistores, no podrías estar leyendo esto desde tu ordenador, por ejemplo).

De hecho, dada la importancia del descubrimiento y para asegurarse la patente, los tres científicosmantuvieron en secreto su transistor unos cuantos meses hasta que terminaron de modificarlo por completo y crearon algo completamente funcional, para evitar así que alguien se les adelantara a la hora de patentarlo.

Y todo este esfuerzo dio sus frutos: El premio Nobel de física de 1956 fue para este trío de científicos "por sus investigaciones sobre los semiconductores y el descubrimiento del efecto transistor". Hay una curiosa anécdota relacionada con Bardeen: Cuando el rey Gustavo VI Adolfo de Suecia estaba entregando los premios Nobel, le preguntó a John Bardeen por su familia. Bardeen respondió que, de los tres hijos que tenía, sólo había venido uno a la entrega de premios, porque los otros dos estaban estudiando en la Universidad de Harvard y no quería que interrumpieran los estudios por algo así. El rey se quedó atónito ante esta respuesta y le dijo a Bardeen que, si alguna vez se volvían a ver, le obligaría a traer a toda su familia para conocerlos, y John se lo prometió. ¿Se cumpliría este encuentro o se quedaría todo en una promesa incumplida? Seguid leyendo y lo descubriréis.

Tras la invención del transistor, Bardeen fue contratado por la Universidad de Illinois (cobrando alrededor de 10.000 dólares al año). Allí trabajo activamente como profesor, pero también estableció un programa de investigación en el departamento de ingeniería eléctrica y otro en el de física. Y, la verdad, estas investigaciones proporcionaron unos resultados espléndidos: Bardeen consiguió desarrollarla teoría BCS.

¿En qué consistía? Básicamente, la teoría explica el fenómeno de la superconductividad, una característica presente en algunos materiales que permite conducir la corriente eléctrica sin resistencia y pérdida de energía bajo unas determinadas temperaturas. Para explicarlo de forma fácil, pongo un ejemplo: Cuando se disminuye la temperatura de un conductor, su resistividad eléctrica también disminuye; sin embargo, ningún conductor "normal" puede llegar a tener una resistividad nula. Por el contrario, un superconductor, cuando llega a una determinada temperatura crítica, consigue una resistividad nula.

Pues bien, la teoría BCS explica de forma detallada el porqué de este fenómeno. Bardeen no realizó este descubrimiento él solo. También colaboraron en su elaboración los físicos Leon CooperJohn Robert Schrieffer. A pesar de que no logra explicar algunos aspectos (hay determinados superconductores especiales con los que esta teoría tiene problemas), fue un éxito en general.

Finalmente, en el año 1972, los tres investigadores obtuvieron su recompensa: Se les concedió elpremio Nobel de física "por su desarrollo de la teoría de la superconductividad, conocida como teoría BCS". Gran parte del dinero que consiguió con este premio lo donó a organizaciones para el avance de la ciencia, convirtiéndose así en el primer y único científico en ganar dos premios Nobel de física.

Y, por cierto, ¿recordáis la anécdota del rey de Suecia y los hijos de Bardeen? Pues la respuesta es que el trato se cumplió: Bardeen llevó a todos sus hijos para que conocieran al rey (con enorme alegría por haber logrado la hazaña de viajar allí por segunda vez a recoger el premio, supongo).

Por supuesto, aunque no lo he comentado en el artículo, Bardeen ganó muchísimos más premiosa lo largo de su vida además de los Nobel (la Medalla de ciencia nacionalla medalla Franklinla medalla de honor del IEEE...).

La vida de Bardeen acabó el 30 de enero de 1991 a causa de una enfermedad cardíaca. Su vida fue una continua sucesión de logros científicos, pero eso no corrompió su personalidad: Según se dice de él, era muy modesto y nunca presumía de sus descubrimientos, celebraba comidas con sus amigos, iba de picnic con su familia y amaba el golf. Bardeen ha sido conmemorado en varias ocasiones y, de hecho, llegó a ser convertido en un sello en EEUU.

Sin embargo, a pesar de todo esto, su popularidad nunca alcanzó la de otros compañeros suyos. ¿Por qué? Quién sabe, pero lo cierto es que, sin duda alguna, merece ser más recordado. Espero haber contribuido a ello con este post.


Extraído de: A

Los matemáticos en "La escuela de Atenas"





Rafael Sanzio fue sin lugar a dudas uno de los pintores y arquitectos más famosos del Alto Renacimiento italiano. Su extensa obra contiene algunos de los cuadros más representativos de su época. Uno de ellos, "La escuela de Atenas" tiene especial interés para nosotros por la gran cantidad de filósofos, historiadores, poetas... que retrata. Pero hay un pequeño grupo de personajes en este cuadro que puede interesar especialmente a los lectores de este blog: Los matemáticos. En efecto, aunque tengan menos presencia y fama que otros de los personajes en el cuadro, los matemáticos griegos también se merecieron ocupar un puesto en este "salón de la fama". Veamos a algunos de los más famosos:
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Pitágoras

A Pitágoras lo podemos encontrar en la parte inferior izquierda del cuadro, mientras escribe en un enorme libro (como podéis ver en la imagen de vuestra izquierda).

Pitágoras es uno de los matemáticos griegos más conocidos en general, ya que su famoso teorema se enseña a muy temprana edad en las escuelas. Pero sus descubrimientos como matemático van mucho más allá y abarcan una amplia cantidad de temas. Gracias a la creación de la hermandad pitagórica, cuyos miembros creían en las matemáticas como la base para todo, sus ideas se expandieron rápidamente. Además, gran parte de los discípulos de esta escuela atribuían sus méritos al mismo Pitágoras, por lo que su gama de descubrimientos es enorme.

