Película del "Indio" Fernández inspira el arte en Serbia





'Un día de vida', de Emilio el "Indio" Fernández, la cinta más taquillera en la historia de Yugoslavia, marcó a la artista y poeta serbia Ljubinka Šiba Fimić, quien vio la cinta a los ocho años de edad y la cual fue motivo para un centenar de pinturas. Personajes y música de 'Un día de vida' influyeron en Ljubinka Šiba para crear obras que busca donar y exponer en la casa del cineasta.

Cuando la pintora y poeta serbia Ljubinka Šiba Fimić tenía ocho años de edad, en 1952, una película llegó a su pueblo, Novo Selo, en la entonces Yugoslavia comunista, y su escuela organizó una visita al cine local para verla. Era Un día de vida, de Emilio Indio Fernández. Y esa vez —recuerda la artista—, ella, sus condiscípulos y “toda Yugoslavia” lloraron con ese drama ambientado en la Revolución Mexicana, en el que un general del Ejército de Venustiano Carranza cantaba “Las Mañanitas” como augurio al fusilamiento de un coronel alzado en armas en protesta por el asesinato de Emiliano Zapata.

Aquellas lágrimas se sublimaron en Fimić 63 años después. La retratista del presidente ruso Vladimir Putin y del líder cubano Fidel Castro exhibió en octubre pasado en la capital serbia, Belgrado, un centenar de pinturas inspiradas en aquella cinta, la más taquillera en la historia de toda la Yugoslavia —que se fragmentó en seis repúblicas balcánicas en 1992—, traducida al serbio como Jedan dan života.


La exposición estuvo abierta del 3 al 17 de aquel mes en la galería del Gvarnerius Art Center de Belgrado, fundada por el músico Jovan Kulundzija, y en la inauguración participaron el embajador de México en Serbia, Ramón Xilotl Ramírez, y el director de la Cineteca de Belgrado, Rade Zelenovic.

Ahora Fimić, quien tiene un historial de 47 exposiciones individuales en Yugoslavia, Serbia, Polonia, Rusia, Alemania y Chipre desde 1987, espera exponer este año en México su serie sobre Un día de vida, en el contexto de la conmemoración del 30 aniversario luctuoso del Indio Fernández, muerto el 6 de agosto de 1986 y cuya filmografía suma unas 129 películas, 41 de ellas como director, entre ellas María Candelaria, Salón México y Pueblerina, y el resto como actor y productor en el país y Estados Unidos. También, como parte de la celebración este año de los 70 años de relaciones México-Serbia.

Además, como homenaje al cineasta, la pintora serbia manifestó su disposición a donar a la Casa del Indio Fernández, parte de esa serie, titulada Jedan dan zivota (Un día de vida), como la película de 1950 protagonizada por Columba Domínguez, Roberto Cañedo, Fernando Fernández, Rosaura Revueltas y Eduardo Arozamena. Justo en esa fortaleza de Coyoacán es donde espera este año exponer sus obras.


Fimić habla en entrevista sobre la influencia de ese filme en su vida y país; la banda sonora desató una gran afición por la música mexicana en los Balcanes, vigente, como documentó EL UNIVERSAL (“El Indio Fernández enseñó a cantar rancheras a la ex Yugoslavia”, 26 de octubre de 2015).

“La primera película que vi en mi vida fue a los ocho años y se trató precisamente de 'Un día de vida', de Emilio "Indio" Fernández, cuando mi colegio organizó una visita al cine. Al ver el filme, toda la sala lloró, no sólo en mi pueblo, sino en toda la ex Yugoslavia”, refiere la pintora en la entrevista vía email, con el amable apoyo en la traducción de Milica Lilic, funcionaria de la embajada mexicana en Serbia.
“Para mí, personalmente, y para la cicatriz que llevo desde la infancia, la emoción que 'Un día de vida' despertó en mí, durará hasta mi muerte. La historia que cuenta esa película es el marco de muchos destinos de personas durante la Segunda Guerra Mundial e incluso de algunos contemporáneos. Esas inquietudes bélicas afectaron a Serbia también. En 1944 (ese año Fimić nació, el 7 de mayo) hubo una tragedia en mi familia. Los comunistas partisanos (comandados por el mariscal Josip Broz Tito) fusilaron a mi padre, que entonces era teniente en la Escolta del rey (Pedro II)”, narra la artista serbia.

— ¿A qué atribuye la popularidad de Un día de vida en la ex Yugoslavia?

—Ya hablé de los acontecimientos de antes y después de la guerra. Ahora un dato estadístico: de los 47 millones de víctimas, 2 millones eran yugoslavos, 1.5 millones de ellos, serbios. Por eso el tema de la película representaba un eco del suspiro común por las víctimas de la II Guerra Mundial. Para mí, el filme está relacionado con los resultados de la revolución y la libertad.


La cinta es contada por una insólita mujer cubana liberada y periodista, Belén Martí (Columba Domínguez), que viaja y escribe sobre México en plena Revolución y sorprende a los mexicanos “porque anda sola y sin marido”. Se fecha el 24 de junio de 1919, día de San Juan, dos meses después del asesinato de Emiliano Zapata. El coronel Lucio Reyes (Roberto Cañedo) va a ser fusilado por su amigo, el general Gómez (Fernando Fernández), que le permite como última voluntad ir a festejar el cumpleaños de su madre, Mamá Juanita (Rosaura Revueltas, que ganó un Ariel por su interpretación de esa auténtica Pacha Mama). Un drama que parece una metáfora de la traición de los gobiernos posrevolucionarios y que está dedicado al prócer cubano José Martí por Emilio Fernández.

El personaje favorito de Fimić es Mamá Juanita, porque “lleva toda la fuerza y responsabilidad”. Destaca, además, que para los pueblos de la ex Yugoslavia la canción “Las mañanitas” fue rebautizada como “Mama Huanita”, porque en el filme es cantada por Fernando Fernández a Revueltas, cuyo personaje es el más relevante para la pintora Ljubinka Šiba Fimić y el que más influyó en toda su vida.

—¿Cómo influyó esa película en su vida personal y su actividad artística?

—Tomando en cuenta que soy pintora y poeta, la película causó en mí un despertar y la transformación de mi inquietud a un espíritu creativo, para buscar la manera de expresar la emoción y explicar y curar la cicatriz desde mi infancia. A través de la pintura pueden decirse muchas cosas sin sufrir ningún castigo o represión, lo que era una cosa habitual en aquella Yugoslavia. Y la pintura, al igual que el personaje de Revueltas en la película, refleja dignidad, energía, tristeza, orgullo... Y esa es la inspiración, ¿no? Mamá Juanita pierde todo en su vida: sus hijos, su país, su esposo, pero se mantiene firme. Es el mensaje que junto con la canción (“Las Mañanitas-Mama Huanita”) queda detrás del filme.

