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La locura del genio: escritores de Ciencia Ficción




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"Todos los poetas están locos" escribió el inglés Robert Burton en su libro The Anatomy of Melancholy en 1621. Al afirmar esto, el escritor inglés cometía una exageración, pero hay indicios que nos muestran que artistas y escritores son más propensos a padecer alguna enfermedad mental que el resto de la población. Aquí la pregunta del millón sería: ¿existe una relación específica entre la creatividad artística y la enfermedad mental? Numerosos estudios parecen responder afirmativamente a esta pregunta.

Aquí no extenderé el tema, que da para mucho, y expondré sólo algunos de los casos de escritores de Ciencia Ficción que han padecido alguna enfermedad mental.

Pero antes veremos cuáles son las pruebas existentes de que la creatividad está ampliamente relacionada con el padecimiento de las enfermedades mentales.

En 1995 fue publicado un estudio en el libro The Price of Greatness: Resolving the Creativity and Madness Controversy (El precio de la grandeza: resolviendo la controversia entre creatividad y locura) del profesor de psiquiatría Arnold M. Ludwig, del Centro Médico de la Universidad de Kentucky. La investigación constó de un estudio a mil personas "famosas" de 18 especialidades diferentes, 8 de estas del área creativa y artística. Se observaron patrones de comportamiento como tasa de suicidios, factor en el cual el 20% de los poetas estaban inlcuidos, esto es: 20% de los poetas cometieron suicidio, en comparación del 4% del resto de la población de estudio. Otro factor importante era la espectativa de vida. Ludwig observó que los poetas vivían 59.6 años en promedio, los científicos sociales 73.5, los escritores de no-ficción 70.6 y los músicos 57.2 años.

Otro estudio fue realizado por el psicólogo James C. Kaufman de la Universidad del Estado de California en el año de 1987. Los casos analizados fueron todos de escritores muertos de diferentes nacionalidades. Los resultados fueron publicados en la revista Death Studies en Noviembre del 2003, bajo el título “The Cost of the Muse: Poets Die Young” (“El precio de la musa: los poetas mueren jóvenes”). El estudio reveló que los poetas viven un promedio de 62.2 años comparados con los escritores de no ficción que viven 67.9 años. Los dramaturgos viven un promedio de 63.4 años y los novelistas 66. Curiosamente las mujeres poetas suelen morir antes que los hombres.

Las causas son multifactoriales, hacerse ingresos necesarios para sustentarse con el trabajo de un escritor parece muchas veces muy complicado. Muchos escritores suelen recluirse en soledad para lograr más eficacia en sus procesos creativos y sobre todo porque el área de trabajo, sobre todo de los poetas, reclama mucha emotividad. Todos estos factores pueden provocar angustia, depresión, sentimiento de soledad o incluso el suicidio. Aunque todo esto parece orientarse mucho hacia los poetas sobre todo, aplica para los escritores en general.

En 1987 Nancy C. Andreasen, de la Universidad de Iowa, examinó a 30 escritores y observó que el 80% de ellos habían experimentado al menos un episodio de depresión mayor, hipomanía o manía. También constató que los familiares de primer grado (hijos) del escritor tenían una mayor posibilidad de registrar transtornos mentales que la población de control que no se relacionaba con el escritor, de lo cual se supone que la locura podría ser un rasgo genéticamente hereditario.

EnlaceParece que el trastorno mental más común entre los pensadores creativos es el trastorno bipolar. Esta enfermedad se caracteriza por cuatro etapas: depresivo mayor, mixto, hipomaníaco, y los episodios maníacos.

Vamos a analizar muy superficialmente los casos de algunos escritores de la Ciencia Ficción que padecieron transtornos mentales.





Parece ser que este escritor de Ciencia Ficción (aunque algunos no lo consideren estrictamente dentro de este género) sufría depresión clínica.

EnlaceFue autor de catorce novelas. De él tenemos como obras más famosas Matadero Cinco y Las Sirenas de Titán. La primera de estas posiblemente la más reconocida, en la cual describe el Bombardeo de Dresde y los viajes de Billy Pilgrim a través del tiempo a causa de la intervención de los Tralfamadorianos, los cuales tienen una curiosa visión del tiempo. La ironía es el componente principal de sus obras. Vonnegut fue nominado en dos ocasiones al Premio Nobel.

Como dato curioso su hijo, Mark, padecía esquizofrenia, sobre la cual habla en su libro autobiográfico The Eden Express.





Ya conocen a este extraordinario creador. Se considera el primer escritor en mantenerse a partir de los ingresos de su trabajo, en los Estados Unidos. Es un reconocido escritor de relatos cortos de terror, entre los que destacan El Cuervo, El Corazón Delator y Los asesinatos de la Calle Mork, la cual se considera la primera historia moderna de detectives.

Murió a los 40 años de edad pero poco se sabe sobre las circunstancias de su muerte, aunque se sabe que era alcohólico. Durante algún tiempo tuvo pensamientos suicidas.

Poe ya parecía sospechar un poco acerca de la relación entre la locura y la genialidad, al menos en él, ya que escribió:

“Los hombres me han llamado loco; pero aún no está determinada la cuestión de si la locura es o no la más excelsa inteligencia, si mucho de lo que es gloria, si todo aquello que es profundo, no brota de la enfermedad del pensamiento, de modos de pensar exaltados respecto del intelecto general. Aquellos que sueñan de día son conocedores de muchas cosas que se les escapan a los que únicamente sueñan de noche."





Quizá muchos lo identifiquen como el fundador de la "Dianética". Laffayete Ronald Hubbard fue un escritor de Ciencia Ficción, que desarrolló este sistema de auto-ayuda que tanto se ha extendido por todo el mundo y cuyos libros suelen ser bestsellers. Durante tres décadas este hombre trabajó en lo que ahora conocemos como Cienciología, que básicamente es considerada como una iglesia. En alguna ocasión afirmó que quería ser físico nuclear. En un tiempo se le llamó a la revista Astoundig para aumentar sus ventas, cosa que consiguió, hasta el punto de saturarla con sus relatos.

Entre 1933 y 1938 Hubbard escribió 138 novelas, novelas cortas y cuentos, tanto de ciencia ficción y aventura. Esto da un promedio de más de una narración publicada cada dos semanas: el triple de producción que la mayoría de los demás escritores. Sí, el número es correcto, la verdad es que muchos afirman que sus novelas están casi todas vacías en contenido y sólo fueron escritas siguiendo la mentalidad de hacer dinero de este escritor. Lo cierto es que Hubbard era una persona extraordinariamente inteligente que supo hacer dinero a costa de la gente y sus creencias.

En 1957 apareció su última novela, Retorno al mañana. Miedo es otra de sus novelas más conocidas. En 1977, La Rebelión de las Estrellas. En 1985 escribió la saga de 10 volúmenes Mission: Earth, la cual contiene mucho material de su secta, la Cienciología, al igual que las anteriores.

Es curioso que aquí hace su aparición otro escritor de Ciencia Ficción, Van Vogt, quien tras la década de los 50's, entrará en el movimiento de la Dianética, motivo por el cual pasaría los siguientes años sin escribir casi nada. Finalmente, en los años setenta, regresó a escena, escribiendo novelas, pero nunca llegó a alcanzar el éxito obtenido de antaño. Van Vogt tenía algunas ideas que lo hicieron acercarse a la Dianética, y esto lo vemos por historias como El Mundo de los No-A y Los Jugadores de No-A.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Hubbard sufría problemas de depresión y pensamientos suicidas. En repetidas ocasiones presentó arrebatos de ira, profiriendo insultos y actuando de manera obscena. Se sabe que también tenía una sobreestimación de su persona y de sus logros, aparte de ser un mentiroso patológico y ser propenso a la exageración. También se le acusó de abusar físicamente de sus esposas.

