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Cuando los revolucionarios húngaros fueron obligados a comerse a su líder




Como ya contaba hace unos días, el Papa Pío II reunió a los representantes de la cristiandad en el Concilio de Mantua (1459) para convocar una nueva cruzada contra los turcos que, desde la toma en Constantinopla, avanzaban por el Este de Europa. El llamamiento fue recibido con indiferencia por los líderes europeos -más preocupados por las disputas entre ellos- con la excepción de Matías Corvino, rey de Hungría, y Vlad III, príncipe de Valaquia, también conocido como Vlad Tepes, Vlad el Empalador… o Drácula. Años más tarde, se volvería a repetir la historia.
En 1513, tras la muerte del Papa Julio II, el arzobispo húngaro Tamás Bakócz se trasladó a Roma ya que figuraba en la lista de los papables. La poderosa familia Médicis movió los hilos, y el dinero, para nombrar a uno de los suyos, Giovanni di Lorenzo, como nuevo Papa… León X. Tamás Bakócz regresó a Hungría sin el premio gordo pero con el nombramiento como legado papal y debajo del brazo una bula de León X  que proclamaba una nueva cruzada contra los turcos. Presentó sus credenciales al rey de Hungría, Ladislao II, y fue designado por éste para organizar la campaña militar. Para liderar las tropas, Bakócz contrató a un mercenario rumano… György Dózsa.

György Dózsa
György Dózsa

La convocatoria de cruzada implicaba que no sólo los caballeros y soldados formarían parte del ejército sino también artesanos, comerciantes, clérigos y campesinos -cuando se tira de la fe, nadie se podía negar-. En pocas semanas, Dózsa había conseguido reunir un contingente de 100.000 almas… en su mayoría campesinos sin preparación. El entrenamiento duró más de lo previsto y la época de la cosecha se echó encima. Los terratenientes, preocupados por sus propios intereses, ordenaron que los campesinos regresasen a sus labores agrícolas. Ante la negativa, los terratenientes decidieron presionarlos torturando a sus familias… craso error. Los campesinos, con la complicidad de György Dózsa, se olvidaron de los turcos y decidieron recorrer los territorios de los miserables terratenientes para imponer su propia justicia… la de sus espadas. La cruzada contra los turcos se convirtió en una revolución de los campesinos húngaros contra los nobles.
Después de quemar varios castillos y tomar algunas ciudades, Ladislao II y Tamás Bakócz “desconvocaron” la cruzada y contrataron un ejército de mercenarios de la República de Venecia y el Sacro Imperio. A sólo 25 Km de la capital, los campesinos de György Dózsa nada pudieron hacer frente a la caballería pesada de nobles y mercenarios… los que no cayeron masacrados fueron hechos prisioneros. Entre estos últimos estaban György Dózsa, su hermano Gergely y varios de sus lugartenientes que servirían para dar un escarmiento…
György fue sentado desnudo en un trono ardiendo y se le colocó una corona de hierro al rojo vivo burlándose de su pretensión de ser rey. Su respuesta…

Si un solo gemido escapa de mis labios, que mi nombre sea cubierto de infamia eterna.

Tortura de György
Tortura de György

Después de tener varios días sin comer a su hermano y a sus lugartenientes, los excarcelaron y les obligaron a comer la carne que arrancaban a György, aún vivo. Su hermano y tres revolucionarios más se negaron… fueron descuartizados. El resto…decidieron comer la carne de su líder y salvaron la vida. György Dózsa murió en aquel trono que nunca pretendió ocupar. Hoy en día, el revolucionario contra los nobles feudales da nombre a plazas, calles, estaciones de tren… en Hungría y Rumanía.


Extraído de: A

La isla gay creada por el fascismo en Italia



San Domino
Hoy la isla de San Domino es un paraíso para los turistas.


Hace 75 años, en la Italia fascista de Benito Mussolini, un grupo de hombres gay fueron llamados "degenerados", expulsados de sus hogares e internados en una isla, donde se los mantuvo bajo un régimen carcelario.

Algunos de ellos, sin embargo, vivieron como una experiencia liberadora la vida en esa primera comunidad italiana abiertamente homosexual.
Cada verano los turistas son tentados por la belleza de un pequeño conjunto de islas rocosas en el mar Adriático. Pero recientemente un grupo de visitantes llegó al archipiélago de Tremiti no tanto para disfrutar de la paz y la calma de este remoto lugar, sino para recordar. Se trataba de activistas por los derechos de gays, lesbianas y transexuales. Llegaron al lugar a celebrar una pequeña ceremonia, durante la que marcarían el vergonzoso episodio que tuvo lugar en las islas hace más de 70 años.

"Un régimen viril"


En la década del 30 el archipiélago sirvió al plan de los fascistas de Benito Mussoilini de reprimir la homosexualidad. Los hombres gay socavaban la imagen que él quería proyectar de hombría italiana.
"El fascismo es un régimen viril. (En ese contexto ) los italianos deben ser fuertes, masculinos y es imposible que pueda existir la homosexualidad en un régimen fascista", dice el profesor de historia de la Universidad de Bérgamo, Lorenzo Benadusi. Así que la estrategia fue esconderlo lo más posible. No se promulgaron leyes discriminatorias, pero se creó un clima en que las exhibiciones abiertas de homosexualidad se reprimían vigorosamente.

A 600 Km de casa


Un prefecto de la policía de la ciudad siciliana de Catania aprovechó el máximo ese estado de cosas. "Notamos que muchos bailes, playas y lugares en las montañas reciben a muchos de estos hombres enfermos, y que jóvenes de todas las clases sociales buscan su compañía", escribía. Decía que estaba decidido a terminar con la "propagación de esta degeneración" en su ciudad "o al menos contener semejante aberración sexual, que ofende la moral y que es desastrosa para la salud pública y la mejora de la raza". Y decía más: "Este mal debe ser atacado y quemado desde dentro".
Así que en 1938, en Catania, fueron detenidos unos 45 hombres que se creía eran homosexuales y enviados al exilio interno. Terminaron a unos 600 kilómetros de allí, en la isla de San Domino, en Tremitis. Este episodio ha sido en buena parte olvidado. Se cree que ninguno de los que sufrieron este castigo sigue vivo, y hay pocos relatos detallados de qué sucedió allí.

Benito Mussolini
Benito Mussolini nació el 29 de julio de 1883 en Predappio, Emilia-Romaña

"Las niñas"


Pero en el libro "La Isla y la Ciudad", los investigadores Gianfranco Goretti y Tommaso Giartosi mencionan a decenas de hombres, no todos de Catania, enfrentando duras condiciones en San Domino. Llegaban esposados. Luego eran ubicados en grandes y espartanos dormitorios, sin electricidad o agua corriente. "Nos daba curiosidad porque los llamaban 'las niñas'", dice Carmela Santoro, una isleña que era apenas una niña cuando los exiliados empezaron a llegar...

"Íbamos a verlos bajar del bote... vestidos en verano con pantalones blancos, con sombreros". "Y mirábamos con asombro, 'mira a esa, ¡mira cómo se mueve!'; pero no teníamos contacto con ellos". Otro isleño, Attilio Carducci, recuerda cómo a las 8 de la noche, todos los días, sonaba una campana que señalaba el momento en que ya no podían salir. "Quedaban encerrados en sus dormitorios, vigilados por la policía", dice. "Mi padre siempre hablaba bien de ellos. Nunca tenía nada malo que decir de ellos, y él era el representante local del fascismo".


In Italia Sono Tutti Maschi (C) 2008 Luca de Santis, Sara Colaone, Kappa Edizioni Sr
La novela gráfica de 2008 "In Italia Sono Tutti Maschi" ("En Italia todos somos Machos") cuenta la historia de los gays exiliados bajo el fascismo.

Los prisioneros sabían que exponer su homosexualidad habría causado vergüenza y angustia a sus familias en casa, en pueblos y villas sumamente conservadores. Algo de ese sentir puede leerse en una carta de un pastor siciliano, que se estaba formando para ser cura cuando fue detenido. Rogando a las autoridades judiciales que lo dejaran ir a casa, escribía: "Imagine, Su Señoría, el pesar de mi amado padre. ¡Qué deshonra!" "Exilio interno por cinco años. De sólo pensarlo me vuelvo loco". El prisionero, identificado sólo como Orazio L., pidió que se le permitiera dejar la isla y "servir a la Patria" en el ejército. "Convertirme en soldado y regresar al seminario para vivir en retiro es la única forma en que puedo reparar este escándalo y deshonra para mi familia", escribió.

Giuseppe B.


Pero algunos de los testimonios de exexiliados dejan claro que la vida no era tan mala en San Domino. Parece ser que el régimen de prisión era relativamente relajado en lo cotidiano. En forma involuntaria los fascistas crearon un rincón de Italia donde se podía ser abiertamente gay. Por primera vez en sus vidas estos hombres fueron puestos en un lugar donde podían ser ellos mismos, libres del estigma que normalmente los acompañaba en la devota Italia de los 30.
Una excepcional entrevista con un veterano de San Dominio sólo mencionado como Guiseppe B., publicada hace muchos años en la revista gay Babilonia, da a entender lo que esto significaba para los exiliados. Giuseppe B. decía allí que de algún modo ellos estaban mejor en la isla. "En ese entonces si eras una femmenella (una palabra del argot italiano para hablar de hombres gay) no podías ni siquiera salir de casa, hacerte notar; la policía te arrestaría", decía sobre su ciudad natal, Nápoles.
"Por el contrario, en la isla celebrábamos el día de nuestros santos o la llegada de alguien nuevo... Hacíamos teatro y podíamos vestirnos como mujeres y nadie decía nada". También contaba que, por supuesto, había romances e -incluso- peleas por amantes. Algunos prisioneros lloraron, recordaba Guiseppe, cuando el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 marcó el fin del régimen de exilio interno en San Domino y los hombres debieron regresar a una suerte de arresto domiciliario en los lugares de donde provenían.

No ha terminado


Algunos hombres gay fueron internados junto a prisioneros políticos en otras islas pequeñas, como Ustica y Lampedusa. Pero San Domino fue la única donde todos los exiliados eran gays. Es profundamente irónico que en la Italia de entonces sólo pudieran encontrar cierto grado de libertad en una isla-prisión. El grupo de activistas por los derechos de gays y lesbianas que se reunió en el archipiélago días atrás colocó una placa en memoria de los exiliados. Será un recordatorio permanente de la persecución de los homosexuales por parte de Mussolini.
"Esto es necesario porque nadie habla de lo que pasó en esos años", dijo uno de los activistas y parlamentario italiano, Ivan Scalfarotto. Y el sufrimiento no ha terminado para la comunidad gay italiana, señala. Ya no son esposados y enviados a las islas, pero aún hoy siguen sin ser considerados ciudadanos "de primera". Scalfarotto dice que en Italia todavía no hay un verdadero estigma social asociado a la homofobia y que el Estado no da derechos legales a ningún tipo de pareja gay o lesbiana.
Su lucha por la igualdad continúa.