—¿Qué le llevó a pintar su serie Jedan dan života?

—Lo que dije antes. Además, los personajes no sólo reflejan energía, dolor y dignidad; también hacen que se admire a un gran creador, un hombre y artista, Emilio Indio Fernández, y a todos los actores de esta gran película, algunos de los cuales ya no están entre nosotros. Que descansen en paz.
Fimić incluyó más de un centenar de pinturas en esa serie, la mayoría en pastel al óleo, inspiradas sólo en sus recuerdos de cuando vio de niña la película mexicana en el cine de Novo Selo. También logró ver en su país otra cinta del Indio, La Perla (basada en la novela de John Steinbeck), que a su juicio, igual refleja “una fuerza inhabitual y tiene un marco social e histórico”. Hoy, dice, las que gozan de una gran popularidad entre los pueblos balcánicos son las telenovelas mexicanas.


La cinta llegó a las pantallas de la ex Yugoslavia de Tito en 1952, dos años después de su estreno en México, donde pasó sin pena ni gloria y fue una de las películas desaparecidas en el incendio de la Cineteca Nacional de 1982.

Sin embargo, en el país socialista tuvo tanto éxito bajo el nombre Jedan dan života, que su proyección no sólo estuvo en cartelera varias semanas, sino que a lo largo de un par de décadas se reestrenó y fue considerada por la prensa yugoslava como la de mayor éxito en 50 años.

Como en varias de sus obras maestras, el Indio Fernández reunió al mejor equipo en Un día de vida, que incluyó grabados de Leopoldo Méndez, diseño de producción de Gunther Gerzso, escenografía de Manuel Fontanals, decoración de Manuel Parra, fotografía de Gabriel Figueroa, edición de Gloria Schoemann y la extraordinaria banda sonora que cautivó a los pueblos de Yugoslavia, a cargo de Antonio Díaz Conde, que incluía las canciones “Amargado de la vida”, “Las Mañanitas”, “Mañanitas tapatías”, “Las olas” (son huasteco), “La Valentina”, “Las golondrinas” y el “Cielito lindo huasteco”, interpretadas por Fernando Fernández (hermano del Indio), Roberto G. Rivera y el Mariachi Pulido.

—¿De qué manera la banda sonora del filme penetró en la cultura de los Balcanes y trascendió?

—En la música dejó una huella grande. Está el Yu-Mex, la interpretación de música mexicana por grupos balcánicos, que no sería posible sin la compatibilidad de nuestras identidades: mexicana y serbia. Además, destacaría que uno de nuestros músicos más conocidos, el violinista Jovan Kulundzija, alumno de Henryk Szeryng, pasó seis meses en México y tocó en Bellas Artes. En su galería Gvarnerius Art Center se llevó a cabo mi exposición, en la que él me expresó sus deseos de dar un concierto en México. Ahí también el director de la Cineteca de Belgrado, Rade Zelenovic, me comentó su interés en acompañarme a México para la eventual exposición de mi serie sobre Un día de vida, que incluiría la proyección del filme (cuya —al parecer— única copia está justamente en la cinemateca serbia, aunque en México puede verse una versión a través de YouTube, pero con subtítulos en serbocroata).



Extraído de: A



Un día de vida (Jedan dan života) Emilio Fernández (1950)




El conflicto entre Stalin y Tito y los resabios artísticos de la Revolución Mexicana; el incendio de 1982 de la Cineteca Nacional de México y una de las películas más vistas en la Yugoslavia comunista; Una película de Emilio «El Indio» Fernández y éxitos en la radio yugoslava. Todos estos elementos parecen lejanos, inconexos y quizá muy ajenos, pero una historia de la cultura popular yugoslava cincuentera y sesentera muestra lo contrario.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los partisanos comunistas yugoslavos comandados por Josip Broz Tito, quien más tarde se convertiría en el presidente más querido que Yugoslavia haya tenido, derrotaron a los nazis y a los fascistas apoyados directamente por el Ejército Rojo. Por la ayuda soviéticoa en la liberación yugoslava, al término de la Guerra, Stalin y Tito resultaron aliados. Después de tres años de terminada la Guerra, en 1948, un conflicto sobre planes económicos casi termina en un conflicto militar. Yugoslavia perdió el apoyo soviético y fue expulsado del Kominform (la organización sucesora de la Internacional Comunista). De hecho, Belgrado, capital de la República Socialista de Serbia y de Yugoslavia, era la sede del Kominform. Después de la querella, la sede se transfirió a Bucarest, la capital de la entonces República Socialista de Rumania.

Josip Broz Tito (Photo by Hulton Archive/Getty Images)


Entre los problemas que la expulsión del Kominform de Yugoslavia provocó, había uno muy específico: ¿Qué películas se proyectarían ahora en las salas de cine yugoslavas? Con la ruptura, la buena cantidad de películas soviéticas que se proyectaban en los cines y la buena cantidad de música rusa que se reproducía en las radios dejó de ser deseable para el gobierno yugoslavo. Había que buscar la respuesta en algún lugar que no fuera parte del Bloque del Este y si no se podía buscar en el Este, tenía que ser en Occidente. Preguntarse qué películas se proyectan, sin embargo, no es una cuestión banal, no es una cuestión de gustos, sino que es una decisión política. Las películas de Hollywood, eventualmente se proyectaban en el período en que se proyectaban las películas soviéticas y se escuchaban canciones rusas (1945–1947).

Sin embargo, el gobierno yugoslavo era muy cuidadoso con la selección de las películas estadounidenses que importaban, ya que evitar la influencia capitalista e imperialista era de importancia capital. Que el capitalismo echara raíces entre la población de la Yugoslavia socialista era probablemente la amenaza más peligrosa. Fue Moša Pijade, un guerrillero comunista serbio, traductor de El Capital al serbocroata y pintor cuando era joven, quien tuvo una idea acorde a las necesidades del socialismo yugoslavo. Mientras estudiaba Artes Plásticas en París, Pijade descubrió los filmes mexicanos de la época de oro. Según se dice, él fue quien propuso importar películas mexicanas por las siguientes razones. En México se estaba consolidando una fuerte e importante industria cinematográfica desde la década de 1930. Para 1948, México seguía siendo un país trabajador y campesino — como ahora, sólo que más maquilador y menos campesino — ; tuvo una Revolución — la primera del siglo XX — que había concluido 31 años antes; había sido gobernado por un mismo partido.

Moša Pijade (Wikipedia/Dominio público)


Además, la industria cinematográfica mexicana estaba produciendo bastantes melodramas musicales, a los cuales los yugoslavos estaban acostumbrados, ya que algunas películas soviéticas de la época también tenían ese estilo. Y no sólo los yugoslavos estaban acostumbrados al cine soviético, sino que también en México había influencia soviética en la cinematografía. Eisenstein filmó en 1932 «¡Que viva México!», producción que tuvo que abandonarse. Pero lo más importante es la consigna que aparecía frecuentemente en boca los personajes: «¡Viva la Revolución!» Las películas mexicanas no eran caras y presentaban el espíritu revolucionario que los yugoslavos buscaban. La respuesta se había encontrado.

Hubo una película que desencadenó el gusto por la cinematografía y la música mexicana. Además, el tema de la película era adecuado para las necesidades políticas de Yugoslavia luego del rompimiento con la URSS. Esa película mexicana es ahora más yugoslava que mexicana, material y emocionalmente. Materialmente porque el rollo que se conservaba en México, se perdió con el incendio de la Cineteca Nacional de 1982. Ahora solo se puede encontrar en la Cinemateca Yugoslava en Belgrado, Serbia. Emocionalmente es más yugoslava que mexicana porque por lo menos desde 1952 la película permanece en los corazones de toda una generación de yugoslavos — quizá dos — . La película hizo llorar a croatas, serbios, bosnios, macedonios y montenegrinos; y no sólo eso, sino que la película hizo que la gente amara la música que sonaba en ella. Esa película es Un día de vida, dirigida en 1950 por Emilio «El Indio» Fernández, o, como la conocían en Yugoslavia, Један дан живота (Jedan dan života).




La película se mostró en todas las Repúblicas. En Zagreb, en ese entonces la capital de la República Socialista de Croacia, se presentó por lo menos 200 veces entre 1952 y 1953. Emilio Fernández, dedicó Un día de vida a José Martí: «el extraordinario apóstol que fundió en un sacramento los corazones de Cuba y de México». En la película se recuerdan varias frases de Martí y partes de su vida. Además, uno de los personajes lleva su apellido. En la película se muestra un enorme reconocimiento y admiración por el Apóstol de Cuba.



Un día de vida (1950)

Belén Martí, periodista cubana, llega a México en 1919 para conocer la situación revolucionaria en el país. A su llegada conoce a un ex soldado porfirista, quien le comunica que el Coronel zapatista que le salvó la vida, Lucio Reyes, sería fusilado en un par de días. La razón: levantarse en armas por el asesinato de Zapata.

El general Felipe Gómez es el encargado de fusilar a Lucio Reyes, quien fue su amigo desde la infancia. La única familia de Lucio Reyes es su madre, Mamá Juanita, quien aparentaba no estar enterada del próximo fusilamiento de su hijo. El condenado pide ir a cantarle «Las mañanitas» a su madre, como cada año, un día antes de su fusilamiento. Durante la fiesta, Lucio Reyes le entrega a los habitantes de Cieneguillas, el pueblo en el cual nació Lucio y en donde vive su madre, los títulos que declaran el pueblo propiedad de los habitantes, en una comunidad agraria. Lucio Reyes tenía la oportunidad de salvarse de la muerte reconociendo al gobierno, pero sus convicciones revolucionarias no permitían tal traición a Zapata. Al día siguiente, mientras el pelotón de fusilamiento se retira, Mamá Juanita pide al General Gómez llevarse el cuerpo de su hijo. Además de tener una fotografía precisa y un desarrollo dramático sólido, el guión y los personajes revolucionaros eran perfectos para un país nuevo, socialistamente recién nacido. Seguramente esa gente escuchó diálogos similares siete u ocho años antes durante la Segunda Guerra. Pomposo, quien fue teniente del Coronel Reyes, dice al principio de la película:
«Para mí la vida siempre ha sido eso. ¡México!, ¡la libertad del pueblo!» «[El Coronel Reyes sobre las mujeres prefería a] ¡México!, ¡la libertad del pueblo!, ¡la justicia!, y ¡la tierra!»

Felipe Gómez, amigo de la infancia de Lucio Reyes y encargado del fusilamiento, intenta convencer a su amigo de salvar su vida:
FELIPE — Nuestra bandera sigue siendo la misma, Lucio. Tú te revelaste como protesta por la muerte de Zapata. Y, ¿qué significan Zapata y Villa y el mismo presidente Carranza frente al destino de México? ¡Eso es lo que nos importa, por eso hemos luchado! ¡Todos somos los mismos, Lucio!, porque soñamos el bien de México.
LUCIO — Sí, Felipe. Tal vez nuestra causa requiere la sangre de sus mismos hijos.
FELIPE — ¡No seas terco! ¡Acepta que cometiste un error y protesta tu adhesión al supremo gobierno!
LUCIO — No vuelvas a hablarme de eso, por favor. Después de la forma tan cobarde como asesinaron a Zapata, no creo en nada, ¡ni en nadie! ¡Déjame en paz!

Hacia el final de la película, Lucio Reyes consigue hablar con Belén, la periodista cubana y le habla francamente:
«Mire, Belén. Esto es México. Hace nueve años que estamos luchando por una causa y todas las grandes causas son duras y tardan en triunfar. “Los grandes derechos no se compran con lágrimas, sino con sangre”, escribió Martí, recuérdelo.»

Y Belén, con esa voz tan florida, reflexiona sobre algo que bien pudo haber tocado fuertemente la sensibilidad del pueblo yugoslavo después de la Guerra:
«¡Tierra y libertad! Ahora sé por qué los grandes sueños de los hombres son imperecederos y por qué de cada tumba de mártir se levanta cada vez más fuerte la vida. […] Seco y duro tiene que ser el heroísmo, como la vetas, para seguir manando eternamente fulgor. Y es ley que todo sueño que se levanta tiene que alimentarse de sangre.»



La película impactó a la población por la posible identificación con los personajes y el argumento. Quizá muchas personas que vieron Un día de vida perdieron a sus familiares y seres queridos en la Guerra, algunos quizá fusilados. La música de la película también influyó fuertemente en la población durante un par de décadas más. Aparecen las canciones «Adelita» y «El son de las olas», pero la canción que más impactó fue una que en serbocroata se tituló «Mama Huanita», que tuvo una fama envidiable. La canción original tiene un verso que le dio su nombre en Yugoslavia. El verso dice: «levántate Mamá Juanita, mira que ya amaneció». Sí, «Las mañanitas» se convirtió en un éxito en Yugoslavia bajo el nombre Mama Huanita. Esta canción marcó el inicio de todo un género musical que se desarrollo durante la década de 1950 y 1960 en Yugoslavia.


El cantante Mišo Kovač, hizo un cover de Las mañanitas poniendo el título de Jedan dan života. Es un himno en sus conciertos. Aunque la canción suena como Las mañanitas, en realidad describe la vida del Coronel que fue fusilado en el filme.


En México, la película pasó sin pena ni gloria. En Yugoslavia, en cambio, se convirtió en un clásico y, según algunos autores, en el film más taquillero de la historia del país. En una de las secuencias más emotivas, le cantan "Las mañanitas" a la madre del reo con motivo de su santo. "Esta es la canción tradicional de este tipo de celebraciones personales en México. En cambio, en la cultura yugoslava se reinterpretó de otra manera debido al impacto de esa escena y empezó a cantarse en serbocroata, no para los cumpleaños o los santos, sino para el día de la madre", escribió Robert Irwin, profesor de la Universidad de California y coautor del libro: "Cine mexicano global: la edad de oro del cine mexicano".



Grabados al linoleo en papel de algodón firmado y fechados a lápiz por el genial grabador y artista Mexicano Leopoldo Méndez. Titulado "El Fusilado" esta obra fue publicada por el Taller de Gráfica Popular en la Ciudad de México en 1950. Parte de una serie de grabados ilustrando la película de Emilio "El Indio" Fernandez "Un Día de Vida". En la primera imagen se muestra al General Felipe Gomez (interpretado por Fernando Fernandez) muerto mientras dos mujeres lloran a su lado. En el fondo, el escuadrón de fusilamiento abandona el lugar habiendo terminado su trabajo. Referencia ilustrada en el libro "Leopoldo Méndez" de Manuel Maples Arce (1970) en la pagina 94 con el numero de catalogo 55.







Extraído de: A B



15 claves que quizá no conozcas sobre "El Acorazado Potemkin"







Cerrad los ojos. Pensad en una gran ciudad. Pensad en París. Muchos coincidiremos en una misma imagen mental: la Torre Eiffel. ¿Roma? El Coliseo. ¿Nueva York? La estatua de la libertad. ¿Barcelona? La Sagrada Familia (algunos dirán el Camp Nou). ¿Odesa? Unas escaleras. Nada más y nada menos.

Pocos lugares hay en el mundo que deban tanto a tan poco. Ciento veinte escalones. Siete minutos de escena. Una madre que sostiene a su hijo. Un carrito de bebé que baja traqueteando. Un pueblo que huye en tropel. Gritos, lamentos, gafas rotas, insignias zaristas. Y una hilera de soldados sin rostro, como en Los fusilamientos de Goya, que desciende inmisericorde y sordo. Pero hay más, mucho más: El acorazado Potemkin (1925) justifica por sí solo 117 años de cine. Pocos títulos hay que conserven su nervio narrativo y su potencial para emocionar al espectador 90 años después de su estreno. Pocos hay también, todo hay que decirlo, que representen mejor el uso de la propaganda elevada a las más altas cotas de excelencia artística. Una joya maniquea, concebida en los primeros tiempos del régimen soviético por un chaval de 26 años con un talento único. No en vano está considerada por muchos (y en muchas listas) como la mejor película de la historia. Nadie que ame el séptimo arte debería perdérsela. Hay una revolución rusa que asaltó el Palacio de Invierno, y otra que definió en 90 minutos de intensidad cinematográfica los fundamentos de un arte aún balbuceante. La primera derivó en una dictadura. La segunda nos ha traído hasta aquí, hasta el cine que conocemos y amamos. Y aunque parezca mentira, ambas revoluciones acabaron colisionando. Y al final lo que queda del Potemkin es un canto a la libertad y a la fraternidad frente a un régimen cruel y despótico… como el soviético. La propaganda de Eisenstein se tornó en cine crítico, tan incómodo que le acarreó muchos problemas con Stalin. Pero vayamos por partes, y a los que no la hayan visto, cuidado con losspóilers…



1-Eisenstein en Odesa: En 1925, cuando sólo cuenta con 26 años, Sergéi M.Eisenstein (la M es de Mijáilovich) ha tenido tiempo de dirigir teatro, desencantarse de él, estrenar La huelga (1925), ganarse el respeto del mundo de la cultura y atraer la atención de las autoridades soviéticas. Casi nada. Con semejante recorrido, el joven director se embarca en un proyecto llamado 1905, que pretende retratar la oleada de manifestaciones y protestas que inundaron Rusia en dicho año, saludadas a menudo como un preludio de la revolución de 1917. El rodaje empieza en Leningrado, pero el mal tiempo obliga al equipo a modificar el plan previsto y trasladarse a Odesa. Y es allí, frente a la imponente visión de las escaleras, cuando Eisenstein decide tirar el guión por la borda y focalizar su atención en los hechos acaecidos en esa ciudad portuaria y, especialmente, a bordo del acorazado Potemkin. Para ello, emprende un minucioso trabajo de documentación, habla con supervivientes de la represión y se inspira en los dibujos realizados por un testigo francés. El joven genio observa, asimila e interpreta. Luego da rienda suelta a la ficción.

2-La escalinata: La escena de la matanza en la escalinata de Odesa es falsa. No hubo madre suplicante, ni niño pisoteado, ni mujer conciliadora, ni joven estudiante, ni carrito de bebé… Lo que no significa que el ejército ruso no masacrara la población de Odesa. Varios testigos de los hechos lo relataron en sus memorias, pero no hay evidencia histórica de que la escena que describe Eisenstein ocurriera en la realidad.Simplemente no fue en esas escaleras. De hecho, algunos de los acontecimientos de aquel día no están muy claros, pero la influencia de la película es tal que a menudo se da por bueno el relato cinematográfico.


3-Meyerhold: Pocas influencias tienen tanto calado en el primer Eisenstein como la ejercida por Vsevolod Emilílievich Meyerhold. Teórico teatral, director de escena y actor, Meyerhold es un impulsor del movimiento simbolista en Rusia cuyos trabajos marcan a toda una generación de creadores. Su teoría de la Biomecánica aplicada a la dirección de actores causa una profunda impresión en Eisenstein desde sus tiempos como director de teatro. La fuerza expresiva de sus actores en la pantalla es deudora de sus enseñanzas. En 1940, tras cerrarle el teatro, las autoridades soviéticas detienen a Meyerhold, lo torturan, lo obligan a retractarse de sus ideas y, finalmente, lo ejecutan ante un pelotón de fusilamiento.

4-El montaje: Las teorías sobre el uso enfático del montaje de Eisenstein se recogen por igual en sus escritos y en sus películas. Su “montaje intelectual” se basa en la yuxtaposición de dos ideas autónomas que, unidas, generan un tercer concepto en la mente del espectador. La fuerza de su mensaje a menudo nace de esta técnica. Es una constante en su cine, especialmente en su periodo mudo, más aún que el “montaje de atracciones”, donde apuesta por acercar el cine al circo y a las varietés. Puede sonar a exageración, pero cabe la posibilidad que Eisenstein sea el montador más importante de toda la historia del séptimo arte.

5-La influencia oriental: Eisenstein era director, montador, orador políglota… y un enamorado de la cultura japonesa. Su extraordinaria teoría del montaje intelectual se basa en la estructura de los ideogramas japoneses, donde dos caracteres se contraponen para crear un tercero.


6-La música de Meisel: Dmitri Shostakovich y Nikolaï Krioukovmusicaron el film de Eisenstein en sus diferentes versiones, pero puede que la más relevante sea la compuesta por Edmund Meisel. De hecho, fue la que escogió el joven director para estrenar El acorazado Potemkin… y también la más controvertida. Durante una representación en Londres Meisel se pasó tres pueblos a la hora de imponer un ritmo más ágil a su partitura, y el resultado provocó un estallido de carcajadas en la sala. Eisenstein canceló su colaboración con el compositor y tomó buena nota de un principio fundamental para el cine (y no digamos para el mudo): la música puede condicionar todo el conjunto.

7-El borsch: Una sopa de verduras originaria de Europa del este, de color rojo (por la gran cantidad de remolacha) y que puede llevar carne si se sirve caliente, o simplemente vegetales y zumo de limón si se come fría. Se acompaña a menudo de crema agria. Para su elaboración, se echan 400 gramos de carne en una olla llena de agua y se espera que alcance el punto de ebullición. Luego se añade cebolla picada en el caldo y se deja un par de horas a fuego lento. En un cazo se echa la remolacha y el tomate debidamente cortados y se dejan cocer a fuego lento durante una hora. Mientras tanto, en otro cazo salteamos durante quince minutos rodajas de cebolla y de zanahoria. Ponemos el caldo a hervir, echamos patatas y col (también troceadas) y esperamos cinco minutos. Añadimos el salteado, lo dejamos 10 minutos, vertemos la remolacha y dejamos que hierva 5 minutos más. Puede especiarse con sal, pimienta y ajo.


Por este plato muere el marino Vakulinchuk, por la carne podrida del borsch estalla el motín del Potemkin.

8-El color de la bandera: Cuando la tripulación se amotina podemos ver una bandera blanca ondeando en el barco. Eisenstein opta por ese color para poder pintarla de rojo en posproducción, consciente de que en un film en blanco y negro cualquier otro tono (rojo incluido) se vería demasiado oscuro. Irónicamente, el rigor histórico exige que la bandera sea precisamente blanca, tal y como la vemos hoy en día, ya que ése era el color de las insignias zaristas.

9-El estudiante: En su búsqueda de testigos de los hechos de Odesa, Eisenstein da con Konstantin Feldman, que había participado en la huelga general y se encontraba en el acorazado en las horas finales de la revuelta. Feldman interpreta en la película al estudiante que agita las masas. Ni él podia saber hasta qué punto la película inmortalizaría su rostro. El problema es que Feldman era manchevique, y por lo tanto enemigo jurado del gobierno soviético. Murió en la década de los 30, en una de las purgas de Stalin.

10-El verdadero motín: La marina rusa lleva un buen mosqueo. La guerra contra el Japón por Corea y Manchuria está siendo un desastre. La tripulación duerme mal, trabaja mal, vive mal… y come mal. La carne agusanada es el colmo. Ante las protestas los oficiales amenazan con fusilamientos. Y ya la tenemos liada. Hay un tiroteo, varios muertos, una sublevación de marineros y soldados. El marinero Vakulenchuk es una de las víctimas. Hasta aquí, la secuencia de los hechos es muy parecida a la que describe Eisenstein, tanto que cuesta saber si la historiografía más o menos académica se ha visto contaminada por el recuerdo de la película. Los hechos difieren a continuación: la confusión reina a bordo. El acorazado llega a Odesa, que se encuentra en medio de una huelga general, pero sus marinos no desembarcan para ayudar a la población de la ciudad. Pese a ello, es cierto que los barcos del ejército ruso no abren fuego contra el acorazado. Tras zafarse de las iras del zar el Potemkin huye a Rumanía. Aquí Eisenstein no cuenta el destino de la tripulación, cuyo final carece de épica. El gobierno rumano sólo accede a acogerlos si devuelven el acorazado al zar. Muchos marineros no volverán a su casa hasta que estalle la revolución de 1917. Los que lo hacen son detenidos, juzgados y, a menudo, ejecutados. Un pequeño grupo huye a Argentina. El marinero Iván Beshov se instala en Irlanda. Murió en 1987 a los 102 años de edad. Era el último superviviente del acorazado Potemkin.


11-El acorazado (y Potemkin): Tras el motín, el acorazado es devuelto al zar por las autoridades rumanas. Consciente de su peso simbólico, el gobierno ruso cambia su nombre de inmediato por el de Panteleimón. En abril de 1917, en medio del caos prerrevolucionario, se rebautiza primero como Potemkin-Tavrícheski, y un mes más tarde como Borétszasvobodu (Luchador por la libertad). En 1918 los alemanes lo capturan y en 1919 cae en manos de los rusos zaristas. Ese mismo año, los ejércitos occidentales que dan apoyo a la monarquía hunden el barco ante el puerto de Sebastopol. Los bolcheviques lo reflotan, pero el daño es irreparable y acaba siendo desmantelado. El acorazado que vemos en la película es el Dvenadstat Apostolov (Los doce apóstoles). Por cierto, Grigori Potiomkin (o Potemkin) era un militar y estadista ruso del siglo XVIII, amante de Catalina la Grande. Corre una leyenda sobre él que cuenta que en una inspección de la zarina para comprobar los progresos de la gestión de Potemkin en el campo, el avispado político engañó a su amada con pueblos de cartón piedra, campesinos actores, decorados imitando cultivos… Potemkin dirigió magistralmente el recorrido de Catalina para que no viera la falsedad de la puesta en escena. Como en una película.

12-Los gruppies de Eisenstein: Charles Chaplin y Billy Wilder consideraban que El acorazado Potemkin era su película favorita. Buñuel enloqueció el día que fue a verla. Steven Spielberg, Brian De Palma o Francis Ford Coppola han homenajeado la escena de la escalinata en sus películas. ¡Hasta Homer Simpson! ¡Y Leslie Nielsen!


13-Robin Hood en Rusia: El film de Eisenstein es la niña de los ojos del gobierno soviético. Su estreno coincide con el Robin Hood (1922) que protagoniza Douglas Fairbanks. A las autoridades rusas se les mete entre ceja y ceja establecer una competición en la taquilla con la película norteamericana, por aquello del orgullo nacional, ideológico, cultural y otras zarandajas. Ganan los yankees, pero por muy poco. Eisensteinrecibirá el reconocimiento de Fairbanks cuando lo visite, años más tarde, en Hollywood.

14-¡Censurado!: El film de Eisenstein las pasó canutas. Tras su estreno triunfal en la Unión Soviética desembarca en unos Estados Unidos poco receptivos. En Alemania sufre la censura de los momentos más violentos (no quiero ni pensar cómo quedó la secuencia de la escalinata), y posteriormente se prohíbe su difusión durante el nazismo. En Gran Bretaña y en Francia también acaba retirada de los cines; y en España, donde no se ve hasta la Segunda República (y no hace faltar decir lo que opinaba el franquismo de ella). ¡E incluso en la Unión Soviética! Tras la caída en desgracia de Liév Trotsky se suprime el parlamento introductorio que hizo en la versión original de la película. El delirio llega cuando las autoridades soviéticas dejan de hacer campaña por las deserciones en barcos de los países del bloque capitalista y el film llega a ser censurado totalmente por un breve lapso de tiempo.

15-Eisenstein, enemigo del pueblo: El estreno de El acorazado Potemkin es un éxito tan clamoroso para el joven Eisenstein que no es capaz de ver el chaparrón que se le viene encima. Octubre (1928), su siguiente trabajo, es un fracaso. Y lo mismo ocurre con Lo viejo y lo nuevo (1929). En Hollywood es muy apreciado, pero su militancia ideológica lo convierte en sospechoso y por extensión en un apestado. En México tiene abandonar el rodaje de ¡Que viva México! (1932) cuando lo tenía muy avanzado, y el montaje final ni siquiera es suyo (¡él, que era el genio del montaje!). Encima, su paso por los Estados Unidos hace que Stalin lo considere sospechoso (mira tú por dónde, lo mismo que hicieron los americanos) y censura sistemáticamente sus siguientes trabajos. Ni siquiera el proyecto de exaltación nacional que representa Alexander Nevsky (1938) aleja las sospechas de una administración paranoide, que le asigna un supervisor para que no le quite ojo. Hastiado, Eisenstein carga contra Stalin en Ivan el Terrible (1944) que logra el esperpento de recibir el premio Stalin y la censura total de sus dos secuelas. Eisenstein muere de un infarto en 1948.




Extraído de: A

Los 10 filósofos mejor vestidos






10. Karl Popper.

En el puesto numero 10 de nuestro ranking tenemos nada más y nada menos que a Karl Popper:


Nos gusta el estilo de este filósofo de divertido nombre. Además, nuestros becarios se han puesto a investigar y han descubierto que, tal y como nosotros aconsejamos muchos posts atrás, este señor, buscando ganar tiempo para poder filosofar tranquilo, solo planchaba el cuello de sus camisas. Total, es lo que se iba a ver. Nos gusta también mucho la pose con la que aparece en esta foto: un claro gesto de “estoy pensando, eso de pensar es lo mío“.


9. Thomas Hobbes.



Nos han impresionado esa perilla y ese bigote tan hipsters, pero, sobre todo, nos encanta esa prenda tan fashion de su cuello que tenía como doble finalidad permitirle comer sin que nada cayera al suelo, así como que nadie se acercara a robarle la comida por miedo a pincharse con los extremos., incluso lo puede usar de colcha de cama. Se ve reflejada así su idea de que “el hombre es un lobo para el hombre“. Cómo es la moda, ¿eh? Se podría estudiar historia de la filosofía solo a partir de la moda.


8. Martin Heidegger.


Este señor filósofo presenta un estilo elegante y sobrio que nos hace recordar a alguien pero no terminamos de saber a quién. Pongo otra foto a ver si entre todos le sacamos el parecido:


Nada, que no caemos. ¿Alguna idea?


7. Guillermo de Ockham.



Sí, la foto no es de gran calidad, pero teniendo en cuenta que es un señor del siglo XIII, hemos hecho lo que hemos podido. Como era monje, tenía poco margen de maniobra en lo que a vestimenta se refiere. Sin embargo, su pelo era suyo. Por ello, comenzó a experimentar como todo un l’egoblogger hasta llegar al peinado que luce en esa foto: cabeza afeitada por el centro y un halo de pelo al rededor. Puede que a algunos no os guste, pero creó tendencia y la Iglesia se subió al carro inmediatamente. Al parecer, el que probablemente es su aporte más célebre al mundo de la filosofía, la famosa “navaja de Ockham“, no tiene otro origen sino éste, su preocupación e interés por afeitarse siempre la cabeza.


6. Maquiavelo.



A Maquiavelo se le atribuye la siguiente frase:

“En general los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver pero pocos comprenden lo que ven.”

Es decir, estaba muy obsesionado con las apariencias. Esto derivó en una obsesión por la moda y por la ropa, lo que lo llevó a, como se aprecia en esta imagen, a ponerse multitud de outfits, uno encima de otro. De ahí su apariencia hinchada a pesar de presentar un rostro bastante delgado.


5. Karl Marx.


Mucho obrero, mucho proletariado, pero aquí está él con su traje impecable y su monóculo. Pero bueno, no estamos aquí para juzgar su coherencia filosófica, sino su elegancia y, debemos reconocer, que la tiene y mucha. También nos ha impactado y enamorado su look capilar: parece un león dispuesto a devorar el capitalismo. Un punto extra para ese contraste de tonalidades entre el bigote y la barba. Bravo.


4. Platón.

Ahora, uno de los más famosos: Platón.



Sí, Platón, el del mundo de las ideas. ¡Y vaya ideas más buenas! Túnica salmón sobre malva, mangas verdes a juego con ese lacito en torno al cuello, look capilar intencionadamente grunge… ¡no nos extraña que quisiera salir de la caverna a lucirse bien! Visto lo visto, entendemos perfectamente que sea obligatorio estudiarlo en selectividad.


3. Albert Camus.



Conocido en los círculos filosóficos como “el egoblogger de la filosofía“, nos deleita con estos posados tan naturales y su estilo de galán a lo Bogart. Veamos otra pose más, bien distinta a la anterior:


Seguro que se tiraba el rollo de “soy filósofo, nena” y se las llevaba de calle.


2. Arthur Schopenhauer.


Nos ha impresionado mucho la gran visión de este hombre. No, no me refiero a las gafas, que también son geniales, sino a su look: fue capaz de adelantarse más de 100 años al estilo de Lobezno. Por ello le otorgamos la distinción de quedar 2º en este ranking.


1º. Immanuel Kant.

En primer lugar y siendo el campeón de hoy, tenemos a Immanuel Kant:



Kant cumple todos los requisitos para ser un verdadero dandi de la época. Nos encanta el efecto peluca conseguido con su pelo natural, pero sobre todo nos entusiasma su ropa. Qué chaqueta tan poco recargada. ¡Qué sobria! Nos gusta mucho cómo ese espumillón blanco aparece al azar por la parte superior, cerca ya del cuello. Es un outfit cargado de sorpresas de los que no se ven hoy en día.




Extraído de: A

Cuando los revolucionarios húngaros fueron obligados a comerse a su líder




Como ya contaba hace unos días, el Papa Pío II reunió a los representantes de la cristiandad en el Concilio de Mantua (1459) para convocar una nueva cruzada contra los turcos que, desde la toma en Constantinopla, avanzaban por el Este de Europa. El llamamiento fue recibido con indiferencia por los líderes europeos -más preocupados por las disputas entre ellos- con la excepción de Matías Corvino, rey de Hungría, y Vlad III, príncipe de Valaquia, también conocido como Vlad Tepes, Vlad el Empalador… o Drácula. Años más tarde, se volvería a repetir la historia.
En 1513, tras la muerte del Papa Julio II, el arzobispo húngaro Tamás Bakócz se trasladó a Roma ya que figuraba en la lista de los papables. La poderosa familia Médicis movió los hilos, y el dinero, para nombrar a uno de los suyos, Giovanni di Lorenzo, como nuevo Papa… León X. Tamás Bakócz regresó a Hungría sin el premio gordo pero con el nombramiento como legado papal y debajo del brazo una bula de León X  que proclamaba una nueva cruzada contra los turcos. Presentó sus credenciales al rey de Hungría, Ladislao II, y fue designado por éste para organizar la campaña militar. Para liderar las tropas, Bakócz contrató a un mercenario rumano… György Dózsa.

György Dózsa
György Dózsa

La convocatoria de cruzada implicaba que no sólo los caballeros y soldados formarían parte del ejército sino también artesanos, comerciantes, clérigos y campesinos -cuando se tira de la fe, nadie se podía negar-. En pocas semanas, Dózsa había conseguido reunir un contingente de 100.000 almas… en su mayoría campesinos sin preparación. El entrenamiento duró más de lo previsto y la época de la cosecha se echó encima. Los terratenientes, preocupados por sus propios intereses, ordenaron que los campesinos regresasen a sus labores agrícolas. Ante la negativa, los terratenientes decidieron presionarlos torturando a sus familias… craso error. Los campesinos, con la complicidad de György Dózsa, se olvidaron de los turcos y decidieron recorrer los territorios de los miserables terratenientes para imponer su propia justicia… la de sus espadas. La cruzada contra los turcos se convirtió en una revolución de los campesinos húngaros contra los nobles.
Después de quemar varios castillos y tomar algunas ciudades, Ladislao II y Tamás Bakócz “desconvocaron” la cruzada y contrataron un ejército de mercenarios de la República de Venecia y el Sacro Imperio. A sólo 25 Km de la capital, los campesinos de György Dózsa nada pudieron hacer frente a la caballería pesada de nobles y mercenarios… los que no cayeron masacrados fueron hechos prisioneros. Entre estos últimos estaban György Dózsa, su hermano Gergely y varios de sus lugartenientes que servirían para dar un escarmiento…
György fue sentado desnudo en un trono ardiendo y se le colocó una corona de hierro al rojo vivo burlándose de su pretensión de ser rey. Su respuesta…

Si un solo gemido escapa de mis labios, que mi nombre sea cubierto de infamia eterna.

Tortura de György
Tortura de György

Después de tener varios días sin comer a su hermano y a sus lugartenientes, los excarcelaron y les obligaron a comer la carne que arrancaban a György, aún vivo. Su hermano y tres revolucionarios más se negaron… fueron descuartizados. El resto…decidieron comer la carne de su líder y salvaron la vida. György Dózsa murió en aquel trono que nunca pretendió ocupar. Hoy en día, el revolucionario contra los nobles feudales da nombre a plazas, calles, estaciones de tren… en Hungría y Rumanía.


Extraído de: A

Los grandes maestros del cine juntos





De pie, desde la izquierda: Robert Mulligan, William Wyler, George Cukor, Robert Wise, Jean-Claude Carrière y Serge Silverman. Sentados, desde la izquierda: Billy Wilder, George Stevens, Luis Buñuel, Alfred Hitchcock y Rouben Mamoulian



Una fotografía mítica ha dejado testimonio de una reunión legendaria. En noviembre de 1972, el cineasta George Cukor quiso reconocer el talento de Luis Buñuel y le invitó a una comida en su fabulosa mansión de Beverly Hills.

A la cita acudieron Ford, Hitchcock, Rouben Mamoulian, Robert Mulligan, George Stevens, Billy Wilder, Robert Wise y William Wyler, una pléyade de maestros de Hollywood jamás congregada y retratada en un acto privado.

Fritz Lang no pudo acudir por estar indispuesto, pero fue visitado al día siguiente en su casa por el director español, quien cuatro meses después ganaría el Oscar por ‘El discreto encanto de la burguesía’. Una sugerente y magistral película de obligado visionado para nuevos cinéfilos.




Extraído de: A

La isla gay creada por el fascismo en Italia



San Domino
Hoy la isla de San Domino es un paraíso para los turistas.


Hace 75 años, en la Italia fascista de Benito Mussolini, un grupo de hombres gay fueron llamados "degenerados", expulsados de sus hogares e internados en una isla, donde se los mantuvo bajo un régimen carcelario.

Algunos de ellos, sin embargo, vivieron como una experiencia liberadora la vida en esa primera comunidad italiana abiertamente homosexual.
Cada verano los turistas son tentados por la belleza de un pequeño conjunto de islas rocosas en el mar Adriático. Pero recientemente un grupo de visitantes llegó al archipiélago de Tremiti no tanto para disfrutar de la paz y la calma de este remoto lugar, sino para recordar. Se trataba de activistas por los derechos de gays, lesbianas y transexuales. Llegaron al lugar a celebrar una pequeña ceremonia, durante la que marcarían el vergonzoso episodio que tuvo lugar en las islas hace más de 70 años.