En un boletín con fecha del 5 de mayo de 1980 Hubbard dijo a sus seguidores que iba a reencarnar en un futuro, no como lider religioso, sino como político. Les dijo que preservaran sus enseñanzas y esperaran hasta su retorno.

En 2006, Guiness World Records declaró a Hubbard como el escritor con más publicaciones en el mundo, con 1,084 obras de ficción y no ficción, y sus obras han sido traducidas a más de 71 idiomas.

Al final, la versión oficial de su muerte fue derrame cerebral, en 1986, aunque muchos piensan que seguía vivo hasta ese entonces. A su muerte, el exámen sanguíneo reveló la presencia de hidroxicina, un antihistamínico con propiedades psicoactivas, curiosamente prohibido por la ética de su propia religión.



Y no se puede hablar de Ciencia Ficción y enfermedades mentales sin mencionar a uno de los escritores más reconocidos e influyentes, Philip Kindred Dick, mejor conocido como Philip K. Dick o simplemente PKD.

Dick fue un escritor que desde pequeño tuvo severos traumas, como perder a su hermana gemela Jane. De esto el biógrafo Lawrence Sutin escribe: "El trauma de la muerte de Jane quedó como el suceso central de la vida psíquica de Phil".

Su primer novela fue Lotería Solar, en 1954. De su obra destacan El Hombre en el Castillo, Ubik, ¿Sueñan los Androides con ovejas eléctricas?, VALIS, entre muchas otras. Personalmente diría que sus cuentos son la mejor parte de su obra.
En 1964 comenzó a consumir drogas, específicamente LSD y sobre todo anfetaminas. En los 70s creyó que su casa había sido saqueada por la CIA. Durante esta época su paranoia era bastante evidente, y fue también la década de mayor creatividad, y la década donde comenzó a escribir todas sus obras generalmente bajo el efecto de las anfetaminas. Intentó suicidarse pero terminó en un centro de rehabilitación, experiencia que, junto con muchas más, es narrada en su novela VALIS. Fue un hombre con muchos problemas maritales y múltiples divorcios.

Philip K. Dick padecía esquizofrenia y sobre todo lo reconoce en Una Mirada a la Oscuridad y en muchas otras de sus novelas.

Ciertamente su literatura parece en ocasiones escrita por un paranoico y sus angustiosos entornos, como en Ubik y en Fluyan mis lágrimas, dijo el Policía, parecen visiones esquizoides puras, aunque probablemente tengan mas que ver con el uso de alucinógenos que con la enfermedad mental.

Sin embargo aún se discute mucho si PKD sufría esquizofrenia, esto porque en su obra se ve un claro crecimiento y una mejora en la narrativa, sus narraciones tratan sobre todo de sus experiencias espirituales. Un esquizofrénico, según se cree, es incapaz de seguir estos procesos creativos y sostenerlos, pues poco a apoco el que padece esquizofrenia ve afectados su creatividad y la capacidad de manifestarse creativamente.

En su novela Los Clanes de la Luna Alfana toca el tema de los enfermos mentales desde un punto de vista en el que él parece no disgustarle incluso lo que está padeciendo. Acepta e incluso parace gustarle su condición de enfermo mental.

Lo que a Dick marcó mayormente en su vida fue su experiencia con lo que el llamó Dios, Cebra o VALIS (que son las siglas de Vast Active Living Intelligence System: Sistema de Vasta Inteligencia Viva, o también SIVAINVI). Un rayo de luz de color rosa del que recibió una enorme cantidad de información, entre ella la concerniente acerca de una enfermedad que padecía su hijo Cristopher, una hernia, con la que sin tratamiento inmediato habría muerto. Posteriormente otro divorcio le quitó a su hijo y eso lo daño aún más.

Hay muchos indicios que sugieren paranoia, aunque Dick fue una persona muy sociable, lo cual es muy difícil para los individuos con este padecimiento. PKD también padecía de hipocondria y agarofobia.

Y ligando de nuevo a los autores mencionados, Dick dijo lo siguiente de Van Vogt:


"Empecé a leer ciencia-ficción cuando tenía unos doce años y leía todo lo que podía de modo que leí todos los autores que escribían en esa época. Pero no tengo ninguna duda acerca de quién me impactó originalmente y ese era A. E. Van Vogt. En lo que escribía A. E. Van Vogt había una cualidad misteriosa y eso se aplicaba sobre todo a El Mundo de los No-A. Las distintas partes de ese libro no encajaban; todos los ingredientes no constituían un todo coherente. Ahora bien; hay personas a quienes eso les molesta. Piensan que es algo torpe, mal hecho, pero lo que me fascinaba tanto era que eso se parecía a la realidad más de lo que cualquier otro escribiera dentro o fuera del género."

Mencionando a otros escritores que si bien no padecieron alguna enfermedad mental de la que se tenga conocimiento (al menos yo no), su mente les influía en cuanto a sus procesos creativos, tenemos a Ray Bradbury que de niño fue muy propenso a tener pesadillas, mismas que plasmó años después y le ayudaron en su desarrollo como escritor.

¿Y qué sería de la Ciencia Ficción sin estas chispas, a veces inapagables, de locura creativa? El enfermo mental generalmente no puede tener el control de sus expresiones artísticas o creativas, pero parte de las más geniales singularidades se deben a ello.


El proceso creativo claramente se ve enriquecido por las experiencias que nos genera el tener alguna enfermedad mental del tipo alucinativo, paranoia y esquizofrenia, a la vez que plasmamos mejor nuestros pensamientos cuando estamos ensimismados en un estado de ánimo como podría ser la depresión. En fin, las experiencias cotidianas, más aún si están influidas por trastornos mentales, son una de las bases para la creación litearia, así como nuestra capacidad para romper las barreras ideológicas que el mundo nos impone, que es por eso que llamamos "loca" a una persona, ¿no es así?





Extraído de: A


La locura de Nietzsche a través de la mirada de su madre



Friedrich Nietzsche
es probablemente uno de los intelectuales alrededor de los cuales se han tejido más historias y mitos que lo contruyen y deconstruyen como uno de los pilares fundamentales de la filosofía del siglo pasado, si, pero también como una suerte de monstruo que anunció la muerte de Dios y que justificó la emergencia de los absolutismos políticos y, en especial, del nazismo.

Pero de lo que se trata hoy no es de entrar en honduras en torno a su obra, sino del rescate de los textos epistolares a través de los cuales la madre de Nietzsche dió cuenta de la evolución de la locura de su hijo durante los años en que lo estuvo cuidando. Franziska Nietzsche, nacida Oehler, cuidó a su hijo desde 1889 una año después de que éste sufrió una crisis nerviosa en Turín. Él no se recuperaría, pero su madre se encargaría de cuidarlo, al menos hasta la fecha de su muerte en 1897.


MADRE E HIJO. "Le pregunto por Epicuro, Aristóteles, ´cuéntame quién fue´ (...) Y me cuenta cosas durante una hora (...), de tal manera que siempre lamento el que no lo escuche ninguna persona culta y erudita que pudiera replicarle de manera análoga", les revelaba Franziska a un matrimonio amigo.