Extraído de: A

El niño negro que quería ser nazi




A lo largo de todo el tiempo que llevo escribiendo las entradas para el blog Cuaderno de Historias, varias han sido las ocasiones en las que he tocado temas muy relacionados con el nazismo. En ellos he tratado de explicar sencillas historias en las que los protagonistas habían estado a uno u otro lado del régimen liderado por Adolf Hitler y cómo vivieron esos fatídicos años.



Hans-Jürgen Massaquoi, el niño negro que quería ser nazi (nickdennis )


Una de esas historias trataba sobre los mischlinge, el grupo de mestizos que pertenecieron al ejército alemán y que tenían a uno de sus dos progenitores dentro de la religión judía y el otro era considerado ‘ario’.

Un relato de un niño mulato (hijo de un hombre de raza negra procedente de Liberia y una mujer aria) que, desde muy temprana edad, se empeñó en pertenecer a las Juventudes Hitlerianas. 


La familia de Hans-Jürgen Massaquoi disfrutaba de inmunidad diplomática, ya que su abuelo, por parte de padre, era el cónsul liberiano en Alemania. Esto hacía que, a pesar de ser mulato y su familia paterna negra, no tuvieran problemas de convivencia en su Hamburgo natal, en un tiempo en el que cada vez se hacían más presentes las tesis xenófobas promulgadas desde el Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores recién llegado al poder. De hecho, Hans había quedado absorto tras conocer en persona al mismísimo Hitler, durante una visita que hizo éste a su colegio en 1934. Por aquel entonces el niño tan solo contaba con 8 años de edad, pero había sido contagiado por el entusiasmo de sus compañeros y profesores.

Todos los niños de su clase estaban siendo afiliados al movimiento juvenil, por lo que él también quería pertenecer. No era consciente de que, a pesar de tener ese estatus especial gracias a la profesión de su abuelo, muchos eran los que lo miraban con cierto recelo al no ser un ‘ciudadano de raza pura’. 




Hans junto a su madre (postiar)


Cada vez que había una reunión de las Juventudes Hitlerianas, Bertha, la madre del muchacho se las ingeniaba para no llevarlo, a sabiendas de que no sería bien recibido por los participantes. Era tal el fervor que el pequeño Hans sentía por los símbolos nazis que incluso hizo que le cosieran una esvástica en su jersey, la cual lucía con todo orgullo, tal y como recoge la única fotografía que existe del niño con el símbolo nazi en su ropa. No dejaba de ser un niño, por lo que no era totalmente consciente de las diferencias raciales entre él y sus compañeros de escuela y aunque era tratado a menudo con respeto por la mayoría de ellos, siempre había el típico que trataba de hacerle ver que no eran iguales en todo y, sobre todo, en el color de la piel. 

Pero todo cambiaría en la vida de Hans en 1936, ya que con 10 años de edad fue testigo de cómo el atleta afroamericano Jesse Owens ganó cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín y con ello ofendió a Hitler, provocando en la población alemana el rechazo unánime hacia las personas de raza negra.

En la escuela ya no lo trataban igual y eran muchas las ocasiones en las que se sintió intimidado por otros niños que se creían superiores a él. 


La tensión racial y política del país obligó a la familia paterna de Hans a salir de Alemania, quedándose el niño viviendo junto a su madre. Pero ya no estaban en la residencia del consulado y, por tanto, todos los privilegios de los que habían estado disfrutando hasta entonces se esfumaron, aunque no sufrieron el mismo tipo de persecución a la que fueron sometidos otros colectivos. 




Tras la guerra Hans-Jürgen Massaquoi emigró a Estados Unidos (postiar)


Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y con quince años recién cumplidos el joven Hans-Jürgen Massaquoi quiso alistarse en el ejército y servir a su país, siendo rechazado por el color de su piel, algo que no sucedía con los mischlinge, que sí eran aceptados. 


Los terribles años de nazismo en Alemania y la brutal guerra hicieron que en los siguientes años se diera cuenta de todo el horror vivido y cometido desde la cancillería de su país y decidiese emigrar a los Estados Unidos, donde trabajaría en varios periódicos y acabaría convirtiéndose en un reputado y famoso periodista. Hans falleció el pasado 19 de enero de 2013, el mismo día que cumplía 87 años, dejando tras de sí una vida dedicada a escribir libros y fundar prestigiosas revistas en defensa del colectivo afroamericano y a pesar de que han pasado muchos años desde que renunció y se dio cuenta de lo terrible que fue el régimen de Hitler, se le recordará como el niño negro que quiso ser nazi.




Extraído de : A

De cómo una marca femenina se convirtió en un ícono de su nación




La historia de Lucky Strike es uno de los casos más estudiados por los profesionales del marketing, debido a que siempre ha estado a la vanguardia precisamente por eso, por sus ingeniosas formas de ofrecer y vender cigarrillos, con afortunadas y más que nada diferentes campañas que lograron sacudir dos de los sentimientos más arraigados en el ser humano, la vanidad y el patriotismo.