"Un régimen viril"


En la década del 30 el archipiélago sirvió al plan de los fascistas de Benito Mussoilini de reprimir la homosexualidad. Los hombres gay socavaban la imagen que él quería proyectar de hombría italiana.
"El fascismo es un régimen viril. (En ese contexto ) los italianos deben ser fuertes, masculinos y es imposible que pueda existir la homosexualidad en un régimen fascista", dice el profesor de historia de la Universidad de Bérgamo, Lorenzo Benadusi. Así que la estrategia fue esconderlo lo más posible. No se promulgaron leyes discriminatorias, pero se creó un clima en que las exhibiciones abiertas de homosexualidad se reprimían vigorosamente.

A 600 Km de casa


Un prefecto de la policía de la ciudad siciliana de Catania aprovechó el máximo ese estado de cosas. "Notamos que muchos bailes, playas y lugares en las montañas reciben a muchos de estos hombres enfermos, y que jóvenes de todas las clases sociales buscan su compañía", escribía. Decía que estaba decidido a terminar con la "propagación de esta degeneración" en su ciudad "o al menos contener semejante aberración sexual, que ofende la moral y que es desastrosa para la salud pública y la mejora de la raza". Y decía más: "Este mal debe ser atacado y quemado desde dentro".
Así que en 1938, en Catania, fueron detenidos unos 45 hombres que se creía eran homosexuales y enviados al exilio interno. Terminaron a unos 600 kilómetros de allí, en la isla de San Domino, en Tremitis. Este episodio ha sido en buena parte olvidado. Se cree que ninguno de los que sufrieron este castigo sigue vivo, y hay pocos relatos detallados de qué sucedió allí.

Benito Mussolini
Benito Mussolini nació el 29 de julio de 1883 en Predappio, Emilia-Romaña

"Las niñas"


Pero en el libro "La Isla y la Ciudad", los investigadores Gianfranco Goretti y Tommaso Giartosi mencionan a decenas de hombres, no todos de Catania, enfrentando duras condiciones en San Domino. Llegaban esposados. Luego eran ubicados en grandes y espartanos dormitorios, sin electricidad o agua corriente. "Nos daba curiosidad porque los llamaban 'las niñas'", dice Carmela Santoro, una isleña que era apenas una niña cuando los exiliados empezaron a llegar...

"Íbamos a verlos bajar del bote... vestidos en verano con pantalones blancos, con sombreros". "Y mirábamos con asombro, 'mira a esa, ¡mira cómo se mueve!'; pero no teníamos contacto con ellos". Otro isleño, Attilio Carducci, recuerda cómo a las 8 de la noche, todos los días, sonaba una campana que señalaba el momento en que ya no podían salir. "Quedaban encerrados en sus dormitorios, vigilados por la policía", dice. "Mi padre siempre hablaba bien de ellos. Nunca tenía nada malo que decir de ellos, y él era el representante local del fascismo".


In Italia Sono Tutti Maschi (C) 2008 Luca de Santis, Sara Colaone, Kappa Edizioni Sr
La novela gráfica de 2008 "In Italia Sono Tutti Maschi" ("En Italia todos somos Machos") cuenta la historia de los gays exiliados bajo el fascismo.

Los prisioneros sabían que exponer su homosexualidad habría causado vergüenza y angustia a sus familias en casa, en pueblos y villas sumamente conservadores. Algo de ese sentir puede leerse en una carta de un pastor siciliano, que se estaba formando para ser cura cuando fue detenido. Rogando a las autoridades judiciales que lo dejaran ir a casa, escribía: "Imagine, Su Señoría, el pesar de mi amado padre. ¡Qué deshonra!" "Exilio interno por cinco años. De sólo pensarlo me vuelvo loco". El prisionero, identificado sólo como Orazio L., pidió que se le permitiera dejar la isla y "servir a la Patria" en el ejército. "Convertirme en soldado y regresar al seminario para vivir en retiro es la única forma en que puedo reparar este escándalo y deshonra para mi familia", escribió.

Giuseppe B.


Pero algunos de los testimonios de exexiliados dejan claro que la vida no era tan mala en San Domino. Parece ser que el régimen de prisión era relativamente relajado en lo cotidiano. En forma involuntaria los fascistas crearon un rincón de Italia donde se podía ser abiertamente gay. Por primera vez en sus vidas estos hombres fueron puestos en un lugar donde podían ser ellos mismos, libres del estigma que normalmente los acompañaba en la devota Italia de los 30.
Una excepcional entrevista con un veterano de San Dominio sólo mencionado como Guiseppe B., publicada hace muchos años en la revista gay Babilonia, da a entender lo que esto significaba para los exiliados. Giuseppe B. decía allí que de algún modo ellos estaban mejor en la isla. "En ese entonces si eras una femmenella (una palabra del argot italiano para hablar de hombres gay) no podías ni siquiera salir de casa, hacerte notar; la policía te arrestaría", decía sobre su ciudad natal, Nápoles.
"Por el contrario, en la isla celebrábamos el día de nuestros santos o la llegada de alguien nuevo... Hacíamos teatro y podíamos vestirnos como mujeres y nadie decía nada". También contaba que, por supuesto, había romances e -incluso- peleas por amantes. Algunos prisioneros lloraron, recordaba Guiseppe, cuando el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 marcó el fin del régimen de exilio interno en San Domino y los hombres debieron regresar a una suerte de arresto domiciliario en los lugares de donde provenían.

No ha terminado


Algunos hombres gay fueron internados junto a prisioneros políticos en otras islas pequeñas, como Ustica y Lampedusa. Pero San Domino fue la única donde todos los exiliados eran gays. Es profundamente irónico que en la Italia de entonces sólo pudieran encontrar cierto grado de libertad en una isla-prisión. El grupo de activistas por los derechos de gays y lesbianas que se reunió en el archipiélago días atrás colocó una placa en memoria de los exiliados. Será un recordatorio permanente de la persecución de los homosexuales por parte de Mussolini.
"Esto es necesario porque nadie habla de lo que pasó en esos años", dijo uno de los activistas y parlamentario italiano, Ivan Scalfarotto. Y el sufrimiento no ha terminado para la comunidad gay italiana, señala. Ya no son esposados y enviados a las islas, pero aún hoy siguen sin ser considerados ciudadanos "de primera". Scalfarotto dice que en Italia todavía no hay un verdadero estigma social asociado a la homofobia y que el Estado no da derechos legales a ningún tipo de pareja gay o lesbiana.
Su lucha por la igualdad continúa.




Extraído de: A

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