Las 60 cartas, inéditas hasta los momentos en español, fueron publicadas por la editorial Siete Mares y reflejan, según la mayoría de las referencias críticas, el amor y entrega de una madre por su hijo-genio, a quien llegó a llamar “mi melancólica alegría”, frase que le da título al libro. Son epístolas escritas al matrimonio de Franz Overbeck y su esposa, Ida. El primero, habia conducido a Nietzsche hasta Basilea (Suiza) en 1889 hasta donde se encontraba Franziska. En las cartas podemos encontrar un registro bastante desgarrador del deterioro del filósofo a quien se le diagnosticó parálisis cerebral progresiva, así como de la vida que sobrellevaban entre grandes penurias económicas.

Ella le leía y buscaba conversación con él acerca de los temas que le interesaban, en un intento bastante fútil por mantenerlo activo:

En las horas del crepúsculo, cuando la oscuridad suele ser tanta que ni siquiera nos vemos, realizo una especie de ejercicio de memoria. Por ejemplo, le pregunto por Epicuro, Aristóteles, ‘cuénteme quién fue (...)’. Y me cuenta cosas durante una hora (...), de tal manera que siempre lamento que no lo escuche ninguna persona culta y erudita que pudiera replicarle de manera análoga

En otro momento, ella comenta acerca del temor que le da leer ‘Así habló Zarathustra’, por miedo a no reconocer al hombre a quien dio la vida. Escribe en 1891:

Me afecta mucho, en la medida en que los cimientos de nuestras creencias se tambalean, y al final, incluso, podría resentirse el amor que siento hacia un caballero tan querido y un hijo tan amado

Es el mismo tema del que ya hemos hablado tangencialmente, y que alude a la relación entre la vida y la obra de un intelectual, y cuyo interés se potencia cuando se trata de una relación parental (recuerdo, por ejemplo, el miedo que tuvo Pamuk de que su padre fuera mejor escritor que él). Las cartas, en este sentido, y sobre todo el tipo de cartas en las que se basa esta edición, los muestran en toda su desnudez, siempre a través de la mirada del otro, pero desnudo.

Hay un elemento que dará gusto a la comidilla biográfica de Fritz y es todo aquello que tiene que ver con la lucha de la hermana de Nietzsche por adueñarse del legado intelectual de su famoso hermano. Ella, Elizabeth, mostró al filósofo en público cuando ya no era capaz de reconoder a nadie y permitió y motivó que se relacionara su obra con el horror de los nazis.

Chismes aparte, las cartas siempre ejercen una fascinación muy especial y estas mucho más por ser documentos que registran la cotidianidad del momento y de esta pareja tan particular. No sé si a cualquiera de los dos les habría gustado que estos documentos salieran a la luz. Nosotros lo agradecemos.


"No le dejo tocar a Wagner"

En una visita al sanatorio, le cuentan a Franziska la vida cotidiana de su hijo: "El profesor Nietzsche lee y acostumbra a tumbarse en el sofá del salón. (...) El jefe de los enfermeros-vigilantes hace algo muy íntimo con él, lo coge por la barbilla, lo acaricia, le atusa el bigote cuando se arregla para salir y le da palmadas en la espalda" (10/ II/ 1890) Un día, ya en Naumburgo, Nietzsche se escapa y está desaparecido durante dos horas. Al final, un policía lo trae de vuelta a casa: "Había querido bañarse en una charca que había al lado del baño de caballeros, y en efecto se había paseado desnudo durante un buen rato" (28/ V/ 1890) ]"Ya se ha levantado de su siestecita mi viejo y querido Fritz, y ahora oigo que está tocando Los maestros cantores.

Esto significa dejar de escribir e ir al mirador y leer, porque en ningún caso le dejo tocar las composiciones de Wagner (...) En las horas del crepúsculo, cuando la oscuridad suele ser tanta que ni siquiera nos vemos, realizo una especie de ejercicio de memoria. Por ejemplo, le pregunto por Epicuro, Aristóteles, 'cuéntame quién fue' (...) Y me cuenta cosas durante una hora (...), de tal manera que siempre lamento el que no lo escuche ninguna persona culta y erudita que pudiera replicarle de manera análoga" (5/ X/ 1890) Afrontar la lectura del Zaratustra le da miedo: "Me afecta mucho, en la medida en que los cimientos de nuestras creencias se tambalean, y al final, incluso, podría resentirse el amor que siento hacia un caballero tan querido y un hijo tan amado" (15/ IV/ 1891) ]"Hay días en los que está completamente callado, sólo hojea los libros, de cada página coge dos o tres palabras y entonces se contempla las manos largo tiempo con la sensación de que no fueran en absoluto las suyas, y (...) se las mete después en los bolsillos de los pantalones. (...) En estos casos, le pongo las manos en la mesa; si se resiste, obstinado, se las acaricio e intento hacerle entender cuál es su mano derecha y cuál su izquierda" (30/ XII/ 1891) ]"Alabado sea Dios sólo por haberme permitido hasta ahora prodigar los cuidados a mi hijo (...) Él sigue siendo mi melancólica alegría" (2/ VII/ 1896)


¿Qué le hubiera pasado en el diván?

Un día de 1882, el médico Josef Breuer recibe una inquietante nota: "Doctor: quisiera verlo por un asunto muy urgente. El futuro de la filosofía alemana está en juego. Lou Salomé". Así empieza El día que Nietzsche lloró, novela del estadounidense Irvin D. Yalom (1931) que arrasa en Argentina y que supone un buen contrapunto a las cartas de Franziska, ya que especula sobre qué hubiera sucedido de someterse Nietzsche a terapia. Yalom ha publicado, hace tiempo, Un año con Schopenhauer.




Extraído de: A

Escritores malditos y sus malditas manías


En los márgenes de la literatura, extramuros de la convención social, alejados de la ortodoxia de escribas dóciles, a lo largo de la historia han ido apareciendo escritores para los que el epígrafe "escritor" se les quedaba pequeño. Más que escritores eran personajes abradacabrantes, superescritores. Personajes de sus propias obras. Hombres y mujeres que han dado más vueltas alrededor del sol de lo que decreta su DNI biológico. Sus obras, también, son como jeringuillas en el patio de un jardín de infancia.

Son escritores que han sido considerado malditos.


El número 23

Uno de los escritores malditos más marcianos de un panorama ya de por sí marciano es, sin duda, William S. Burroughs, uno de los apóstoles de la contracultura de los año 1960 y figura destacada de la Generación Beat. Además de escribir cosas indescifrables u ofensivas hasta la médula, en una ocasión pretendió emular a Guillermo Tell, disparándole a una manzana situada sobre la cabeza de su esposa Joan. Era 1951 y Joan murió con un agujero entre los ojos.

Borroughs también tenía una obsesión malsana con el número 23 (de ahí nace la película de Jim Carrey, titulada precisamente El número 23). Borroughs creía que este número estaba detrás de la fatalidad, y que también encajaba con demasiadas cosas del mundo para ser azaroso: nuestro ADN está dividido en 23 pares de cromosomas, poseemos 23 vértebras, la sangre tarde 23 segundos en recorrer nuestro cuerpo, etc.

Al la sombra de Burroughs también crecieron autores como Jack Kerouac y Allen Ginsberg, aficionados a empinar el codo (y la nariz, y la vena gorda, y lo que se terciara) en el White Horse Tavern de Nueva York.


La locura como fuente creativa

Muchos autores malditos sencillamente estaban mal de la chaveta. Pero la locura parecer ser, en muchos casos, la dinamo que genera las mejores ideas (ya se dice que los locos abren los caminos que más tarde seguirán los sabios). A juicio del psiquiatra Enrique González Duro, hay demasiados casos de autores tratados, diagnosticados y recluidos para que la relación entre locura y literatura sea casual.

Mary Shelley, la autora de Frankenstein, sufría frecuentes ataques de melancolía, alucinaciones y sueños letárgicos. Lord Byron podía cambiar de humor en pocos minutos, como buen ciclotímico que era, y también era aficionado a aullar sin motivo. Charles Baudelaire, autor de Las flores del mal, un compendio de poesía que bascula entre lo venéreo y lo necrofílico, sufrió frecuentes crisis nerviosas, neuralgias y vértigos que le dejaban postrado en la cama.

Virginia Woolf, Allen Ginsberg y Sylvia Plath también fueron desequilibrados mentales, y algunos de ellos suicidaron, como se suicidó David Foster Wallace, uno de los mejores escritores norteamericanos contemporáneos (a pesar de que solo tiene una novela publicada, La broma infinita).


Charles Baudelaire


Y los que no estaba locos, hacían crujir sus mentes con toda clase de sustancias. Charles Bukowski era un borracho reconocido (y en un cine, detrás de unas mujeres que no paraban de hablar durante toda la proyección, protagonizó una anécdota legendaria: se acercó a las señoritas y les gritó: "a ver si nos callamos, par de coños"). Samuel Taylor Coleridge escribió el poema onírico Kubla Khan (1797) bajo los efectos del opio (y sospecho que solo puede se entender en todo su esplendor bajo los efectos del opio). Baudelaire necesita de hachís para escribir. William S. Burroughs, heroína. Jack Kerouac escribió En el camino bajo el efecto de los benzedrinas, solo así consiguió el ritmo frenético y los solos jazzísticos a lo Charlie Parker. Él mismo se describía así:


Soy el rey de los beatniks. Soy François Villon, poeta-pícaro vagabundo de la carretera abierta. Escuchenme cuando les toque solos rabiosos e improvisaciones espirales con mi máquina de escribir tenor.


Y la lista de psiconautas no acaba aquí: Aldous Huxley escribió Las puertas de la percepción (1954) con mescalina, al igual que lo hizo Antonin Artaud con su Teatro de la crueldad. Ken Kesey usó el LSD para escribir Alguien voló sobre el nido del cuco, y también lo hizo el periodista gonzo Hunter S. Thompson con Miedo y asco en las Vegas. Por cierto, el bueno de Kesey se unió a un grupo de amigos, The Merry Pranksters (los “Alegres Bromistas”) en 1964 para recorrer Estados Unidos en un autobús pintado con colores fluorescentes al que llamaron Further (“Más Allá”), repartiendo buen rollo, drogas y los elementos visuales que conformaría el movimiento hippie.


Centros neurálgicos de mentes esquinadas

La obra que más mentes esquinadas concentró por primera vez fue Los poetas malditos, del poeta francés Paul Verlaine, publicado por primera vez en 1884. En él participaron autores como Rimbaud, Mallarmé o Pauvre Lelian (anagrama del propio Verlaine). Este concepto de "maldito" lo inició precisamente Verlaine con esta obra, pero a su vez había sido inspirado un poema de Baudelaire llamado Bendición, que se encuentra al principio de Las flores del mal.


Cabaret Voltaire


Otro lugar que concentró y alimentó las mentes más lúgubres de la época hay que buscarlo hacia el final de la Primera Guerra Mundial. Muchos escritores y artistas empezaron a creer que la civilización había fracasado, que la fría razón sólo había servido para amordazar el instinto, que finalmente se había desencadenado con toda su furia, como una bestia que sólo puede vivir en libertad. En un club artístico de vanguardia llamado Cabaret Voltaire, nació entonces una lucha contra la razón, la lógica, la disciplina y el refinamiento burgués. ¿Cuál era la mejor forma de combatir todos esos defectos que perturbaban la verdadera naturaleza del ser humano, el ser animal? Pues aplaudiendo el instinto, el caos, la provocación, la desobediencia y la irracionalidad.

En Cabaret Voltaire, los artistas se reunían para leer poesía y hablar de tonterías, para gritar, para aullar como lo hizo Byron, para bailar sin ritmo, al azar, generando una completa y absoluta cacofonía. Hasta que un día, el organizador del Cabaret Voltaire, Hugo Ball, anunció que iba a publicar una pequeña revista titulada Dadá. Uno de los que frecuentaban el club, un poeta llamado Tristan Tzara, quedó tan enamorado de la palabra que empezó a escribir poesía sin sentido en su nombre. Había nacido el dadaísmo. El antiarte. La guerra contra el formalismo. El canto al absurdo.

Finalmente, el lugar más icónico que vio el nacimiento de muchos autores suburbiales y rarunos fue la librería del editor Lawrence Ferlinghetti: City Lights Bookstore. Abierta en 1953 en San Francisco, es de visita obligatoria si están mínimamente interesados por la Generación Beat y el movimiento contracultural: allí se editó Aullido y otros poemas, de Allen Ginsberg, y hoy en día sigue editando a los autores más underground.

Afortunadamente siguen existiendo los mutantes, los escritores con pensamientos incendiarios en los que raramente prospera la dicha, hábiles con el lenguaje escatológico, liberados de corsés políticamente correctos, y con mucho, mucho mordiente. Sin mutantes no progresaría la historia de la literatura; y la vida, en suma, sería también un lugar tan aburrido y neutro como el Walden Dos de B.F. Skinner o el 1984 de George Orwell. En definitiva, un harakiri creativo digno de alabanza, aunque haya mucho autor atornillado y locuelo.



Extraído de: A

Retrato del escritor bipolar



Durante siglos no tuvo nombre. Era la enfermedad silenciosa, el mal secreto que se disfrazaba de depresión, paranoia o locura y que era mejor ocultar. Pero el trastorno bipolar existe, y es devastador: escritores como Tolstoi, Balzac, Faulkner, Hemingway, Virginia Woolf, Tennessee Williams, Juan Ramón Jiménez o José Agustín Goytisolo sufrieron sus embates con desesperación, a menudo hasta la muerte. En realidad, su nombre exacto da igual: hoy sabemos que el transtorno bipolar sólo es una pirueta formal concebida en los libros de psiquiatría. Es la antigua psicosis maníaco-depresiva, pero con un nombre que infunde menos temor y rechazo. El Cultural visita a algunos de sus más ilustres enfermos literarios, sabiendo que existen muchas historias silenciadas, demasiadas, aún por descubrir.


Aunque se desconoce la etiología de la enfermedad, hay un relativo consenso en cuanto a que se trata de un desorden bioquímico, con origen genético y hereditario, pero con desencadenantes externos. La angustia, la ansiedad o una experiencia traumática, pueden desencadenar un brote y desembocar en el suicidio. El 20 por ciento de los enfermos se quita la vida y al menos un 50 por ciento lo intenta. La lista de escritores, músicos y pintores que se despidieron del mundo con un trágico estampido o un gesto silencioso desborda cualquier estimación superficial.



Ernest Hemingway


Hemingway es uno de los casos más conocidos. Hijo de un padre suicida, conservó la pistola que le dejó huérfano durante toda su vida. Con un humor oscilante, que le hacía transitar de la euforia y la temeridad a cierta misantropía, el 2 de julio de 1961 se voló la cabeza con una escopeta de dos cañones.



Margaux Hemingway


Su nieta Margaux prefirió el fenobarbital y escogió una fecha simbólica: el 1 de julio de 1996. Al igual que su abuelo, sufría depresiones y se refugiaba en el alcohol. No está de más señalar que el autor de El viejo y el mar padecía un insomnio obstinado que sólo se apaciguaba con la luz. La luz es un potente antidepresivo en muchos bipolares, pues mejora su estado de ánimo y les ayuda a experimentar una tibia esperanza.