Por poner un ejemplo, podríamos destacar su demostración formal de su teorema homónimo (ya que antes de Pitágoras ya se usaba ese teorema, pero fue él quien lo demostró) o la creación de las ternas pitagóricas (cuyo nombre se deriva del teorema de Pitágoras). También estudió los números perfectos (es decir, todo aquél número que es igual a la suma de sus divisores positivos, como por ejemplo el seis: 6=1+2+3) y halló una fórmula para hallar cientos de números perfectos. Otra curiosa investigación de los pitagóricos fueron los números amigos: Dos números (a y b) son amigos cuando la suma de los divisores de "a" es igual a "b" y cuando la suma de los divisores de "b" es igual a "a".

Los pitagóricos también hallaron la existencia de los números irracionales . Y sus descubrimientos también se extendieron hasta la geometría: Hallaron la figura geométrica conocida como dodecaedro y demostraron que sólo existen cinco poliedros regulares, conocidos como sólidos platónicos.

Por todo ello, podemos decir sin miedo que Pitágoras fue uno de los matemáticos-filósofos más productivos y prolíficos de la Antigüedad y que, a pesar de que algunos contemporáneos suyos lo llegaran a clasificar incluso de loco, se ha ganado su posición en "La escuela de Atenas".

Claudio Ptolomeo

A Ptolomeo lo podemos encontrar en la esquina inferior derecha del cuadro. Por desgracia para nosotros, resulta que es el personaje que nos está dando la espalda, el que lleva una especie de corona y sostiene una bola del mundo, por lo que no podemos verle la cara (como podéis ver en la imagen de vuestra izquierda).



Ptolomeo fue mucho más que un matemático. Fue todo un científico interdisciplinar: Estudió astronomía, astrología, geografía, química... y matemáticas, claro. Ptolomeo vivió en Egipto y, según se dice, trabajó en la famosa Biblioteca de Alejandría.
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Sus descubrimientos estaban basados en su sólida filosofía empirista a la hora de trabajar. Entre sus hechos más destacables, encontramos la creación del Almagesto, un tratado astronómico que contenía un amplio catálogo estelar que fue utilizado por árabes y europeos a lo largo de la Edad Media. También fue uno de los mayores desarrolladores de la ya obsoleta teoría geocéntrica, que planteaba que todos los astros giraban alrededor de la Tierra. Ptolomeo también estudió el campo de la óptica, explorando algunas propiedades de la luz, como pueden ser la refracción o la reflexión.

¿Y qué pasa con las matemáticas? Bueno, principalmente se dedicó a la trigonometría (es decir, el estudio de todo lo relacionado con la medición de los triángulos y sus elementos). Gracias a sus estudios matemáticos, empezó a destacar como constructor de astrolabios (un instrumento ampliamente utilizado por los marineros y científicos para determinar la posición de las estrellas) y los relojes de sol.

Por todos sus estudios, Ptolomeo, que clasificó de miles de estrellas y predijo numerosos eclipses utilizando sus matemáticas, también se merece estar en este cuadro. Quizás no estuvo tan enfocado en las matemáticas como algunos de los personajes de los que estamos hablando en este artículo, pero sin duda sus aportaciones a todas las categorías científicas en general merecieron la pena.

Hipatia

A Hipatia la podemos encontrar en la parte central-izquierda del cuadro, vistiendo una túnica blanca y mirándonos a nosotros mismos (como podéis ver en la imagen de vuestra izquierda).

Hipatia fue una de las mujeres más importantes en el ámbito de la ciencia en la Antigüedad. Su trabajo y vida se centraron en las ciencia exactas como las matemáticas, aunque también es muy famosa por sus extensos escritos sobre astronomía. De hecho, ostenta el honor de ser la primera mujer matemática de la que se tienen conocimientos seguros. Se mantuvo en contacto con grandes personajes de su tiempo e instruyó a una gran cantidad de aristócratas.
Hipatia escribió y estudió sobre álgebra, geometría, astronomía... Entre sus trabajos astronómicos, destaca su creación de un modelo de planisferio, una herramienta formada por dos discos ajustables que se ajustaban para mostrar la posición de las estrellas. También mejoró algunos modelos de astrolabio, aunque esta herramienta era más arcaica que el planisferio.

Sus trabajos matemáticos iban desde la escritura de varios libros (los cuales, por desgracia, no conocemos en su mayoría) hasta la creación de aplicaciones prácticas de sus conocimientos. Por poner un ejemplo de este último caso, tenemos la creación del densímetro, un instrumento que sirve para calcular la densidad de un líquido sin necesidad de conocer su masa y volumen (algo que todavía se utiliza hoy en día). Sinesio de Cirene describió así este instrumento:

"Es un tubo cilíndrico con la forma y dimensiones de una flauta, que en línea recta lleva unas incisiones para determinar el peso de los líquidos. Por uno de los extremos lo cierra un cono, adaptado en posición idéntica, de manera que sea común la base de ambos, la del cono y la del tubo. Cuando se sumerge en el líquido ese tubo, que es como una flauta, se mantendrá recto, y es posible contar las incisiones, que son las que dan a conocer el peso"


Sin duda, fue una mujer que demostró su valor e inteligencia en la ciencia, un personaje que destacó entre los demás a pesar de encontrar tantas barreras en una sociedad que, en sus tiempos, estaba muy limitada con las mujeres.

Arquímedes y Euclides

Y para finalizar este artículo, dejamos un caso especial: El de Arquímedes y Euclides. La particularidad de estos dos personajes es que los historiadores y expertos no se ponen de acuerdo en cuál de los dos es el que está representado en el cuadro. Supuestamente, uno de ellos aparece, pero el otro no. ¿Cuál de ellos es el representado y cuál no? No se sabe. En cualquier caso, hablaremos de ambos personajes y compensaremos este pequeño detalle.

A Arquímedes o Euclides lo podemos encontrar en la esquina inferior derecha, sujetando un compás y dibujando en una pizarra unas lecciones para sus alumnos (como podéis ver en la imagen de la izquierda).

Vayamos en primer lugar con Arquímedes. Arquímedes fue posiblemente el matemático más importante de la Antigüedad. Sus estudios en esta materia, junto con sus trabajos en la física y en la astronomía, hacen de él uno de los personajes más importantes del cuadro.

Principalmente es recordado por el principio que lleva su nombre, el cual afirme que cuando un cuerpo es sumergido en un fluido en reposo, experimentará un empuje vertical y hacia arriba igual al peso del fluido desplazado. También es famoso por haber explicado el funcionamiento básico de la palanca y por crear numerosas armas de asedio. Otro invento suyo fue el tornillo de Arquímedes, el cual permite la elevación de fluidos y otros materiales a partir de un tornillo que gira sobre un cilindro hueco. Entre sus muchos trabajos, también contribuyó a la flotabilidad del Siracusia, uno de los mayores barcos de transporte de la Antigüedad.

Pero, a pesar de que sus inventos son bastante famosos, no hay que olvidar su faceta matemática más pura, la cual no se queda atrás. Por ejemplo, uno de sus mayores logros fue el de utilizar el método de exhausción (un proceso de aproximación bastante preciso) para lograr un valor muy exacto del número pi.

Todo esto, junto con muchos otros cálculos e inventos, hacen de Arquímedes uno de los más grandes matemáticos.
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Vayamos ahora con Euclides, quien es conocido muy acertadamente con el nombre de "Padre de la Geometría". Aunque su vida es en general poco conocida, su obra ha perdurado hasta nuestros días con enorme repercusión.
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Principalmente, es recordado por su obra "Los Elementos", una de las mayores recopilaciones de saber matemático-científico que se conserva de aquella época. En este libro (del cual podéis ver un extracto en pergamino a vuestra izquierda), de educación casi obligatoria hasta hace relativamente poco, se ofrece una perfecta introducción sobre la geometría y muchos de sus teoremas se siguen estudiando hoy día.

Por ejemplo, una de sus teorías más famosas es que la suma de los ángulos interiores de cualquier triángulo forman 180º. Además, sus estudios sobre las figuras geométricas o los líneas han servido como base imprescindible para muchas otras materias y descubrimientos relacionados con la física, la química o la astronomía.
Por ello, Euclides también se merece su puesto en este cuadro, independientemente de que en realidad sea él o Arquímedes quien aparezca. Ambos han contribuido enormemente al desarrollo de las matemáticas.


Extraído de: A

El descubrimiento del fósforo en el cuadro 'El alquimista' de Joseph Wright



El alquimista, en busca de la piedra filosofal, descubre el fósforo y ruega por el éxito y la conclusión de su obra como era la costumbre de los antiguos astrólogos alquimistas. (Joseph Wright of Derby, 1771) | Fuente


Hennig Brandt (1630-1692), a quien autores como Isaac Asimov (Breve historia de la química) denominan como «el último alquimista» pese a que hubieron muchos otros tras él, fue un químico alemán que ha pasado a la historia de la ciencia por el descubrimiento del fósforo (P).

Brandt buscaba el sueño de la alquimia, la piedra filosofal, la posibilidad de transmutar los metales vulgares en preciado oro. Y se fijó en el agua, pero más concretamente en la orina y la posibilidad de combinación de la misma con otros materiales. Tras recoger una gran cantidad de orina (se habla de al menos 50 cubos) la dejó reposar durante un par de semanas para seguidamente calentarla, evaporando todo el agua, quedándose con el residuo sólido seco. Mezcló el polvo de este sólido con arena, calentó en un horno el combinado y recogió el vapor generado en un recipiente. Cuando el vapor se enfrió Brandt se encontró con un material sólido de color blanco, que ardía con llama muy llamativa y brillaba en la oscuridad. Precisamente esta última característica fue la que le dio nombre: phosphorus mirabilis, el portador de la luz milagrosa.

La esplendorosa luz que emana del matraz en el cuadro de Joseph Wright que abre este post, no es comparable a la producida por el fósforo recién sintetizado, resulta algo exagerada si la comparamos con la realidad, salvo que sea fósforo blanco ardiendo. El motivo del autor al reflejar tan evocadora inundación luminosa del laboratorio era bien distinto. Existen múltiples interpretaciones sobre esta obra de arte, cuyo título simplificado es El alquimista, para la que algunos autores afirman que representa el triunfo de la ciencia empírica sobre el oscurantismo y la superstición, pero otros no lo tienen tan claro (Light and Enlightenment in Joseph Wright of Derby's The Alchymist). De hecho, hasta se duda de que el personaje que encarna la figura del iluminado alquimista sea Henning Brandt.





Extraído de: A

Retrato del escritor bipolar



Durante siglos no tuvo nombre. Era la enfermedad silenciosa, el mal secreto que se disfrazaba de depresión, paranoia o locura y que era mejor ocultar. Pero el trastorno bipolar existe, y es devastador: escritores como Tolstoi, Balzac, Faulkner, Hemingway, Virginia Woolf, Tennessee Williams, Juan Ramón Jiménez o José Agustín Goytisolo sufrieron sus embates con desesperación, a menudo hasta la muerte. En realidad, su nombre exacto da igual: hoy sabemos que el transtorno bipolar sólo es una pirueta formal concebida en los libros de psiquiatría. Es la antigua psicosis maníaco-depresiva, pero con un nombre que infunde menos temor y rechazo. El Cultural visita a algunos de sus más ilustres enfermos literarios, sabiendo que existen muchas historias silenciadas, demasiadas, aún por descubrir.


Aunque se desconoce la etiología de la enfermedad, hay un relativo consenso en cuanto a que se trata de un desorden bioquímico, con origen genético y hereditario, pero con desencadenantes externos. La angustia, la ansiedad o una experiencia traumática, pueden desencadenar un brote y desembocar en el suicidio. El 20 por ciento de los enfermos se quita la vida y al menos un 50 por ciento lo intenta. La lista de escritores, músicos y pintores que se despidieron del mundo con un trágico estampido o un gesto silencioso desborda cualquier estimación superficial.



Ernest Hemingway


Hemingway es uno de los casos más conocidos. Hijo de un padre suicida, conservó la pistola que le dejó huérfano durante toda su vida. Con un humor oscilante, que le hacía transitar de la euforia y la temeridad a cierta misantropía, el 2 de julio de 1961 se voló la cabeza con una escopeta de dos cañones.



Margaux Hemingway


Su nieta Margaux prefirió el fenobarbital y escogió una fecha simbólica: el 1 de julio de 1996. Al igual que su abuelo, sufría depresiones y se refugiaba en el alcohol. No está de más señalar que el autor de El viejo y el mar padecía un insomnio obstinado que sólo se apaciguaba con la luz. La luz es un potente antidepresivo en muchos bipolares, pues mejora su estado de ánimo y les ayuda a experimentar una tibia esperanza.



Sylvia Plath


El suicido de Sylvia Plath reúne todas las características de las tragedias griegas.
El 11 de febrero de 1963, después de largas depresiones y anteriores intentos de suicidio, se levantó en su piso de Londres y preparó el desayuno a sus hijos. Después, abrió el horno de la cocina e introdujo la cabeza, abriendo las espitas de gas. Separada de Ted Hughes, había soportado un invierno de soledad y privaciones que exacerbó sus tendencias autodestructivas. Al principio consideró que alquilar el apartamento donde había vivido W. B. Yeats representaba apostar por la vida, pero la herida que estragaba su alma permanecía abierta desde que perdió a su padre a los nueve años. En sus sobrecogedores y bellísimos Diarios, ya había anotado en julio de 1950: “Quizá nunca llegue a ser feliz, pero esta noche estoy contenta”. En 1957, no se apreciaba ningún cambio esperanzador: “He estado dando tumbos por ahí, lúgubre, oscura, desolada, enferma. Si supero este año será la victoria más grande que haya alcanzado nunca”. En 1959, las cosas no han mejorado: “Mi cabeza es un batallón de problemas”. Eso sí, parece que la infelicidad es el estímulo principal de sus Diarios: “Sólo escribo aquí cuando estoy en un callejón sin salida”. En mayo de 1961, se interrumpen los Diarios, pero el 16 de octubre de 1962 escribe, refiriéndose a su asombroso poemario Ariel, compuesto en pocas semanas, presumiblemente en pleno brote de manía: “Soy una escritora de genio; se me ha concedido el don. Estoy escribiendo los mejores poemas de mi vida, los que me harán famosa...”.




Virginia Woolf


Tal vez Virginia Woolf es el caso más célebre de escritora bipolar, acosada sin tregua por la enfermedad.
La inminencia de una nueva crisis hizo que el 28 de octubre de 1961 se encaminara al río Ouse con los bolsillos llenos de piedras. Se dejó arrastrar por la corriente y no se recuperó su cuerpo hasta el 18 de abril. Su marido enterró sus cenizas al pie de un árbol en Rodmell, Sussex. Virginia dejó una conmovedora nota: “Siento que voy a enloquecer de nuevo. Sé que esta vez no me recuperaré (...). No puedo luchar más. Ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad”.




David Foster Wallace


No menos dramático es el caso de David Foster Wallace, que se ahorcó el 12 de diciembre de 2008, con 46 años. El narrador y ensayista que poetizó sobre el malestar de un tiempo donde los medios audiovisuales se han constituido en criterio de realidad, propiciando la deshumanización y la disgregación social, luchó durante dos décadas contra una bipolaridad con predominancia de las tendencias depresivas. Durante mucho tiempo, la fenelzina le mantuvo estable, pero los efectos secundarios (disquinesias faciales, inhibición sexual, sobrepeso, pérdida de reflejos) le hicieron abandonar la medicación. Al poco de interrumpir el tratamiento, la depresión regresó con toda su ferocidad. Se ensayaron nuevos tratamientos, sin conseguir una remisión. Finalmente, venció la tristeza, sembrando la consternación entre sus amigos y familiares, que contemplaron su muerte con una mezcla de estupor, rabia y fatalismo. Franzen, Zadie Smith y Don DeLillo hablaron en un homenaje póstumo, lamentando la pérdida del cronista esencial de la posmodernidad.

En España, la bipolaridad ha afectado a figuras como José Agustín Goytisolo, Pedro Casariego, Leopoldo María Panero, Luis Martín Santos y Juan Ramón Jiménez. Es difícil establecer un diagnóstico en el caso de Juan Ramón, pero su ansiedad generalizada, su hipocondría, su tendencia al aislamiento, sus brotes de emotividad, sus crisis depresivas y su obsesión por la muerte, inducen a pensar que la bipolaridad es una explicación posible de un carácter difícil y propenso al conflicto. Luis Cernuda le dedicó unas palabras poco compasivas, acusándole de ser una especie de Mr. Hyde, pero Cernuda no parece el más indicado para hablar de equilibrio y voluntad de conciliación. En la época de Juan Ramón, no se hablaba de bipolaridad, sino de neurosis, pero yo me atrevería a afirmar que su neurosis hoy se diagnosticaría como trastorno bipolar, sin excluir otras patologías concomitantes. Pedro Casariego, escritor, poeta y pintor, hermano de Martín y Nicolás Casariego, escogió el 8 de enero de 1993 para arrojarse a las vías del tren en la estación de Aravaca. Dos días antes había considerado concluida su obra gráfica y literaria al finalizar Pernambuco, el elefante blanco, un cuento concebido como un regalo para su hija Julieta. “Mordido por un tren hambriento”, dejó el recuerdo de “un artista misterioso, intrigante, insólito”, según Ángel González. Su padre, el poeta Pedro Casariego H. Vaquero, le describió como “un raro, con virtudes poderosas, como la honestidad, el estoicismo, la austeridad y la clarividencia”. Creo necesario mencionar que, según Juan Ramón, “el poeta no es un filósofo, sino un clarividente”.



Leopoldo María Panero


Leopoldo María Panero es el loco egregio de nuestras letras, que nunca ha ocultado su desorden interior.
Nacido en Madrid en 1948, sufrió la primera hospitalización psiquiátrica en 1970. Más adelante, ingresaría por propia voluntad en las unidades de psiquiatría de Mondragón y Las Palmas de Gran Canaria. Maldito, provocador, iconoclasta, incrédulo, aficionado al alcohol y enamorado de la heroína durante una década, su poesía brota de un desafío permanente a la razón, que no acepta las reglas del pensamiento lógico aplicadas al lenguaje, la vida o la moral. Su clarividencia convive con su progresiva desintegración personal. Aunque los médicos diagnostican esquizofrenia, no puede descartarse un trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar. A fin de cuentas, las últimas investigaciones sostienen que el trastorno bipolar y la esquizofrenia proceden de una causa común: una expresión defectuosa de los genes encargados de la producción de mielina en el sistema nervioso central.



Alejandra Pizarnik


En el ámbito de las letras hispanoamericanas, podríamos citar a Alejandra Pizarnik, que paralizó su corazón con 50 pastillas de secobarbital, uno de los barbitúricos empleados por Marilyn Monroe en su “probable suicidio”. Se cree que Pizarnik sufría Trastorno Límite de la Personalidad, una alteración psicológica que incluye inestabilidad afectiva, sentimientos de vacío e inutilidad, parasuicidios (autolesiones), irascibilidad. El diagnóstico diferencial atribuye a cada patología unos rasgos propios, pero reconoce que algunas enfermedades mentales pueden concurrir conjuntamente y admite que el Trastorno Límite de la Personalidad puede interpretarse como el umbral de la bipolaridad. Pizarnik escribió: “Siniestro delirio amar una sombra./La sombra no muere./Y mi amor/sólo abraza lo que fluye/como lava del infierno”. No es una mala descripción del tormento interior de los bipolares. Ni la esquizofrenia ni el trastorno bipolar se caracterizan por una doble personalidad que sólo existe en las ficciones cinematográficas.



Hermann Hesse


¿Se puede convivir con el trastorno bipolar? Faulkner, Tennessee Williams, Twain, Tolstoi, Dickens, Hermann Hesse, Gorki, Schubert, Beethoven, Stevenson o Balzac lo consiguieron, no sin pagar un notable tributo de sufrimiento. Van Gogh, Schumann, Kurt Cobain, Cesare Pavese o Pier Angeli no fueron tan afortunados. Un brote de manía es como un rompehielos que embiste contra el cerebro. Durante largas noches de insomnio, las ideas crepitan como un bosque en llamas. La depresión es un atardecer interminable. Sientes que las horas no existen, que deambulas por un vacío perfecto. La muerte no es una intrusa. Es un pequeño claro donde te reencuentras con el paraíso.

No hago literatura. Convivo con esta enfermedad desde 1996 y conozco todos sus estadios. En ese tiempo, he logrado desarrollar una actividad razonable como crítico literario y docente. Mi hermano Juan Luis no tuvo tanta suerte. Se suicidó en 1982. ¿Hay alguna relación entre el trastorno bipolar y la creatividad? La manía imprime un ritmo vertiginoso al cerebro, favoreciendo la aparición de ideas y asociaciones, algunas completamente irracionales, pero que en el terreno de la poesía son verdaderas fulguraciones.

No es nada extraño que Van Gogh creara cerca de 900 obras en diez años, con interrupciones provocadas por las crisis depresivas. ¿Significa eso que el sufrimiento es el precio del arte? ¿Se equivocaba Nietzsche al afirmar que “el dolor nos hace profundos”? ¿Tenía razón Hölderlin cuando aseguraba que “sólo merecen el nombre de arte las obras capaces de expresar la experiencia del dolor”? La vida no comercia con transacciones de esta naturaleza. Nadie escoge el dolor, pero el artista bipolar, cercado por la inestabilidad, la desolación y la muerte, nos hace pensar que algunos hombres nacen -a su pesar- con un destino.



Programa TV La otra aventura: LA LOCURA EN LOS ESCRITORES








Extraído de: A

Los puentes vivientes de Cherrapunji



Cuando de cruzar ríos se trata, los sitios más inhóspitos no son los que mejores condiciones ofrecen. Pero la tribu Khazi de Cherrapunji, Meghalaya, al nordeste de la India, ideó una forma sencilla y natural de poder atravesar los grandes y caudalosos ríos. Para ello se sirven de las raíces del árbol Ficus elastica, también conocida como higuera de caucho, que siembran muy cerca de los ríos. Este árbol crece y sus raíces se entrelazan de tal manera que los Khazi pueden cruzar a través del puente natural que se que forma, tal y como se puede ver en las imágenes.





El siguiente video nos muestra, a partir del minuto 1:18, a un adulto enseñando a su hija Juliana cómo se construyen este tipo de puentes: "Este puente viviente crecerá durante 500 años y tus hijos lo utilizarán… y los hijos de tus hijos". A partir del minuto 2:01 vemos cómo colaboran entre todos a formar el puente entrelazando algunas raíces, amarrando otras con cuerdas vegetales y asentando el piso con tierra y piedras hasta crear un camino transitable.






Desde hace muchas generaciones, se plantan estos árboles
y se moldea su crecimiento en una de las zonas más desfavorables para la vida humana que es conocida por ser el lugar más húmedo de la Tierra. Las lluvias monzónicas tienen en esta zona cifras récord de precipitaciones, con una media anual de 11777 mm. La solidez de estos puentes no solo los hace resistentes a las lluvias y a las corrientes de los ríos sino que además pueden soportar el peso de más de 50 personas.


Toda una obra de ingeniería en total armonía con el entorno y la naturaleza, unas construcciones amigables con el medioambiente que además se refuerzan año tras año con el crecimiento contínuo de las raíces. Los Kazhi aprendieron a sobrevivir utilizando su entorno y respetando a la naturaleza.




Fuentes: uristspotsofindia.com, Human Planet BBC, bbc.co.uk, snotr.com







Extraído de: A

Miles de peces "danzando"




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"El mar, una vez que proyecta su hechizo, tiene uno en su red de maravilla para siempre."
-Jacques Cousteau


Con el calentamiento global, sobreexplotación y contaminación, nuestros mares están en un verdadero estado de crisis estos días. Espero que esta corto recuerde a la gente de la magnífica belleza dentro de nuestro mar y la importancia de protegerla. Se filmó en las inmersiones de Bonaire y Palau durante 2011.





Los científicos e inventores más importantes de la historia




A pesar de las dificultades, esta puede ser una tarea muy entretenida así que hoy te propongo abordar la cuestión juntos e intentar seleccionar a
los 10 científicos más importantes de la historia.


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El campo de las ciencias es muy amplio, es un vasto universo repleto de ramificaciones, teorías, hipótesis y logros, por lo que nuestras elecciones siempre pueden ser muy subjetivas. Luego de armar mi lista y compararla con la de algunos amigos, investigar en diferentes fuentes y conocer la opinión que ustedes nos han dejado en ocasiones anteriores, conformé una lista con una decena de mentes maestras, de verdaderos genios de las ciencias.

El orden de la lista no significa nada en particular, los nombres están dispuestos temporalmente. También es sumamente importante tener en claro que las ciencias humanas son tan importantes como cualquiera de las demás, pero para esta lista preferí obviar a los científicos de estos campos para que la lista sea más acorde a nuestro sitio. Con este simple criterio y los ya mencionados, dispuso a los que para mi, eran los más adecuados.


Arquímedes de Siracusa (287-212 a.C.)

Los-10-científicos-más-importantes-de-la-historia-1.jpg En la Antigua Grecia, tan prolifera y fructífera para las ciencias, nacieron los primeros hombres de ciencia que la humanidad pudo conocer, por lo que escoger a uno solo para esta lista me dio un fuerte dolor de cabeza. No obstante, creo que Arquímedes de Siracusa merecía este puesto, ya que de algún modo podía levantar la bandera de los científicos de la antigüedad. Arquímedes realizó algunos de los primeros, más importantes e influyentes planteos en ámbitos como la física, la matemática, la estática y la hidrostática,

Leonardo da Vinci (1452-1519)

Los-10-científicos-más-importantes-de-la-historia-2.jpg Leonardo da Vinci fue otro de estos polifacéticos inventores que dejó su huella en todos los campos que pudo, dentro y fuera de las ciencias. Compartió lo que realmente es el espíritu de las ciencias, ese afán por nuevos conocimientos, por encontrar soluciones a los problemas que aquejaban a sus coetáneos y por dejar registro de sus invenciones. Además de pintar maravillosas obras de arte, da Vinci, totalmente adelantado a su época creó numerosos artefactos relacionados con el vuelo, el automovilismo y la guerra, entre muchos más.

Nicolás Copérnico (1473-1543)

Los-10-científicos-más-importantes-de-la-historia-3.jpg Copérnico fue un astrónomo de origen polaco y se encuentra en esta lista pues, vamos, él planteó la teoría heliocéntrica del Sistema Solar una vez propuesta en cierta medida por el antiguo griego Aristarco de Samos. Junto a Galileo (de quien ya hablaremos) fueron los fundadores de la astronomía como ciencia y con su teoría ayudó a la humanidad a dar un verdadero salto en el camino de las ciencias que algunos tanto intentaron ofuscar.

