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Il Colosso dell'Appennino, Un Gigante en Italia




La enorme escultura realizada por Giovanni Da Bologna en el Parco di Mediceo Pratolino. Este espacio libre y verde en su mayoría, se encuentra aproximadamente a 12 km de la ciudad de Florencia, en el camino hacia Bolonia. Desde 1568, el Parque de Pratolino comenzó siendo una hacienda privada de la familia Medici, Francesco I de 'Medici, Gran Duque de Toscana (25 marzo de 1541 hasta 17 octubre de 1587) ha construido el espacio diseñado por el arquitecto Buontalenti Bernardino para su entonces amante, más tarde segunda esposa, Bianca Cappello.

Giambologna creó su gigantesca figura titulada Il Colosso dell'Appennino (The Colossus Apeninos) en 1579 - 1580. La figura es sorprendente, con su barba convirtiéndose en una maravillosa composición abstracta que también añade emoción a la obra. Cabe destacar que la escultura se compone íntegramente de ladrillos y piedra. Los ladrillos se pueden ver en algunos lugares, donde se vislumbra la escultura subyacente. La parte de piedra, con sus formas de estalactitas y texturas, se asemejan al cemento. Según los habitantes de la zona, dicen que el cemento fue inventado por los romanos y siglos antes de ser descubierto... Pero son solo rumores. Existe una gruta artificial debajo de la escultura y frente a un gran estanque lleno de peces. