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Chilanga banda




A mediados de los años 90, el grupo mexicano Café Tacuba popularizó la canción llamada Chilanga banda del compositor Jaime López. Su relevancia, desde el punto de vista lingüístico, es la gran carga de palabras de uso coloquial que contiene; quizá no muy del agrado de los amantes del buen hablar, pero sin duda, de amplio uso por grandes sectores de la población mexicana. El primer párrafo dice así:

Ya Chole chango chilango,

qué chafa chamba te chutas,

no checa andar de tacuche,

y chale con la charola.


http://galloworld.com/cafetacvba/Pelicula-chilanga.jpg



Pues bien, vamos a ver qué sorpresas nos depara esta sarta de mexicanismos:

Ya Chole: “¡Ya chocas!” Expresión usada para echar en cara a alguien que su actitud o sus palabras ya son causa de fastidio. Por supuesto que a nadie le gusta que le digan sus verdades y, no pocas veces, esto debió ser detonante de serios conflictos. A fines del siglo XIX, en el lenguaje popular se acuñó la frase “Ya Chole vendió su rancho”, que en las primeras cinco letras mantiene la dureza del mensaje, pero luego, se suaviza con las noticias de lo que Chole hizo con sus bienes raíces. Al paso del tiempo, la ley del mínimo esfuerzo ha hecho que ya a nadie le importe el destino del rancho y hoy sólo se dice: “Ya Chole” para, con sutileza, hacer saber a alguien que “¡Ya fastidió!”.

Chango: Según el investigador cubano Fernando Ortíz, esta palabra fue traída a América por los esclavos africanos. En lengua del Congo, encierra el concepto de “burla, broma, trampa”; por eso a los simios, por su personalidad traviesa, los llamamos changos. En el habla popular, por una injusta comparación (para los simios), una chango es también un individuo. En la canción, un chango chilango (individuo capitalino) decidió meterse a trabajar de policía.

Chilango: Gentilicio que popularmente se da a los habitantes de la capital de México (Todo un tema que se desarrolla en el artículo completo)

Chafa: Lo de poca o nula calidad, de poco valor. En España, en el siglo XV, un chafallo era un remiendo mal hecho y un chafallón el que los hacía. La palabra extendió su significado a cualquier cosa mal arreglada. Partiendo de esta palabra, desde los primeros años de la época colonial, en Sudamérica se acuñó la palabra chafallonía, que depués se dijo chafalonía para referirse al oro y plata de baja ley. Con el tiempo, chafalonía pasó a nombrar las alhajas de poca valía que los estafadores usaban para engañar a los incautos. Así, la palabra pasó al lenguaje popular en donde sufrió una contracción y se dijo “chafa“, además amplió su significado y hoy la usamos par referirnos a: ´cualquier cosa de poco valor´.

Chamba: En portugués, esta palabra significa ´oportunidad´. Con ese mismo significado pasó al castellano desde el siglo XVIII y en México, tomó el sentido de “trabajo de oportunidad” generalmente temporal y mal pagado.

Chutas: Deriva del inglés shoot, que significa ´disparar´. Se usa en futbol cuando chutas el balón. En la canción se entiende como “que chafa chamba te avientas”.

Andar de tacuche: Es andar trajeado, muy bien vestido; en purépecha, tacuche significa ´envoltorio de trapos´; así que es una aplicación irónica de la palabra.

¡Chale!: Expresión para demostrar asombro. De los españoles aprendimos la soez expresión ¡Pucha!; a la que le dimos el mismo tratamiento del “¡Órale! o ¡Híjole!””, entonces se dijo ¡Púchale! Después eliminamos la “P” y quedó ¡Úchale!; y al quiitar la “U” resultó “¡Chale!”.

Charola: Los chinos fabricaban un barníz brillante al que llamaban “chat-liao”, los portugueses lo comercializaron en el Nuevo Mundo con el nombre de “charao” y en castellano lo conocimos como “charol”. La palabra se asoció con “brillo” y por eso a las bandejas brillosas, las llamamos charolas. En la canción, se refiere a la placa de policía, que bien parece una “charolita” .

¡Chale! Ya se hizo muy larga esta cápsula de lengua, mejor ahí le corto antes de que digan … “ya chole vendió su rancho”.