Galileo Galilei (1564-1642)

Los-10-científicos-más-importantes-de-la-historia-4.jpg ¿Cómo podríamos obviar a un genio como Galileo? Este hombre de ciencias, de origen italiano, fue el precursor de la astronomía, formó parte activa de la revolución científica del Renacimiento, planteó la primera ley del movimiento, trabajo en el perfeccionamiento de un herramienta tan esencial como el telescopio, en gran medida ayudó a que la teoría Heliocéntrica de Copérnico se consolide y además, enfrentó sus teorías científicas a los antiguos e irracionales dogmas de la Iglesia Católica.

Isaac Newton (1642-1727)

Los-10-científicos-más-importantes-de-la-historia-5.jpg Este es otro de los grandes inventores de los que ya nos hemos dedicado a hablar en repetidas ocasiones. Newton fue un polifacético científico inglés (fue físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático) que participó en el amplio desarrollo de las matemáticas, las leyes naturales de gravitación, el estudio de la óptica, la proyección de la luz, las leyes del movimiento y la dinámica, entre otras cosas. Por todas estas razones y porque además se que muchos de ustedes así lo querrán, Newton también está en esta lista.

Benjamin Franklin (1706-1790)

Los-10-científicos-más-importantes-de-la-historia-6.jpg Además de ser contemporáneo, Franklin tuvo una notable influencia del recién mencionado Newton. Fue un político, inventor y científico de origen estadounidense pero interesándonos por lo que a esta lista lo trajo: fue uno de los primeros y mas relevantes estudiosos de los fenómenos eléctricos y la electricidad. Tras su popular experimento con la cometa en plena tormenta eléctrica, descubrió que los rayos eran descargas eléctricas y que las nubes estaban compuestas, entre otras cosas, por energía de este tipo. Su invento más significativo fue el pararrayos.

Louis Pasteur (1822-1895)

Los-10-científicos-más-importantes-de-la-historia-7.jpg Decidí colocar a este químico francés en la lista por una razón muy clara e importante, la misma por la que todos conocemos al gran Pasteur, sus experiencias científicas en cuanto microbiología y química que permitió el desarrollo de la pasteurización. Este proceso, llamado así obviamente en alusión a su creador, le ha salvado la vida a millones de millones en el mundo, quizás a los científicos que veremos más adelante inclusive.

Nikola Tesla (1865-1943)

Los-10-científicos-más-importantes-de-la-historia-8.jpg Nikola Tesla fue un científico, físico, ingeniero mecánico e inventor de origen serbio. Sus grandes trabajos están relacionados con el electromagnetismo y el uso de la energía eléctrica como la conocemos y utilizamos hoy. A su vez, las teorías y las tan numerosas patentes del señor Tesla sentaron las bases del desarrollo de los sistemas de potencia de corriente alterna y varios otros sistemas que en gran medida hicieron posible el apogeo de la Revolución Industrial.

Albert Einstein (1879-1955)

Los-10-científicos-más-importantes-de-la-historia-9.jpg Sería casi imposible pensar que alguien no pueda reconocer el rostro de Albert Einstein y es por una razón muy simple: es uno de los científicos más importantes de la historia y junto a Tesla, los 2 más importantes del siglo XX. Las teorías en los campos de la física y la mecánica cuántica y sus investigaciones en cuanto al concepto de la gravedad que hasta entonces teníamos, entre otras cosas, lo hacen merecedor de un lugar en esta lista sin lugar a dudas.

Stephen Hawking (1942-actualidad)

Los-10-científicos-más-importantes-de-la-historia-10.jpgEl señor Hawking, nació exactamente 300 años después de otro de los miembros de la lista: Galileo Galilei. A diferencia de este último, por suerte y esperemos que por mucho tiempo más, aún se encuentra con nosotros, trabajando constantemente en la producción de nuevos y sumamente interesantes conocimientos. Hoy es el físico más importante, un científico y un divulgador popular inglés que se ha encargado de analizar profundamente varios e interesantes aspectos sobre las leyes que rigen el universo, la teoría de la relatividad general y la naturaleza de los agujeros negros, entre otras cosas.



Extraído de: A

Los animales que viven por más tiempo


La tortuga Galápagos (193 años)

Almeja Gigante(Geoduck) (160 años)

Tuatara (200 años)


Loro del Amazonas (104 años)


Carpa (100 años)

La tortuga estadounidense(American Box Turtle) (123 años)

Lamellibrachia o gusano de tubo (170 años)

Cisne (102 años)

Erizo de mar rojo(Red Sea Urchin) (200 años)

Ballena de Groenlandia (211 años)


Koi (226 años)


Tortuga Gigante (152 años)

Almeja redonda(Quahog) (400 años)


Esponja de la Antártida(1.550 años)

(Gallinazo)zopilote (115 años)






Extraído de: A

Anécdotas extrañas de Isaac Newton



Isaac Newton encaja perfectamente en el estereotipo de científico despistado: él mismo cuenta que, en una ocasión, entró en la cuadra de la granja donde vivía arrastrando por las riendas a un caballo. Sin advertir que el caballo hacía tiempo que se había zafado. Newton también se olvidaba a menudo de comer y hasta de dormir, al menos es lo que cuentan quienes le conocieron en sus tiempos universitarios. Y es que Newton a menudo quedaba abstraído por sus reflexiones.

También se olvidaba a menudo de sus invitados cuando se ausentaba por algún motivo del salón: se dirigía a su laboratorio y no regresaba en horas.





Vestía de forma descuidada, e incluso sucio, porque a menudo olvidaba su higiene personal.

"No era raro verle sentado en cualquier camino de la universidad de Cambridge, trazando en el suelo enrevesadas figuras geométricas, mientras sus alumnos y compañeros le sorteaban, tratando de no estropear aquellos incomprensibles dibujos. Esos mismos alumnos que eludían sus clases porque, muchas veces, no eran sino indescifrables peroratas ensimismadas".

Newton también era serio y circunspecto. No le gustaba la alegría y ni siquiera sonreír. De hecho, se cuenta que sólo se le vio una vez reír en clase: el día en que un alumno le preguntó cuánto podría valer un obsoleto libro de Euclides.

A pesar de sus continuos despistes, Newton eran extremadamente metódico a la hora de apuntar todo lo que hacía en sus cuadernos. El problema es que anotaba tanto las cosas importantes como las triviales, como si tuvieran el mismo rango. Por ejemplo, se conserva su cuaderno juvenil “de pecados”, en el que anotaba diariamente todo pecado que hubiese cometido ese día. Por ejemplo: “impertinencia con mi madre” o “ robo de cerezas”.

Sin embargo, a veces extraviaba apuntes científicos de gran importancia. Por ejemplo:

"Se cuenta que en 1684, muchos de los científicos ingleses de la época mantenían un famoso e importantísimo debate sobre las leyes del movimiento de los cuerpos celestes. Este debate surgió a raíz de un encuentro mantenido en enero de aquel año por tres eminencias de la Royal Society de Londres: Robert Hooke, Christopher Wren y Edmund Halley, en el que, al no llegar a un acuerdo, Wren, arquitecto de la catedral de San Pablo, ofreció un premio al primer científico que lograse demostrar convincentemente las leyes del movimiento de los astros. Como pasaban los meses y nadie se atrevía a hacerlo, Halley decidió visitar a Newton a Cambridge. En el curso de la conversación, le preguntó por las órbitas de los cuerpos celestes, a lo que Newton contestó que eran elípticas. “¿Cómo lo sabe?”, volvió a preguntar Halley, a lo que Newton repuso: “Las calculé hace tiempo”. Halley, ansioso y sorprendido, le pidió que le mostrase esos cálculos, pero Newton fue incapaz de encontrarlos, así que no tuvo más remedio que prometerle que los volvería a hacer y se los haría llegar (promesa que cumplió rápidamente)".

Eso sí, se tomaba muy en serio sus experimentos. Tanto es así que, para estudiar la forma del ojo humano, era capaz de pasarse el día contemplando el sol con un solo ojo para observar los colores e incluso presionar con un punzón su globo ocular para alterar momentáneamente la curvatura de la retina y constatar las variaciones que ello implicaba.

Newton fue elegido miembro del Parlamento británico en 1689 por su defensa de los derechos de la universidad de Cambridge frente al impopular rey Jacobo II. Acudió durante varios años a la Cámara aunque nunca intervenía. En cierta ocasión, Newton se levantó del escaño durante una sesión, haciéndose un gran silencio para escuchar las palabras que el ya entonces respetado sabio iba a dirigirles por primera vez. Newton dijo: “Perdón, ¿podría alguien cerrar aquella ventana? Hay corriente de aire y se me puede caer la peluca”. Ya nunca más volvió a tomar la palabra en el Parlamento.

La inscripción en su tumba dice así:

"Aquí descansa 
Sir ISAAC NEWTON, Caballero 
que con fuerza mental casi divina
 demostró el primero,
con su resplandeciente matemática, 
los movimientos y figuras de los planetas,
 los senderos de los cometas y el flujo y reflujo del Oceano.
 Investigó cuidadosamente
las diferentes refrangibilidades de los rayos de luz 
y las propiedades de los colores originados por aquellos.
Intérprete, laborioso, sagaz y fiel
de la Naturaleza, Antigüedad, y de la Santa Escritura
, defendió en su Filosofia la Majestad del Todopoderoso 
y manifestó en su conducta la sencillez del Evangelio.
Dad las gracias, mortales, 
al que ha existido asi, y tan grandemente como adorno de la raza humana. 
Nació el 25 de diciembre de 1642; falleció el 20 de marzo de 1727".

No se sabe si su célebre anécdota de la manzana que cae de un árbol es cierta o no, pero el supuesto manzano responsable de ello sigue con vida y puede visitarse. En el año 1666, con 22 años, la peste diezmaba la población inglesa y Newton se retiró a una casa en el campo en Woolsthorpe (Lincolnshire). Newton nunca mencionó la anécdota de la manzana, lo hizo su ayudante en la Real Casa de la Moneda, John Conduitt, en unas notas escritas en 1727 (año de la muerte del cientí­fico). De ellas se extrae esta frase:

"El primer pensamiento de su sistema de gravitación surge de la observación de una manzana caí­da de un árbol".

Posteriores escritos y dibujos aparecidos aclaran que dicha “casualidad” se produjo en el jardí­n de su casa y la existencia de un solo manzano.

Este manzano fue cuidado por las futuras generaciones de la familia Woolerton que ocuparon la casa hasta 1947. En 1816 un rayo cayó sobre el manzano y destrozó varias ramas, pero las raí­ces eran fuertes y han seguido dando fruta hasta hoy.




Extraído de: A

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