Fue fundada en 1871 por R.A. Patterson, pero como una de las tantas marcas de chewing (tabaco masticable) que había, porque aparte de las pipas, así era como se lo consumía a lo largo del país, especialmente en los Estados del Sur, donde se decía que "la masticación del tabaco era casi universal". El nombre de la marca se remonta a los años de la fiebre del oro, cuando los mineros que hurgaban en el Yukon canadiense gritaban: ¡Lucky Strike! (¡Golpe de suerte!) cada vez que encontraban una veta dorada.


Mineros buscando oro en el Yukon



Fumar tabaco liado o envuelto en pequeñas tiras de papel era algo muy snob a finales del siglo XIX, una novedad europea que llegó con los migrantes y casi inexistente aún en las grandes ciudades. Además esos porritos de tabaco eran un artículo de lujo porque los que se podían comprar eran enrollados a mano. A finales de siglo apareció un señor llamado James Bonsack que inventó una máquina -a vapor- capaz de enrollar 200 por minuto, o sea unos 120.000 en apenas diez horas (que a la postre fue lo que revolucionó la industria del cigarrillo). Una de las primeras máquinas fue adquirida por la empresa Camel, que desde que empezó a vender el tabaco en este nuevo formato llamado cigarrillo, no tardó en ponerse de moda haciendo realmente furor.


Boceto de la primera enrolladora de tabaco de James Bonsack



Es así que casi medio siglo después de su fundación, para 1917, Lucky se hace de algunas de estas máquinas y también empieza a vender el cigarrillo de moda, más que nada para competir con Camel, que para ese momento era quien dominaba el mercado.

Y aquí es donde Lucky asesta su primer gran golpe publicitario que fue lanzado en la década de 1920, con una muy efectiva campaña que logró asociar el fumar cigarrillos con la pérdida de peso. Más que nada fue una campaña dirigida hacia las mujeres, tocándoles su fibra más íntima, donde en verdad les llegaba, es decir, en la estética.

Fue tan agresiva la campaña, que se logró hacer ver a los cigarrillos como un complemento de la dieta, y esto fue algo que quedó grabado en el subconsciente de los norteamericanos –especialmente mujeres- durante algunos años.

Las mujeres sabían –lo daban por hecho- que podían fumarse un Lucky cada vez que se les antojaba una golosina y así cuidarían su peso. El eslogan de la campaña fue: "Reach for a Lucky instead of a sweet" que más o menos sería "Toma un Lucky en lugar de un dulce".





Lucky no era para mineros ni vaqueros. Su clientela era sofisticada, delicada, gente de alto nivel socioeconómico y los arribistas de los años 20 y 30. Fue especialmente aceptado por una nueva generación de mujeres adineradas que cuidaban la línea, y también por el ama de casa promedio que no tenía una vida social glamorosa, pero que sabía al menos que podía fumar el cigarrillo correcto. Mientras Camel ida quedando para la gente ruda de los puertos y sus estibadores, Lucky era un sinónimo de elegancia.




Hasta antes de la Segunda Guerra Mundial los paquetes de Lucky eran verdes, un color que prácticamente se había convertido en el emblema de la marca. Curiosamente eso mismo había provocado una muy notable deserción de las fumadoras norteamericanas a finales de los años 30, porque el verde empezó a desentonar y ya no combinaba con los colores que se pusieron de moda en aquel entonces. Era irónico, Lucky se había ganado un segmento del mercado apelando a la estética, y algunos años más tarde esa misma clientela lo abandonaba por un motivo similar. Era un riesgo no previsto al ganarse un target mayoritariamente frívolo.


La alarmante caída de las ventas llevó a la empresa tabacalera a rediseñar su clásico paquete, convirtiéndose en la primera marca que colocaba su símbolo en ambos lados. Esta fue toda una innovación porque ya no había que girar el paquete para ver la marca, cosa que ocurría con el resto. También se pagó una campaña en la que importantes modistas de todo el mundo mostraron colecciones de ropa basadas en el color Verde Lucky, y hasta lanzaron a las elegantes y bellas Lucky Girls, pero ninguna de las tácticas estaba dando buen resultado.




A pesar de que la identidad de la marca se hallaba en peligro, querían recuperar el mercado femenino a toda costa, y cautivar definitivamente al masculino que no era precisamente fiel a la marca debido a tanta oferta en el mercado.

Pudo haber sido suerte, pudo haber sido oportunismo, pero sin duda fue el momento indicado en el país indicado. Sus ejecutivos supieron encontrar la gran oportunidad en uno de los peores momentos que vivió la humanidad.

El cambio más radical en la imagen de Lucky llegó en 1942 durante el fragor de la guerra y cuando los Estados Unidos estuvieron de lleno involucrados (después del bombardeo a Pearl Harbor). Se dijo que la escasez de metales causada por la guerra, debido a su uso casi exclusivo en la industria militar, estaba causando un grave problema a la compañía. Se oficializó un comunicado donde explicaban que ya no era posible adquirir Cromo, cuyo óxido se utiliza para la fabricación de la tinta verde, por consiguiente los paquetes de Lucky Strike ya no podrían mostrar su color característico.




Obviamente todo fue otra estrategia de marketing ya que nunca hubo tal problema. Lo que en verdad sucedió fue que sus estudios y encuestas confirmaron que a las mujeres definitivamente les dejó de gustar el paquete verde, y que de paso era cada vez menos popular entre los hombres.

Así pues, se prescindió de la tinta verde y se optó por el color blanco, pero este cambio se realizó junto a una campaña en la que se afirmaba: “Lucky Strike green has gone to war” (El verde de Lucky Strike se fue a la guerra), adhiriéndose a la gran campaña nacional de apoyo a la causa mediante la compra de los famosos Bonos de Guerra. Como era de esperarse, esta "loable iniciativa" fue muy bien vista y respaldada por la ciudadanía en general.



"Ayuda a nuestros muchachos a tostar a Hitler. Compra Bonos de Guerra"



Ese pequeño eslogan tuvo tanta aceptación entre los fumadores -y los que no lo eran-, que logró incrementar las ventas de la marca en un 40% en el primer mes de campaña. Pero más cariño y gratitud le tomaron las tropas que se encontraban en el frente. Aquella simbólica muestra de "solidaridad" hizo que Lucky se ganase el aprecio de los soldados que estaban en el frente, lo cual lo cual le concedió una recompensa totalmente i-nes-pe-ra-da: ellos mismos se encargarían de extender la fama de la marca en todo el mundo junto a otros emblemáticos e imprescindibles símbolos del american way of life, el jazz, el swing, la Coca Cola y la goma de mascar.

De ser una pequeña marca de cigarrillos para un un reducido grupo de mujeres de un país, llegó su consolidación a nivel mundial con un mensaje que cualquiera deducía: "éste es el cigarrillo de los ganadores".



El General Dwight D. Eisenhower fumando un Lucky


Una enfermera del buque hospital "Algonquin" ofrece a soldado herido una cajtilla de Lucky



El conflicto bélico le presentó a Lucky una oportunidad de marketing sin precedentes, y que por supuesto la empresa supo aprovechar. Con guerra o sin guerra, Lucky igual hubiese tenido que abandonar el color verde. Sin lugar a dudas, esta ha sido de largo la mejor campaña publicitaria y de posicionamiento mundial que haya realizado hasta la fecha ninguna compañía de cigarrillos. ¿Y todo esto, gracias a qué? A una buena idea (con mentira blanca incluida) justo en el momento adecuado.

P.D. Quienes me leen saben que soy un apasionado de este tipo de publicidad retro o vintage. Como aquí no puedo poner todas las que quisiera, les dejo un par de galerías donde pueden ver esas verdaderas obras de arte de la publicidad. Entren aquí, y aquí.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8


Extraído de: A

Esculturas humanas de la Primera Guerra Mundial



Es casi imposible comprender la magnitud de estas fotografías históricas, tomadas por el inglés Arthur S Mole y su colega estadounidense John D. Thomas, que fueron comisionados por el gobierno de EE.UU. para tomar las fotos como una forma de elevar la moral entre las tropas y recaudar dinero mediante la venta al público durante la Primera Guerra Mundial.

Mole y Thomas fueron los primeros en utilizar una técnica única para superar el problema de la perspectiva después de que idearon una forma inteligente de obtener tantos soldados en las fotos.

Arthur fue capaz de obtener la imagen dibujando un esquema en el objetivo, soldados con banderas se colocaban en ciertas posiciones, mientras miraba a través de la cámara. Se necesitaría una semana para que toda la perspectiva se lograra cuadrar, pero tan solo 30 minutos para mover todos los hombres en posición y tomar la foto.

Lo que hace la historia aún más fascinante es que en lugar de sacar provecho de la venta de las imágenes producidas, los fotógrafos donaron todos los ingresos derivados a las familias de los soldados que regresaban al país a reconstruir sus vidas.










Extraído de: A

El Bayern de Múnich le plantó cara a Hitler



 
El equipo alemán tienen un pasado del que poco se conocía, y es que el Bayern se opuso al régimen de Hitler entre 1933 y 1945. Según el libro 'El FC Bayern y sus judíos', el club muniqués tuvo acciones de resistencia, incluso con un presidente judío a la cabeza que tuvo que exiliarse, Kurt Landauer. 

La historia del pueblo alemán ha dado mucho de qué hablar desde que Hitler se pusiese al frente de la nación, pero hasta ahora nunca habíamos oído nada acerca de la oposición que el régimen sufrió por parte de un equipo de fútbol. 

Y es que según el libro 'El FC Bayern y sus judíos. Ascenso y destrucción de una cultural liberal del fútbol', el Bayern de Múnich tuvo una actitud totalmente contraria hacia la dictadura de Hitler entre los años 1933 y 1945. El libro trata principalmente la historia de ciertos miembros del club, como los fundadores Joseph Pollack y Benno Elkan, y el que fuera presidente, Kurt Landauer, todos ellos judíos. 





Según su autor, Dietrich Schulze-Marmeling, especialmente destacable fue la historia de Landauer, presidente desde 1911 hasta 1933, cuando tuvo que dimitir por la llegada al poder de los nazis, y se exilió a Ginebra. Tal fue la actitud de oposición del club, que toda la plantilla no dudó en visitarle en Ginebra en 1940, aprovechando un partido contra el FC Servette y demostrando el compromiso con su exmandatario judío. 

Además de los anteriormente nombrados, el Bayern de Múnich tuvo cuatro entrenadores judíos antes de 1933. Entre ellos, Richard Dombio, quien conquistó en 1932 el primer campeonato nacional de la historia del club muniqués. 

La principal causa por la que se ha publicado el libro ha sido debido al encargo de la Federación Alemana de Fútbol, quien en 2005 le otorgó al Bayern por la tolerancia y contra el extremismo, como respuesta a las exigencias de los críticos de saber cuál había sido la actitud del Bayern en la época nazi. 

Nunca han querido resaltarlo. 

Pero lo curioso de la historia es la actitud que ha tenido el club en cuanto a su pasada relación con los judíos, ya que el Bayern ha sido tímido a la hora de reclamar esa tradición y en ocasiones se ha mostrado incluso reacio a ello. 

Por ejemplo, en 1961, tras la muerte de Landauer, el club en la necreológica oficial evitó toda alusión a su condición de judío y de perseguido por el régimen nazi. También, cuarenta años más tarde, un periodista del 'Totally Jewish' llamó al club pidiendo información del expresidente, pero le contestaron que "de momento nadie piensa en esa mierda del pasado". 

El club pasó a tomar otra posición frente a esta relación tan peligrosa en la época, en parte a la presión por parte de un grupo de seguidores llamado 'Schickeria'. Además, la directiva actual del Bayern de Múnich acudió hace poco a un acto en homenaje a Landauer, aunque evitó resaltar demasiado el pasado judío del Bayern para evitar así posibles manifestaciones en contra. Por lo menos, el presidente actual, Uli Höness, prometió un puesto digno en el museo que está planeando el club de Múnich. 






Extraído de: A

El último japonés en rendirse tras la segunda guerra mundial, Diciembre de 1974





Desde un punto de vista muy simplista, el 15 de Agosto de 1945, Japón declaraba su capitulación frente a las fuerzas aliadas y el 2 de Septiembre se celebraba una ceremonia a bordo del acorazado USS Missouri, donde el ministro de asuntos exteriores nipón, Mamoru Shigemitsu, firmaba el acta de rendición frente al general Sutherland.

Japón estaba al borde de una inminente invasión, tras haber vivido los últimos episodios de la segunda guerra mundial aguantando a duras penas sus fronteras al borde del Pacífico al más puro estilo samurái, lanzando ataques suicidas Kamikazes con todo lo que tenía.

El 6 y 9 de Agosto, se soltaban las dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki y Estados Unidos se marcaba un farol, amenazando con destruir otras tantas ciudades japonesas arrojando más artefactos similares. El 9 de Agosto, la unión soviética violaba el pacto de neutralidad que tenía firmado con Japón y declaraba la guerra al país nipón, ocupando rapidamente la Manchuria y colocando su ejercito justo al otro lado de la costa japonesa.


enola gay bockscar


Ante este cúmulo de reveses, el emperador Hirohito tomaba cartas en el asunto y ordenaba a su estado mayor, el llamado “gran seis”, aceptar los términos de rendición redactados por los aliados en la Declaración de Postdam. El 28 de Agosto las tropas aliadas comenzaban la ocupación sin resistencia de Japón. ¿Fin de la guerra?.

Lo cierto es que las circunstancias que envolvieron el final del Japón imperial fueron tan extremadamente complejas, que incluyen cientos de flecos como para hablar de un final tan simple. Uno de estos flecos fueron los militares japoneses que no se rindieron inmediatamente tras la capitulación oficial.

Algunos generales no se daban por rendidos hasta celebrar una ceremonia oficial donde entregaban solemnemente su espada a algún mando aliado. Este tipo de ceremonias se sucedieron a lo largo de todo Septiembre, a medida que iban capitulando las fuerzas del sureste asiático en zonas como Singapur o Taiwán.


pacific theatre


A su vez, en 1945 unos 140.000 soldados japoneses habían quedado atrapados en medio de la complicada situación que se vivía en la China ocupada por el ejercito rojo. Sabían que la guerra había terminado pero o no podían regresar a su tierra natal o no querían hacerlo por la verguenza de la derrota. Los que no eran capturados y enviados a campos de re-educación se unieron a las filas soviéticas, chinas, lucharon como mercenarios a las ordenes de algún cacique local o simplemente aguantaron en status quo en tierra de nadie a la espera.

Otros militares, habían quedado aislados en islas del Pacífico al rebasar los aliados sus líneas en su empuje final hacía Tokyo. A estos rezagados se les conoce como “Zan-ryū Nippon Hei”. Algunos no llegaron a enterarse de que Japón se había rendido hasta muchos años después y otros, a pesar de recibir la noticia, o no se la creyeron pensando que se trataba de una estratagema del enemigo, o no recibieron una orden directa de rendición por parte de sus superiores inmediatos al quedar las comunicaciones cortadas por los aliados y siguieron combatiendo por miedo al deshonor.


1945

El capitán Sakae Ōba, destacado en Saipan, no se rindió hasta el 1 de Diciembre de 1945, a pesar de que la isla había sido tomada por los aliados en Junio de 1944. La mayoría de las fuerzas japonesas que permanecían todavía en Saipan se habían inmolado en un ataque Banzai tradicional pero otros como Ōba, decidieron seguir luchando durante más de un año empleando tácticas de guerrilla junto a otros 100-300 hombres a las órdenes del mayor Sato.
Sato se rendía con 33 de estos soldados en Junio de 1945 mientras que Ōba resistía al mando de 46 guerrilleros hasta finales de año. En la foto Ōba ondeando bandera blanca y una imagen de la gran base aerea norteamericana con cientos de bombarderos B-29 que habría estado contemplando indeciso sobre si se habría acabado la guerra o no;


Sakae Ōba Saipan


1946

El 25 de Enero de 1946, 120 soldados japoneses libran una batalla en las montañas a 240km de Manila en Filipinas. De los 140.000 efectivos nipones que habían operado en estas islas, 4.000 seguían en paradero desconocido.