Sylvia Plath


El suicido de Sylvia Plath reúne todas las características de las tragedias griegas.
El 11 de febrero de 1963, después de largas depresiones y anteriores intentos de suicidio, se levantó en su piso de Londres y preparó el desayuno a sus hijos. Después, abrió el horno de la cocina e introdujo la cabeza, abriendo las espitas de gas. Separada de Ted Hughes, había soportado un invierno de soledad y privaciones que exacerbó sus tendencias autodestructivas. Al principio consideró que alquilar el apartamento donde había vivido W. B. Yeats representaba apostar por la vida, pero la herida que estragaba su alma permanecía abierta desde que perdió a su padre a los nueve años. En sus sobrecogedores y bellísimos Diarios, ya había anotado en julio de 1950: “Quizá nunca llegue a ser feliz, pero esta noche estoy contenta”. En 1957, no se apreciaba ningún cambio esperanzador: “He estado dando tumbos por ahí, lúgubre, oscura, desolada, enferma. Si supero este año será la victoria más grande que haya alcanzado nunca”. En 1959, las cosas no han mejorado: “Mi cabeza es un batallón de problemas”. Eso sí, parece que la infelicidad es el estímulo principal de sus Diarios: “Sólo escribo aquí cuando estoy en un callejón sin salida”. En mayo de 1961, se interrumpen los Diarios, pero el 16 de octubre de 1962 escribe, refiriéndose a su asombroso poemario Ariel, compuesto en pocas semanas, presumiblemente en pleno brote de manía: “Soy una escritora de genio; se me ha concedido el don. Estoy escribiendo los mejores poemas de mi vida, los que me harán famosa...”.




Virginia Woolf


Tal vez Virginia Woolf es el caso más célebre de escritora bipolar, acosada sin tregua por la enfermedad.
La inminencia de una nueva crisis hizo que el 28 de octubre de 1961 se encaminara al río Ouse con los bolsillos llenos de piedras. Se dejó arrastrar por la corriente y no se recuperó su cuerpo hasta el 18 de abril. Su marido enterró sus cenizas al pie de un árbol en Rodmell, Sussex. Virginia dejó una conmovedora nota: “Siento que voy a enloquecer de nuevo. Sé que esta vez no me recuperaré (...). No puedo luchar más. Ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad”.




David Foster Wallace


No menos dramático es el caso de David Foster Wallace, que se ahorcó el 12 de diciembre de 2008, con 46 años. El narrador y ensayista que poetizó sobre el malestar de un tiempo donde los medios audiovisuales se han constituido en criterio de realidad, propiciando la deshumanización y la disgregación social, luchó durante dos décadas contra una bipolaridad con predominancia de las tendencias depresivas. Durante mucho tiempo, la fenelzina le mantuvo estable, pero los efectos secundarios (disquinesias faciales, inhibición sexual, sobrepeso, pérdida de reflejos) le hicieron abandonar la medicación. Al poco de interrumpir el tratamiento, la depresión regresó con toda su ferocidad. Se ensayaron nuevos tratamientos, sin conseguir una remisión. Finalmente, venció la tristeza, sembrando la consternación entre sus amigos y familiares, que contemplaron su muerte con una mezcla de estupor, rabia y fatalismo. Franzen, Zadie Smith y Don DeLillo hablaron en un homenaje póstumo, lamentando la pérdida del cronista esencial de la posmodernidad.

En España, la bipolaridad ha afectado a figuras como José Agustín Goytisolo, Pedro Casariego, Leopoldo María Panero, Luis Martín Santos y Juan Ramón Jiménez. Es difícil establecer un diagnóstico en el caso de Juan Ramón, pero su ansiedad generalizada, su hipocondría, su tendencia al aislamiento, sus brotes de emotividad, sus crisis depresivas y su obsesión por la muerte, inducen a pensar que la bipolaridad es una explicación posible de un carácter difícil y propenso al conflicto. Luis Cernuda le dedicó unas palabras poco compasivas, acusándole de ser una especie de Mr. Hyde, pero Cernuda no parece el más indicado para hablar de equilibrio y voluntad de conciliación. En la época de Juan Ramón, no se hablaba de bipolaridad, sino de neurosis, pero yo me atrevería a afirmar que su neurosis hoy se diagnosticaría como trastorno bipolar, sin excluir otras patologías concomitantes. Pedro Casariego, escritor, poeta y pintor, hermano de Martín y Nicolás Casariego, escogió el 8 de enero de 1993 para arrojarse a las vías del tren en la estación de Aravaca. Dos días antes había considerado concluida su obra gráfica y literaria al finalizar Pernambuco, el elefante blanco, un cuento concebido como un regalo para su hija Julieta. “Mordido por un tren hambriento”, dejó el recuerdo de “un artista misterioso, intrigante, insólito”, según Ángel González. Su padre, el poeta Pedro Casariego H. Vaquero, le describió como “un raro, con virtudes poderosas, como la honestidad, el estoicismo, la austeridad y la clarividencia”. Creo necesario mencionar que, según Juan Ramón, “el poeta no es un filósofo, sino un clarividente”.



Leopoldo María Panero


Leopoldo María Panero es el loco egregio de nuestras letras, que nunca ha ocultado su desorden interior.
Nacido en Madrid en 1948, sufrió la primera hospitalización psiquiátrica en 1970. Más adelante, ingresaría por propia voluntad en las unidades de psiquiatría de Mondragón y Las Palmas de Gran Canaria. Maldito, provocador, iconoclasta, incrédulo, aficionado al alcohol y enamorado de la heroína durante una década, su poesía brota de un desafío permanente a la razón, que no acepta las reglas del pensamiento lógico aplicadas al lenguaje, la vida o la moral. Su clarividencia convive con su progresiva desintegración personal. Aunque los médicos diagnostican esquizofrenia, no puede descartarse un trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar. A fin de cuentas, las últimas investigaciones sostienen que el trastorno bipolar y la esquizofrenia proceden de una causa común: una expresión defectuosa de los genes encargados de la producción de mielina en el sistema nervioso central.



Alejandra Pizarnik


En el ámbito de las letras hispanoamericanas, podríamos citar a Alejandra Pizarnik, que paralizó su corazón con 50 pastillas de secobarbital, uno de los barbitúricos empleados por Marilyn Monroe en su “probable suicidio”. Se cree que Pizarnik sufría Trastorno Límite de la Personalidad, una alteración psicológica que incluye inestabilidad afectiva, sentimientos de vacío e inutilidad, parasuicidios (autolesiones), irascibilidad. El diagnóstico diferencial atribuye a cada patología unos rasgos propios, pero reconoce que algunas enfermedades mentales pueden concurrir conjuntamente y admite que el Trastorno Límite de la Personalidad puede interpretarse como el umbral de la bipolaridad. Pizarnik escribió: “Siniestro delirio amar una sombra./La sombra no muere./Y mi amor/sólo abraza lo que fluye/como lava del infierno”. No es una mala descripción del tormento interior de los bipolares. Ni la esquizofrenia ni el trastorno bipolar se caracterizan por una doble personalidad que sólo existe en las ficciones cinematográficas.



Hermann Hesse


¿Se puede convivir con el trastorno bipolar? Faulkner, Tennessee Williams, Twain, Tolstoi, Dickens, Hermann Hesse, Gorki, Schubert, Beethoven, Stevenson o Balzac lo consiguieron, no sin pagar un notable tributo de sufrimiento. Van Gogh, Schumann, Kurt Cobain, Cesare Pavese o Pier Angeli no fueron tan afortunados. Un brote de manía es como un rompehielos que embiste contra el cerebro. Durante largas noches de insomnio, las ideas crepitan como un bosque en llamas. La depresión es un atardecer interminable. Sientes que las horas no existen, que deambulas por un vacío perfecto. La muerte no es una intrusa. Es un pequeño claro donde te reencuentras con el paraíso.