Extraído de: A

Cuando todo parezca perdido, use la imaginación





Cuando todo parezca perdido, use la imaginación … Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.



Horca

En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso desde el primer momento se procuro un chivo expiatorio para encubrir al culpable. El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas posibilidades de escapar al terrible veredicto ….¡la horca!

El Juez también complotado cuidó, no obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo y, por ello, dijo al acusado: “Conociendo tu fama de hombre justo vamos a dejar en manos de la justicia universal tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras “culpable” e “inocente”, tu escogerás y será la mano justiciera la que decida tu destino.”

Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda “CULPABLE” y la pobre victima aun sin conocer los detalles se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.

El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Este respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente:
- ¿Pero que ha hecho?
- ¿Y ahora cómo vamos a saber el veredicto?

- Es muy sencillo, respondió el hombre
- Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué.

Con rezongos y bronca mal disimulada debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.




Extraído de: http://sloyu.com/blog/2012/02/cuando-todo-parezca-perdido-use-la-imaginacion/

Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos



Publicado por Arturo Ortega Morán


¡Qué difícil es ir por la vida con tranquilidad! Apenas nuestras acciones marcan huella y, como perros, no faltan adversarios que con fuertes ladridos tratan de persuadirnos de que nos detengamos. Cuando esto sucede, a manera de conjuro para contrarrestar la agresión, solemos repetir la frase atribuida al Quijote: Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”.



El hecho es que, la susodicha frase, no aparece en ninguna parte de la magna obra de Cervantes. Como a muchas otras, se le ha adjudicado una paternidad equivocada. Pero, entonces ¿cuál es su origen?

Los perros que ladran a los caminantes, como metáfora de los gritos desprestigiantes que tratan de detener a alguien que avanza pisando fuerte, es de muy antiguo. A principios del siglo XVI, el escritor italiano Andrea Alciato (1492-1550), publicó una colección de epigramas en su obra Emblematum Liber, uno de ellos, el No. 163; se llama Inannis Ímpetu (ímpetu vano), del que me permití hacer una traducción:


Lunarem noctu, ut speculum, canis inspicit orbem, Seque videns, alium credit inesse canem,

Et latrat: sed frustra agitur vox irrita ventis,

Et peragit cursus surda Diana suos.

Para el perro, es la luna un gran espejo; Ve su reflejo creyéndolo otro perro,

Vanos ladridos ahogados por el viento.

La luna sorda, prosigue su camino


La misma idea, la encontramos en un texto extraído de un ejemplar del Semanario de Salamanca, publicado el 30 de agosto de 1794:

“Y sufriré desprecios de tontos, que son lo mismo que ladridos de gozquecillos (perros falderos) contra los mastines; y así como estos no hacen caso de aquellos, lo mismo tendré que hacer con los de igual casta”.

En los ejemplos citados, se habla de un “caminante” seguro de sí mismo, que no se detiene e ignora a los perros, que frustrados ven lo vano de sus ladridos. Es el gran Goethe, quien da un nuevo matiz a la metáfora. En 1808, escribe un poema en el que los ladridos de los perros, son señal, para un inseguro caminante, de que aún sigue en el camino.


Kläffer (1808) Goethe

Wir reiten in die Kreuz und Quer
Nach Freuden und Geschäften;
Doch immer kläfft es hinterher
Und bellt aus allen Kräften.
So will der Spitz aus unserm Stall
Uns immerfort begleiten,
Und seines Bellens lauter Schall
Beweist nur, daß wir reiten.

Ladrador (1808) Goethe: (En la traducción, agradezco la colaboración de Roberto Gómez Junco Jr.) Cabalgamos por el mundo

En busca de fortuna y de placeres

Mas siempre atrás nos ladran,

Ladran con fuerza…

Quisieran los perros del potrero

Por siempre acompañarnos

Pero sus estridentes ladridos

Sólo son señal de que cabalgamos


Es sin duda este poema, del que surge la frase “Ladran, señal de que cabalgamos”; ya que en los primeros usos, es atribuida a Goethe. En español, la referencia más antigua conocida se encuentra en la edición de agosto de 1903 de la Revista “Nuestro Tiempo”; en el artículo “Los dos catolicismos”, de Edmundo González Blanco, dice:

“El perro, empleando la comparación de Goethe, quisiera acompañarnos desde el establo; pero el eco de sus ladridos nos prueba que cabalgamos”.

Ahora que, hay que decir que la referencia más antigua que he encontrado, está en inglés: En Godey´s magazine, 1868, pag. 275; en artículo de Louis Antoine Godey y Sarah Josepha Buell Hale, dice:

Goethe never said a truer thing than, ‘ When the dogs bark we know we are riding on horseback”. (Goethe nunca dijo algo más verdadero que: “Cuando los perros ladran, sabemos que cabalgamos”).

También, en The military career: a guide to young officers, army candidates and parents‎, escrita por Sir William Bellairs, en 1889; dice:

As Goethe tell us: “When dogs bark, it is a proof you ride” (Como Goethe nos dice: “Cuando los perros ladran, es la prueba de que cabalgamos)

Ya que nos metimos a la lengua inglesa, es de mucho interés que en Proverbs of all nations‎, escrita en 1859 por Walter Keating Kelly; se cita un proverbio de origen turco de una inquietante similitud con el tema de este artículo:

” The dog barks, but the caravan passes”. (Los perros ladran, pero la caravana avanza).

Lo cierto es que, es Goethe quien expresa que ”los ladridos son señas de que se avanza”, mientras que en otras referencias, la idea es que “se avanza a pesar de los ladridos” ¿Se ve la diferencia?

Pero ¿En qué momento se coló Sancho en la expresión? Difícil saberlo, aunque todo indica que fue en la primera mitad del siglo XX; alguien supuso que la frase era del Quijote y le agregó el Sancho, con mucha fortuna por cierto, porque el error se propagó exponencialmente. No sabemos quién fue el despistado, pero en un artículo de 1945 (Por una Política Nacional de la energía eléctrica), el autor, Juan Sabato, usa la frase en el prólogo con el Sancho ya incluido.

En fin, quedémonos con que en la frase “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos, el Sancho sale sobrando, como debe de ser (los mexicanos me entienden). Demos la paternidad de la expresión al gran Goethe… que bien se lo merece.





Extraído de: A

Las paredes oyen





Publicado por
Arturo Ortega Morán



¡Qué difícil es guardar un secreto! Basta contárselo a alguien para que en poco tiempo, sea del dominio público. De nada sirve un “pero no se lo digas a nadie…”, porque todos tenemos por lo menos a un confidente con el que nos urge saborear lo recién sabido. Y así, de confidente en confidente…

Otro tipo de depredadores de los secretos, son los espías. Los hay por afición y también por profesión, pero siempre han existido y como buenos cazadores, en cuanto obtienen una presa se apuran para que los demás se enteren.

Estas circunstancias han dado origen a la expresión “las paredes oyen”, con la que se advierte de lo vulnerable que son los secretos y que ninguna precaución sobra para mantenerlos a salvo.

La historia que se cuenta

Una historia muy difundida es que la locución tuvo origen en Francia, en la segunda mitad del siglo XVI, tiempo en que luchas religiosas asolaron a este país. Catalina de Médicis y el duque de Guisa, instigaron a los católicos a llevar a cabo una matanza de hugonotes (los seguidores de Calvino), esto ocurrió la noche del 24 de agosto de 1572; trágico suceso que la historia recuerda como La noche de los cuchillos largos.

Por el ambiente de intrigas palaciegas que se vivía, se cuenta que la reina Catalina mandó construir en las paredes de su palacio, conductos acústicos secretos para oír lo que se hablaba en las distintas habitaciones, y así, poder enterarse de cualquier conspiración en su contra. De ahí nacería decir que las paredes oyen.

Por mucho tiempo, esta historia se ha tenido por cierta y se ha contado a lo largo y ancho del mundo hispano. No obstante, yo no estoy de acuerdo… la reina Catalina vivió entre 1519 y 1589; y ya en 1438 , Alfonso Martínez de Toledo escribió la obra “Arcipreste de Talavera (Corbacho)”, donde en una parte, en castellano de la época, se lee:

Guarda tu lengua e non quieras mucho fablar, en público nin en secreto, de tu menor, ygual, e mayor, e espeçialmente de tu señor o rrey, que por secreto que tú el mal dixeres, guárdate que non pase alguna ave por el ayre bolando, que la lleve las nuevas. Por tanto se dize: Guarda qué dizes; que las paredes a las oras (palabras) oyen e orejas tienen.