Un mes después, en Febrero, la división 341 filipina realiza una incursión junto a la 86 norteamericana para limpiar la isla de Lubang. El día 22 se registran combates especialmente duros al toparse con una patrulla de 30 soldados nipones que causan 8 bajas a las fuerzas americanas y 2 a las filipinas.
En Marzo otra de estas patrullas mata a 6 soldados aliados en Guam y en Abril, de nuevo en Lubang, 40 soldados imperiales emergen de la jungla para entregarse, ignorando que la guerra había terminado hacía más de medio año.


1947

A finales de Marzo de 1947, el teniente Ei Yamaguchi atacaba por sorpresa a una guarnición de marines en la isla de Peleliu que había caido en manos aliadas en Noviembre de 1944 tras dos meses de duras batallas. Yamaguchi permaneció 3 años oculto en los antiguos bunkers hasta que reapareció con 33 hombres. El mando norteamericano enviaba refuerzos junto a un almirante japonés que lograba convencerle un mes después, en Abril, de que la guerra había terminado.

En las Filipinas seguían apareciendo más tropas japonesas. En Abril se entrega una patrulla de 7 hombres armados con un mortero y en Junio de 1947 se registra actividad a tan solo 175km de la capital en Manila.
El 27 de Octubre del mismo año se rinde el último combatiente que quedaba en Guadalcanal, una de las primeras islas tomada por fuerzas aliadas durante la guerra. Llevaba una botella de agua, una pala y una bayoneta rota australiana.


1948

A finales de 1948 se vivía uno de los capitulos más surrealistas de las post-guerra en Asía. Entre 10.000 y 20.000 soldados japoneses perfectamente pertrechados y ataviados seguían en la zona de Manchuria. Habían quedado atrapados en tierra de nadie en medio de una guerra civil entre comunistas y nacionalistas sin posibilidad de ir a ninguna parte o de rendirse ante alguna autoridad.
A principos de año, en Enero, otros 200 soldados igualmente organizados y pertrechados se rendían en Mindanao.


1949
El 6 de Enero de 1949 Kufuku y Matsudo Linsoki, dos supervivientes del ataque a Iwo Jima, se rendían al mando aliado. Habían permanecido en los tuneles que surcaban la isla desde el 19 de Febrero de 1945, durmiendo de día y actuando de noche, robando provisiones. Precisamente en Iwo Jima se había tomado una de las fotos más emblemáticas de la guerra del pacífico, con varios marines plantando la bandera norteamericana en un montículo;


Kufuku Matsudo Linsokr Iwo Jima


1950

En Marzo de 1950 se rinde el soldado de primera clase Yūichi Akatsu, que seguía combatiendo en Lubang junto al después célebre Hiroo Onoda.

1951

En 1951 de nuevo se repite otra situación de película superada por la realidad. El 3 de Enero de 1945 un bombardero B-29 norteamericano que regresaba a Saipán tras realizar una misión sobre Nagoya, Japón, se avería y cae en Anatahan, una remota isla volcánica de tan solo 31km2 perteneciente al grupo de las Marianas. En el aterrizaje forzoso muere toda la tripulación y en Febrero, la marina envía a un grupo de nativos de Saipan para recuperar los cuerpos.
El grupo de rescate se encuentra con la sorpresa de que la isla está ocupada por unos 30 supervivientes pertenecientes a un convoy de tres barcos japoneses que había sido atacado y hundido por la marina estadounidense en Junio de 1944. Entre ellos se encontraba una mujer de Okinawa, Kazuko Higa, vivían en cabañas construidas con palmeras y cañas de bambu, al más puro estilo Robinson Crusoe. Gracias a los restos del avión accidentado habían fabricado utensilios como cuchillos, cazuelas, depositos de agua, hornos, duchas… y además estaban armados sin la más mínima intención de rendirse.


Anathan 


Durante los años que permanecieron en la isla, varios de los hombres se habían enfrentado entre si por los favores de la mujer, llegando a producirse 6 muertes violentas. En Julio de 1950 la mujer avistaba un navio y era rescatada tras hacer señales de socorro, informando a las autoridades de que los residentes de la isla no se creían que la guerra había terminado hacía 5 años. No fue hasta un año después, en Julio de 1951, cuando finalmente aceptaban ser evacuados de la isla tras serles arrojadas por aire varias cartas de sus familiares en las que les confirmaban el final del conflicto.


1953

En 1953 el soldado Murata Susumu es capturado en Tinian. Había estado viviendo en una cabaña en medio de un pantano.

1954

En Mayo de 1954 el cabo Shōichi Shimada, compañero de Hiroo Onoda muere tras enfrentarse con fuerzas filipinas en Lubang.

1960

En Mayo de 1960 capturan en Guam al soldado Bunzō Minagawa y varios días después se rinde el sargento Tadashi Ito que permanecia con él.