No hago literatura. Convivo con esta enfermedad desde 1996 y conozco todos sus estadios. En ese tiempo, he logrado desarrollar una actividad razonable como crítico literario y docente. Mi hermano Juan Luis no tuvo tanta suerte. Se suicidó en 1982. ¿Hay alguna relación entre el trastorno bipolar y la creatividad? La manía imprime un ritmo vertiginoso al cerebro, favoreciendo la aparición de ideas y asociaciones, algunas completamente irracionales, pero que en el terreno de la poesía son verdaderas fulguraciones.

No es nada extraño que Van Gogh creara cerca de 900 obras en diez años, con interrupciones provocadas por las crisis depresivas. ¿Significa eso que el sufrimiento es el precio del arte? ¿Se equivocaba Nietzsche al afirmar que “el dolor nos hace profundos”? ¿Tenía razón Hölderlin cuando aseguraba que “sólo merecen el nombre de arte las obras capaces de expresar la experiencia del dolor”? La vida no comercia con transacciones de esta naturaleza. Nadie escoge el dolor, pero el artista bipolar, cercado por la inestabilidad, la desolación y la muerte, nos hace pensar que algunos hombres nacen -a su pesar- con un destino.



Programa TV La otra aventura: LA LOCURA EN LOS ESCRITORES








Extraído de: A

La Medea del Ajusco






Elvira Luz Cruz



“Un caso extremo: una mujer de veintiséis años de edad, Elvira Luz Cruz, abandonada por su amasio, debilitada por la subalimentación y la ignorancia, sin dinero para comida y sin apoyo alguno, mata a sus cuatro hijos e intenta suicidarse acto seguido. Los vecinos, ajenos por completo a su desesperación y abandono, la salvan y la entregan a las autoridades. Apresada por la dependencia extrema del macho ausente, incapacitada para alimentar a sus hijos, Elvira Luz Cruz opta por la extinción. No hay prepotencia ni antecedentes de crueldad con sus hijos, sólo la noción de que su vida le pertenece incondicionalmente…”

Carlos Monsiváis


Elvira Luz Cruz nació en Milpillas, Michoacán (México) en 1954. Fue maltratada en su infancia por sus padres. La pobreza extrema en la cual vivió le impidieron incluso terminar sus estudios de educación primaria. Siendo adolescente, se fue a la Ciudad de México con su familia. Elvira tuvo un hijo con un sujeto llamado Marcial Caballero, quien la abandonó en cuanto ella quedó embarazada. "A partir de ese momento empecé a trabajar como sirvienta, hasta que se cruzó en mi camino Nicolás, que prestaba sus servicios en una obra como albañil", declararía. Años después, se fue a vivir con Nicolás Soto Cruz y juntos invadieron un lote baldío, terreno ajeno, donde construyeron una casa con tablas y láminas de asbesto. Él soñaba con convertirse en cantante y pasaba el tiempo tocando la guitarra y componiendo canciones.




Escena de la obra teatral "La Fiera del Ajusco"



Nicolás también ejercía la violencia en su contra. Inclusive la golpeaba estando embarazada y en una ocasión trató de estrangularla con un cordón de cortina. Elvira trabajaba mientras estaba embarazada, lo cual motivaba que su esposo dudara sobre la paternidad de los niños. El hijo mayor, Eduardo, permaneció en casa de su abuela materna durante años, para impedir que Elvira intentara irse, ya que era muy útil para realizar las labores domésticas, tanto en su casa como en la de su suegra. Ella o su hijo cobraban el salario que Elvira obtenía. Finalmente, ella perdió el trabajo. Su esposo era alcohólico, y cada noche llegaba a golpear a Elvira; luego abusaba sexualmente de ella y, en ocasiones, también maltrataba a sus hijos. Nicolás procreó un hijo con otra mujer; esto enfureció a Elvira. Discutió con Nicolás, quien se puso violento. Durante una semana, Elvira y su esposo pelearon diariamente. La noche del domingo y el lunes por la mañana estuvieron a punto de llegar a los golpes y Elvira amenazó a su esposo con irse de su casa con sus hijos. Al final, él optó por marcharse y le dijo que iba a dejarla. Pero antes de irse a su trabajo, Nicolás pasó a casa de su madre para informarle lo que pensaba hacer. Le pidió que vigilara a su mujer y se marchó.




Los titulares



La desesperación hizo presa de Elvira, quien se sintió abandonada e impotente, con sus hijos a cuestas, sin trabajo ni dinero, y sin saber qué hacer a continuación. Los hechos ocurrieron a las 10:00 horas en la casa ubicada en la calle de Jacarandas, manzana 13, lote 11, colonia Bosques del Pedregal, en el Ajusco. Primero ahorcó a Israel con un calcetín color azul marino; sorprendió al niño por la espalda. A Eduardo lo ahorcó con un trozo de tela; y a Marbella con un fajero para bebé. Al terminar de matar a los tres, se dirigió hasta donde se encontraba la más pequeña: María de Jesús. Con sus manos le tapó la boca y la nariz hasta asfixiarla. Después intentó suicidarse, ahorcándose con un mecate, usando el cadáver de María de Jesús como peso adicional.







Pero en ese momento llegó su suegra, quien evitó que lograra su objetivo. Elvira estaba inconsciente. La policía llegó un rato después, alertada por los vecinos. Encontraron los cadáveres y a la llorosa mujer. Luego de que elementos de la Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia la detuvieron y presentaron ante Gustavo Salas, el agente del Ministerio Público de Tlalpan, Elvira Luz Cruz fue enviada al sector central para iniciar las investigaciones correspondientes. Declaró ante el entonces director de la Policía Judicial del Distrito Federal, el controvertido capitán Jesús Miyazawa Alvarez.








“No soporto verlos llorar. Los maté porque no tenía qué darles de comer. Estoy arrepentida de lo que hice, pero al verlos llorar de hambre y no tener dinero para comprarles alimento, me desesperaron y por eso tomé la determinación de matarlos. Lamentablemente no me fui con ellos. Mis hijos lloraban. Me pedían de comer. Me sentí desesperada y decidí terminar con su vida”
, declaró. Dijo que su vida había sido de sufrimiento en el aspecto económico y que su esposo era “muy mujeriego", que algunas veces le daba dinero y otras no, y que ella tenía que conseguir entre los vecinos dinero o comida para darles alimento a sus hijos. Dijo que ya nadie le quería prestar dinero, porque algunas veces pagaba y otras no.







Elvira Luz Cruz ingresó al reclusorio, sujeta a proceso penal por homicidio calificado, el 12 de agosto de 1982. Tenía entonces 28 años de edad. En prisión, desvariaba hablando sobre Dios y el Diablo. Las irregularidades en el proceso penal y la vida de miseria que había padecido, despertaron la simpatía de la opinión pública por la asesina a quien los medios de comunicación bautizaron como “La Fiera del Ajusco”. Inclusive, diversas asociaciones políticas y feministas le manifestaron su apoyo y solicitaron la absolución.





Elvira Luz Cruz tras su arresto



Organizaciones feministas se solidarizaron con la asesina al considerarla "víctima de un sistema social que no ofrece la infraestructura adecuada para que las mujeres, sobre todo las pobres, ejerzan una maternidad humana y digna". La antropóloga social Yanina Ávila declaró que Elvira Luz Cruz se vio acorralada por las actitudes violentas de su marido y su suegra. "Esta mujer cayó en la paradoja de matar a sus hijos para protegerlos de una familia enferma. El caso demuestra que el amor materno no es natural, como afirma la cultura judeocristiana (Alguna vez hubo) sociedades que practicaban el filicidio como una medida de protección: se abandonaba a los hijos en momentos de escasez de víveres para permitir la subsistencia de la comunidad en su conjunto".