Aparte de los buenos consejos que nos da Martínez de Toledo, nos hace saber que imaginarse a las paredes con orejas, es de muy antiguo, muchos años antes de que Doña Catalina apareciera en este mundo. Creo que no erramos al decir que el verdadero origen de la expresión las paredes oyen, está en que, desde siempre, a los humanos nos ha encantado el chisme.

“Dios ha muerto”




Aunque el primero en formular la frase “Dios ha muerto” (Gott ist tot en alemán) fue Hegel en su obra “La Fenomenología del Espíritu”, esta expresión cobró su actual sentido e importancia gracias a la forma que le dio el filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900).

La idea que intentó expresar Nietzsche con esta frase no es que Dios como realidad haya dejado de existir, esto sería un evidente contrasentido; lo que se quiere significar con esta idea es que el concepto de Dios como sustentador del orden ontológico y ético del mundo se ha desmoronado. La ciencia y la crítica filosófica desde, al menos, los averroístas latinos han socavado los fundamentos de lo real: el hombre y el mundo han quedado paulatinamente descentralizados y Dios convertido en, citando a Laplace, una “hipótesis innecesaria”.

Esto que genera una lógica liberación del sujeto otrora constreñido por el Dios padre omnipotente y siempre vigilante, también da lugar al nihilismo y la desesperanza. El suelo en donde creíamos tan bien asentadas nuestras íntimas verdades se ha venido abajo... y nosotros con él. Ya el escritor eslavo Dostoievski se percató de las consecuencias éticas de la desaparición de Dios cuando en su obra “Los hermanos Karamazov” plasmó su famosa frase: “Si Dios no existe, todo está permitido; y si todo está permitido la vida es imposible”. La misma conclusión sacará Nietzsche pero asumiendo la necesidad de hacer posible una vida sin Dios, la radical necesidad de crear unos nuevos valores no sustentados en un Dios odiador de la vida.

Curiosamente tanto desde posturas teistas como ateas se lanzan críticas a la idea nietzscheana que explico hoy. Para los creyentes Dios no ha muerto o, mejor dicho, solo ha muerto para la masa social, el rebaño consumista, mientras que ellos siguen viviendo a la sombra de su Dios y al amparo de firmes principios éticos dictados por Su Santidad, el pastor, el gurú o el imán de turno. Desde posturas ateas, sin comprender la radicalidad del pensamiento del alemán, achacan a Nietzsche que considerase que la ética estaba indisolublemente unida a Dios, cuando millones de ateos o agnósticos pueden tener y de hecho generalmente tienen unos principios morales igual de firmes y válidos que los que creen en Dios.

Creo que los teistas adoptan intelectualmente una especie de postura fetal, una negación irracional del hecho social e histórico incontrovertible de que Dios ya no es el fuste en el que se apoya el ordenamiento moral de la mayoría de la población en occidente. Los ateos que niegan la relación entre Dios y un orden ético, a mi juicio, no entienden lo que quería decir Nietzsche, quien reconoció que muchos tras la muerte de Dios intentarían que su antiguo trono fuese ocupado por la “Razón”, el “Hombre”, la “Solidaridad Universal o el “Interés Mutuo”. Falsos ídolos con los que intentamos evitar la radical certeza de que sin Dios todo orden moral no es más que unas reglas de juego para la convivencia, pero no un marco de referencia vital; toda valoración sobre el bien y el mal se convierte en cháchara de mercaderes que hablan de felicidad, interés o derechos inalienables pero que no alcanzan a fundar valores profundos, ontológicamente asentados.

La famosa frase de “Nietzsche ha muerto. Dios” que intenta responder al genio alemán, irónicamente toma el concepto “muerte” en un sentido literal que no es el sentido que recoge Nietzsche en la frase que hoy analizamos. Efectivamente Nietzsche murió el 25 de agosto de 1900 en Weimar pero ¿podemos decir que su influjo en la cultura occidental también murió? Al contrario que lo que pasa con el Dios cadáver, metamorfoseado cada vez más en merchandising o folklore turístico, el desfondamiento de todo marco de valoración moral objetivo pregonado por Nietzsche es hoy, más que ayer pero menos que mañana, la agónica verdad ineludible para el hombre de nuestro tiempo.

A continuación el aforismo 125 de “La Gaya Ciencia”, en el que se expresa la idea de la muerte de Dios con todo el poético dramatismo que es capaz la afilada pluma de Nietzsche.


EL LOCO. ¿No has oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: “¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!”. Como precisamente estaban allí reunidos muchos que no creían en dios, sus gritos provocaron enormes risotadas. ¿Es que se te ha perdido?, decía uno. ¿Se ha perdido como un niño pequeño?, decía otro. ¿O se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se habrá embarcado? ¿Habrá emigrado? - así gritaban y reían alborozadamente.

El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. “¿Qué a dónde se ha ido Dios? -exclamó-, se los voy a decir. Lo hemos matado: ¡ustedes y yo! Todos somos su asesino. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos cuando desencadenamos la tierra de su sol? ¿Hacia dónde caminará ahora? ¿Hacia dónde iremos nosotros? ¿Lejos de todos los soles? ¿No nos caemos continuamente? ¿Hacia delante, hacia atrás, hacia los lados, hacia todas partes? ¿Acaso hay todavía un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No nos roza el soplo del espacio vació? ¿No hace más frío? ¿No viene de contiuno la noche y cada vez más noche? ¿No tenemos que encender faroles a mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿No nos llega todavía ningún olor de la putrefacción divina? ¡También los dioses se pudren! ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo podremos consolarnos, asesinos entre los asesinos?

Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos. ¿Quién nos lavará esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué ritos expiatorios, qué juegos sagrados tendremos que inventar? ¿No es la grandeza de este acto demasiado grande para nosotros? ¿No tendremos que volvernos nosotros mismos dioses para parecer dignos de ella? Nunca hubo un acto tan grande y quien nazca después de nosotros formará parte, por mor de ese acto, de una historia más elevada que todas las historias que hubo nunca hasta ahora”

Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y lo miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos y se apagó. “Vengo demasiado pronto -dijo entonces-, todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres. El rayo y el trueno necesitan tiempo, la luz de los astros necesita tiempo, los actos necesitan tiempo, incluso después de realizados, a fin de ser vistos y oídos.

Este acto está todavía más lejos de ellos que las más lejanas estrellas y, sin embargo son ellos los que lo han cometido.” Todavía se cuenta que el loco entró aquel mismo día en varias iglesias y entonó en ellas su Requiem aeternan deo. Una vez conducido al exterior e interpelado contestó siempre esta única frase: “¿Pues, qué son ahora ya estas iglesias, más que las tumbas y panteones de Dios?”.







Extraído de: http://www.lasangredelleonverde.com/index.php?option=com_content&view=article&id=208:qdios-ha-muertoq&catid=39:pildoras-de-filosofia&Itemid=81

Origen de la frase: "Cargar con el muerto"



Según las leyes medievales, cuando en la jurisdicción de una localidad era hallado el cuerpo de alguna persona muerta en circunstancias extrañas, si no era posible determinar la identidad del homicida, el pueblo donde había sido encontrado el cuerpo estaba obligado a pagar una multa llamada homicidium u omecillo.

A causa de esto, y con el fin de eludir el pago de la multa, cuando se hallaba un muerto en las calles, los habitantes del pueblo en cuestión se apresuraban y, de común acuerdo, levantaban el cuerpo y lo trasladaban a alguna localidad vecina, de manera que la responsabilidad del crimen recayera sobre ésta y, en consecuencia, fuera ella la que debiera hacerse responsable de pagar la multa correspondiente.

Con el tiempo, el dicho comenzó a aplicarse -en sentido figurado- como equivalente de la pretensión de descargar sobre otro la culpa por algún delito o falta cometida.

En la actualidad, el dicho cargar con el muerto conserva el mismo valor, aunque suele aplicárselo, preferentemente, para referir a la responsabilidad que le cabe a alguien en el pago de alguna deuda, sobre todo cuando se trata de cuentas impagas o difíciles de saldar, como cuando solemos decir -luego de una reunión de numerosos comensales-: "Y ahora... ¿quién levanta este muerto?


cargar con el muerto






Extraído de: http://fortuny.lacoctelera.net/post/2008/07/17/origen-la-frase-cargar-con-muerto

La Caja de Pandora, historia y significado





Solemos utilizar la frase "abrir la caja de Pandora" cuando queremos decir que que alguno de los actos que realizamos en la vida nos van a traer nuevos males o nuevas desgracias.