1965

En 1965 una nativa se encuentra con un soldado merodeando por su jardín en Vella Lavella, una isla perteneciente a las Sálomon. Tras informar a las autoridades, se lanzaron panfletos desde el aire informando del fin de la guerra y el embajador de Japón se desplaza hasta el lugar logrando la repatriación del ex-combatiente.El caso de Vella Lavella es bastante peculiar porque es un pequeño islote en el que las líneas niponas quedaron completamente rebasadas tras unos pocos combates, dejando rezagados a unos 300 efectivos imperiales desde Agosto de 1944. En 1959 los lugareños relataban historias de hombres con largas barbas vistiendo andrajos que se escondían en la selva. Los rumores se confirmaban relativamente con el hallazgo de 1965 pero nunca se ha conseguido contactar con el resto de la unidad, aun siendo realizados supuestos avistamientos en épocas tan tardías como los años 80.


1972
En Enero de 1972 es capturado el sargento Shoichi Yokoi, cerca del rio Talofofo en Guam. Al ser repratiado lleva consigo su rifle para devolverselo al emperador con una disculpa por no haberle servido bien; “con mucha verguenza, he regresado vivo”. La frase se convirtió en un dicho popular en Japón. Yokoi relató que había permanecido oculto en una especie de trinchera junto a otros dos compañeros durante los primeros años pero que luego, se separaron por escasear la comida en la zona en la que estaba construido el refugio. No obstante habían mantenido el contacto hasta que los encontró muertos por inanición en 1964.


Shoichi Yokoi


En Octubre de 1972 otro hombre del grupo de Onoda, el soldado de primera clase Kinshichi Kozuka muere tras enfrentarse en un tiroteo con las fuerzas del orden filipinas.


1974

En Marzo de 1974 se rinde Hiroo Onoda que permanecía oculto en la isla de Lubang desde el 26 de Diciembre de 1944. Había sido enviado con ordenes de no rendirse o suicidarse para obstruir los ataques enemigos e infligir todo el daño posible en sus infraestructuras. Junto a tres compañeros, el soldado Yūichi Akatsu, el cabo Shōichi Shimada y el soldado de primera clase Kinshichi Kozuka, Onoda era el único miembro de las fuerzas japonesas que no se había rendido todavía o caido tras la ocupación de la isla por los aliados, el 28 de Febrero.

En Octubre de 1945 encontraron la primera octavilla en la que se informaba del final de la guerra y a finales de año se lanzaban desde el aire más de estas octavillas, firmadas por el General Tomoyuki Yamashita. Tras inspeccionarlas, el grupo de Onoda decidía que eran falsas.
En 1950 Akatsu se rendía tras separase del grupo 6 meses y la célula extremaba más todavía las precauciones para no ser encontrados. En 1952 fueron lanzadas nuevas octavillas con cartas firmadas por familiares de los soldados pero de nuevo estimaban que eran falsas. El 7 de Mayo de 1954 Shimada era abatido por una partida de busqueda y 19 de Octubre de 1972 caía Kozuka tras enfrentarse en un tiroteo con las autoridades filipinas mientras incendiaban un granero como parte de las hostilidades de guerrilla que mantenían.


Hiroo Onoda


El 20 de Febrero de 1974 Onoda se entrevistaba con un aventurero japonés, Norio Suzuki, que andaba tras su pista. A su regreso a Japón con unas fotos, convencía al gobierno para que localizasen a los oficiales superiores de Onoda. El 9 de Marzo, uno de ellos, el Mayor Taniguchi volaba a Lubang donde durante un encuentro con Onoda le informaba del final de la guerra y le ordenaba oficialmente rendirse.

Onoda cumplía la orden vestido apropiadamente con su uniforme, espada, el rifle Arisaka Tipo 99 reglamentario en perfectas condiciones de funcionamiento, 500 cargadores de munición y varias granadas de mano. A pesar de haber matado a unos 30 lugareños y haberse enfrentado a la policia local en varias ocasiones, fue indultado por el presidente Ferdinand Marcos al tener en cuenta las circunstancias especiales que envolvían el caso. Regresó a Japón aclamado como un héroe.
El 18 de Diciembre de 1974 se localizaba al soldado Teruo Nakamura tras ser avistado por un avión de las fuerzas aéreas indonesias en la isla de Morotai y enviar una partida en su busca a instancias de la embajada japonesa. Nakamura había permanecido oculto desde que las fuerzas aliadas tomaron la isla en Septiembre de 1944.


Teruo Nakamura


En un primer momento había convivido con otros compañeros pero decidió separarse de ellos en 1956 construyendo una pequeña cabaña vallada. Su caso no levantó el mismo interés que el de Onoda porque Nakamura no era propiamente japonés sino un amis nacido en el Taiwan de pre-guerra, lo cual le convertía técnicamente en apátrida y despertaba los fantasmas del pasado colonial nipón en la era imperial.


Post-1980
En Abril de 1980 surge la historia de un nuevo caso, el del capitán Fumio Nakahira, que había aparecido supuestamente en la isla de Mindoro de las Filipinas, donde había permanecido oculto en el monte Halcón. No obstante, esta y todas las historias posteriores a Onoda son tremendamente complicadas de aclarar y de confirmar, por lo que son consideradas como dudosas o falsas por muchas fuentes. Algunas han sido probadas como bulos simplemente para atraer turistas.



Extraído de: A

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