Pero la Juez 30 de lo Penal, Cristina Mora Palacios, basó la sentencia primordialmente en la confesión de Elvira y en los testimonios de su esposo, Nicolás Soto Cruz, su hermana Carmela y la madre de ambos, Eduarda Cruz Cortés.


A principios de enero de 1984 fue sentenciada a 23 años de prisión. Sus abogados apelaron y una sala del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal resolvió el 28 de septiembre de ese año, incrementar la penalidad a 28 años. Se recurrió entonces al amparo de la justicia federal.




Escena del film "Los motivos de Luz"



Elvira cambió su historia y dijo que se había emborrachado y al despertar, se dio cuenta de que sus hijos estaban muertos, por lo cual quiso suicidarse. Responsabilizó a su esposo y a su suegra. Pero su historia no era creíble. Años después, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda escribió y montó la obra teatral La Fiera del Ajusco. Cuando ingresó a la cárcel, Elvira contaba solamente con el primer año de educación primaria. En prisión terminó la primaria, la secundaria y el bachillerato. También concluyó los estudios de mecanografía, costura y un curso de inglés. Su caso motivó la realización del documental Elvira Luz Cruz: Pena Máxima por parte del Centro de Capacitación Cinematográfica, dirigido por Ana Diez Díaz.




Ana Diez Díaz, directora del documental "Elvira Luz Cruz, pena máxima"



En 1986, el director de cine Felipe Cazals, junto con Producciones Chimalistac, realizaron el filme Los motivos de Luz; ella decidió no volver a dar entrevistas a la prensa. El abogado Efraín Garza, por instrucciones de EIvira Luz Cruz, inclusive demandó a la productora cinematográfica Chimalistac por difamación y calumnia.



Felipe Cazals, director del fim "Los Motivos de Luz"



Elvira Luz Cruz estuvo encerrada 10 años y 11 meses por la acusación de haber asesinado a sus cuatro hijos menores de edad. Salió bajo tratamiento de preliberación del Centro Femenil de Readaptación Social de Tepepan, Xochimilco, en 1993.







LIBRO






OBRA DE TEATRO





TÍTULO ORIGINAL
La Fiera del Ajusco
DIRECTOR Marta Luna
ESCRITOR Víctor Hugo Rascón Banda
TEATRO Santa Catarina de la Ciudad de México
FECHA DE ESTRENO 1985



DOCUMENTAL


TÍTULO ORIGINAL Elvira Luz Cruz, pena máxima
DIRECCIÓN Dana Rotberg y Ana Diez Díaz
PAÍS México
AÑO 1985
FOTOGRAFÍA Eduardo Herrera
EDICIÓN Dana Rotberg y Ana Diez
PRODUCCIÓN Dana Rotberg y Ana Diez Díaz
DURACIÓN 46 mins
SINOPSIS Documental que recoge testimonios de las personas allegadas a los protagonistas de este famoso caso de nota roja, incluyendo vecinos, familiares, una psicóloga, y la abogada defensora. La película resalta una serie de contradicciones que hacen dudar de la validez de la sentencia. Ganador de Ariel y Diosa de Plata al Mejor Documental.



PELÍCULA





TÍTULO ORIGINAL Los motivos de Luz
AÑO 1985
DURACIÓN 96 min.
PAÍS [México]
DIRECTOR Felipe Cazals
GUIÓN Xavier Robles
FOTOGRAFÍA Ángel Goded
REPARTO Patricia Reyes Spíndola, Alonso Echánove, Ana Ofelia Murguía, Delia Casanova, Marta Aura, Carlota Villagrán
PRODUCTORA Chimalistac Postproducción, S. A.
GÉNERO Drama | Drama social
SINOPSIS Luz está en la cárcel, acusada de haber asesinado a sus hijos. El marido y la suegra aseguran que ella los mató premeditadamente. La doctora Rebollar pretende ayudar a la mujer, pero ésta no recuerda nada y piensa que la cárcel es el purgatorio: una etapa previa para llegar al cielo. (FILMAFFINITY)

Lugar dentro de las 100 mejores películas del cine mexicano: 76

COMENTARIO:

El filme de Felipe Cazals arranca su historia de las páginas de la nota roja cotidiana y construye un retrato de la miseria urbana. Criticado por alterar los hechos reales y presentar a Luz como posible culpable, Cazals se desvía de la mera anécdota policíaca para internarse en el paisaje psicológico de la pobreza.

El caso de Elvira Luz Cruz -la Medea del Ajusco- conmovió a la opinión pública de la ciudad de México en 1982. Su proceso judicial fue un compendio de anomalías: los testimonios eran contradictorios, la juez que sentenció a Luz estaba embarazada y por lo tanto podía estar prejuiciada, los medios de comunicación intervinieron en el caso.

Lo que quedó al final fue una gran incógnita. Elvira Luz Cruz fue sentenciada a 28 años de prisión a pesar de que muchas pruebas apuntaban a la culpabilidad del marido y la suegra. Para muchos, Elvira Luz fue encarcelada por ser pobre, analfabeta y mujer.

Los motivos de Luz altera la realidad para internarse dentro de un personaje hermético y tratar de hallar los motivos a los que hace referencia el título. Al final no lo logra -Luz pertenece a una realidad incomprensible para la sociedad urbana.

En cambio, el filme recrea magistralmente el submundo que rodea a Luz. La madre de Sebastián es la síntesis del chantaje sentimental, de la madrecita mexicana llevada al extremo. Nunca antes el cine mexicano había dibujado tan ferozmente a nuestro arquetipo más sagrado.

Sebastián mismo es un personaje inolvidable. El es el macho romántico, enamoradizo, violento, devoto de su madrecita y de su guitarra. Es un Pedro Infante o un Javier Solís, formado por todos los rasgos típicos que nuestra cultura nacional ha creado para estos personajes.

En cambio, Luz es un personaje único, imposible de definir, de juzgar, de entender. Sus propias defensoras terminan por darle la vuelta ante la imposibilidad de penetrar en su interior. Moralmente ambigua, Luz no puede ser juzgada en este mundo de buenos y malos.

Afirmar que Los motivos de Luz es un gran retrato psicológico del mexicano sería atribuirle al cine una responsabilidad que no es suya. Sin embargo, el filme puede verse como un viaje por el mundo de la pobreza: una realidad que no podemos juzgar desde la cómoda perspectiva de una sala cinematográfica.






Extraído de: A

El Carnicero de Hannover



Entre las espeluznantes crónicas del crimen a lo largo de los tiempos, la bestialidad del Carnicero de Hannover ocupa una plaza destacada. Este fue el nombre con el que es mejor conocido el señor Friedrich Haarmann ("Fritz", para los amigos), quien vivió entre 1879 y 1925, y a quien se le comprobaron 24 víctimas.



El modus operandi de Fritz Haarmann no puede ser descrito de otra manera sino como enfermizo. Era homosexual, y buscaba a sus víctimas entre los jóvenes masculinos, fueran prostitutos o vagabundos. Luego los llevaba a su apartamento, y mientras los sodomizaba, les rajaba el cuello con un cuchillo. Luego, según se dice, vendía la carne en el mercado negro, sin despertar demasiadas sospechas, porque sus crímenes principiaron en 1919, después de la Primera Guerra Mundial, y con una Alemania literalmente hundida en ruinas y sumida en una pavorosa escasez, nadie hacía demasiadas preguntas por la procedencia de la comida. En cuanto a las ropas y pertenencias de las víctimas, se las pasaba a un tal Hans Grans, quien se las arreglaba para venderlas a bajo precio por ahí.