La historia de Pandora y su famosa caja se enmarca dentro del mito de Prometeo, que robó el fuego a los dioses para entregarselo a los hombres, según nos cuenta la mitologia griega.

La historia de Pandora es una venganza de Zeus como parte de un castigo a Prometeo por haber revelado a la humanidad el secreto del fuego.






La historia de Pandora es la siguiente:



Por orden de Zeus padre de los dioses, Hefesto dios del fuego, famoso por sus habilidades, formó la estatua de una hermosa doncella. La propia Atenea que, celosa de Prometeo, habíase trocado en su enemiga, echó sobre la imagen una vestidura blanca y reluciente, aplicóle sobre el rostro un velo que la virgen mantenía separado con las manos, coronóla de frescas flores y le ciñó el talle con un cinturón de oro, adornada maravillosamente con policromas figuras de animales. Hermes, el mensajero de los dioses, otorgaría el habla a la bella imagen, y Afrodita le daría todo su encanto amoroso.

De este modo Zeus, bajo la apariencia de un bien, había creado un engañoso mal, al que llamó Pandora, es decir, la omnidotada; pues cada uno de los Inmortales había entregado a la doncella algún nefasto obsequio para los hombres.

Condujo entonces a la virgen a la Tierra, donde los mortales vagaban mezclados con los dioses, y unos y otros se pasmarón ante la figura incomparable. Pero ella se dirigió hacia Epimeteo, el ingenuo hermano de Prometeo, llevándole una caja regalo de Zeus. En vano aquél había advertido a su hermano que nunca aceptase un obsequio venido del olimpico Zeus, para no ocasionar con ello un daño a los hombres; debía de rechazarlo inmediatamente.

Epimeteo, olvidándose de aquellas palabras, acogió gozoso a la hermosa doncella y no se dió cuenta del mal hasta que ya lo tuvo. Pues hasta entonces las familias de los hombres, aconsejadas por su hermano, habían vivido libres del mal, no sujetos a un trabajo gravoso, y exentos de la torturante enfermedad. Pero la mujer llevaba en las manos su regalo, una gran caja provista de una tapadera. Apenas llegada junto a Epimeteo abrió la tapa y en seguida volarón del recipiente innumerables males que se desparramarón por la Tierra con la velocidad del rayo. Oculto en el fondo de la caja habia un único bien: la esperanza; pero, siguiendo el consejo del Padre de los dioses, Pandora dejó caer la cubierta antes de que aquella pudiera echar a volar, encerrándola para siempre en el arca.

Entretanto la desgracia llenaba, bajo todas las formas, tierra, mar y aire. Las enfermedades se deslizaban día y noche por entre los humanos, solapadas y silenciosas pues Zeus no les había dado la voz. Un tropel de fiebres sitiaba la Tierra, y la muerte, antes remisa en sorprender a los hombres, precipitó su paso.

La vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, la plaga, la tristeza, la pobreza, el crimen; todos los males del mundo se habian extendido por la tierra y sólo la esperanza quedó oculta en el fondo del arca.

Enlace


Extraído de: http://www.erroreshistoricos.com/curiosidades-historicas/origen/635-la-caja-de-pandora-historia-y-significado.html

El dicho popular Despedirse a la Francesa



El dicho popular Despedirse a la Francesa, se usa en modo de reproche o para reprobar el comportamiento de alguien que, sin despedida ni saludo alguno, se retira de una reunión.

Origen de Despedirse a la Francesa:

Mientras transcurría el siglo XVIII, entre las personas de la alta sociedad francesa, existía una moda que consistía en retirarse de un lugar en el que se estaba realizando una reunión o velada, sin despedirse, sin siquiera saludar a los anfitriones. Dicho hábito llegó a tal punto, que era considerado un rasgo de mala educación saludar en el momento de la partida.

No se objetaba, por ejemplo, que la persona mirase el reloj para dar a entender las circunstancias por las que ella debía retirarse, pero de ninguna manera se veía con buenos ojos que el asistente saludase antes de ausentarse.

Esta costumbre, en Francia dio origen al dicho sans adieu (sin adiós), que el lenguaje coloquial español acuñó en la forma: "Despedirse a la francesa"

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