El juicio de Friedrich Haarmann fue enormemente mediático para la Alemania de su tiempo. Antes de su ejecución, firmó una carta de confesión, en la que exculpó de toda responsabilidad a Hans Grans. Quizás esto puede haberle evitado la guillotina, pero aún así, Hans Grans acabó en prisión. En cuanto a Haarmann, acabó guillotinado el 15 de Abril de 1925.





Fritz Haarmann tuvo una niñez tormentosa, constantemente era humillado y vejado por sus padres, su papá era fogonero en el ferrocarril alemán pero lo abandonó cuando su esposa recibió una herencia lo suficientemente grande como para mantener a una familia de con seis hijos.

Nació en Alemania en 1879, su madre lo protegía y consentía, y por lo tanto tenia un carácter caprichoso y disconforme, con un amor enfermizo hacia ella. Desde temprana edad demostró inclinaciones sexuales hacia su mismo sexo. Habitualmente jugaba con muñecas y esta actitud enfurecía a su padre quien lo azotaba despiadadamente. Cuando cumple 16 años, su padre, como último recurso para reformarlo, lo envía a la escuela militar (esto gestó en Fritz una ira hacia su padre para toda la vida), pero la abandonó luego de sufrir un desmayo y convulsiones en un desfile militar, un años mas tarde tuvo su primer encuentro con las fuerzas policiales, cuando fue acusado de violar a un niño, lo enviaron a un sanatorio mental donde luego de seis meses escaparía.

Se enroló en el ejército en 1903 y al terminar su servicio militar comienza su carrera delictiva y se unió a una banda de contrabandistas, constantemente entraba y salía de prisión, se le acusó entre otros de abusos a menores (pone de manifiesto su homosexualidad), robo, contrabando etc.

Para cuando comenzó la primera guerra mundial, Haarmann se hallaba encarcelado y fue liberado en 1918 justo cuando la guerra había terminado y Alemania se hallaba hundida en la miseria y la confusión, Hannover se había convertido en una ciudad llena de estafadores ladrones y asesinos, Haarmann como muchos otros comenzó a frecuentar la estación central del ferrocarril, allí concurría mucha gente pues por una pequeña suma de dinero se podía conseguir cualquier cosa y una de ellas era comida.

En la estación del ferrocarril Haarmann comenzó a trabajar como carnicero clandestino donde prosperó, dado que tenía los precios más bajos que el resto de carniceros, y a su ves fungía también como informante de la policía, incluso lo llamaban detective Haarmann.

Haarmann se hizo popular en la estación por sus actos caritativos, pues muchas veces despertaba a chicos vagabundos y los llevaba a su carnicería ofreciéndoles techo y alimento, curiosamente nadie notó que los chicos nunca salieron de la carnicería, todos eran chicos jóvenes.

Se cuenta que una señora acudió a la policía con un trozo de carne comprado a Haarmann quejándose de que parecía humana, el policía le contestó que se considerara afortunada, dado el mal momento de la Alemania de post guerra y no todo el mundo tenía las condiciones para comprar un trozo de carne.

Friedel Rothe un chico de 17 años que había escapado de su casa se le vio entrar junto con Haarmann en el 27 de Cellarstrasse, al tiempo que su madre lo buscaba para que volviera a casa, un amigo le contó donde lo había visto y de inmediato fueron con la policía a casa de Haarmann, no encontraron a Rothe pero para sorpresa Haarmann fue encontrado cometiendo un acto sexual con un chico, tiempo después en su juicio, Haarmann declararía:


“En ese momento cuando la policía me arrestó, la cabeza del chico Friedel estaba escondida envuelta en papel de periódico detrás del horno. Más tarde la tiré al canal”.


Luego del incidente en su casa, fue enviado a prisión por nueve meses, al salir conoció a Hans Grans (pedófilo y homosexual como él), se convirtieron en amigos cercanos, amantes y socios, continuaron atrayendo chicos y despedazándolos con un fuerte mordisco en la garganta, para después separar la carne de los huesos, vender la carne al mercado y arrojar los huesos sobrantes al río Leine, adicionalmente vendían su ropa en el mercado.

Aunque se corrieron rumores en la ciudad de que se estaba vendiendo carne humana y que Haarmann era sospechoso entre otras cosas por sus precios tan bajos y por que de vez en cuando se le veía transportar cubos llenos de sangre por los pasillos, nadie investigó.

En mayo de 1924 mientras unos chicos jugaban a orillas del Río Leiner se toparon con un cráneo humano, y así día tras día se fueron encontrando cráneos e incluso un saco lleno de huesos, la noticia horrorizó a la ciudad, la gente se reunía a orillas del río para ver a la policía sacar más y más huesos, drenaron parte del río para hacer más fácil la extracción de los huesos y no fueron decepcionados, en un solo día extrajeron cerca de 500 huesos, todos de jóvenes adolecente, de inmediato las sospechas recayeron sobre Haarmann.

Se trajeron policías de otras ciudades para que Haarmann no los reconociera, y no tardaron en capturarlo, lo vieron con un chico de la calle diciendo que había viajado en el tren si boleto, pero el niño lo acusó de abusar sexualmente, de inmediato fue llevado a prisión, al tiempo que registraban su casa.

Tras un extenso interrogatorio Haarmann confesaría haber violado, asesinado y descuartizado cerca de 30 jóvenes, incluso en el juicio cuando se le leyeron la lista de sus victimas Haarmann contestaba “no estoy seguro de ese” se cree que fueron cerca de 40 jóvenes, todos entre 12 y 18 años. Haarmaann declararía:

“mis crímenes no eran para sacar un beneficio con la venta de carne humana, sino que estaba motivado en un momento de frenesí erótico que me conducía a matar para satisfacer mis irrefrenables deseos…”

"Se suele decir que la carne humana se parece a la de cerdo o a la de cordero. Qué va, es más oscura; tampoco se parece a la de caballo. Si alguien lo sabe, ése soy yo, ha pasado mucha por mis manos".



El 15 de abril de 1925 fue decapitado. Curiosamente no se le juzgó por la venta de carne humana, los jueces consideraron que con los asesinatos era suficiente para condenarlo. Hans Grans fue declarado culpable de asesinato y sentenciado a cadena perpetua.

El Carnicero temía ser considerado loco y que lo enviaran a una Institución para enfermos mentales y pidió ser condenado a muerte, a pesar de que su abogado trató de justificar su accionar como consecuencia de la infancia traumática que había vivido.

De todo modos, los psiquíatras citados alegaron que el acusado era lúcído y consciente de sus actos. Después de trece audiencias se conoció el veredicto: Hans Grans estaba condenado a una pena de muerte y Friedrich Haarman a veinticuatro penas de muerte. Una vez en prisión y a la espera de la ejecución, se mostró muy nervioso y solicitó el auxilio espiritual de un sacerdote.

Además escribió una carta asumiendo la responsabilidad de todas las muertes, en un intento por salvar a su cómplice que, gracias a esta actitud, logra que su caso sea revisado y en razón de sus veinte años, su pena fue conmutada por doce años de reclusión. El Carnicero de Hannover fue guillotinado el 15 de abril de 1925, su cerebro fue enviado a la Universidad de Goettin para su estudio. Su última voluntad fue pedir el siguiente epitafio para su tumba: Aquí yace El Exterminador. Este deseo no fue cumplido y la azarosa vida de Haarman inspiró la película Tenderness of the Wolves, de 1974.


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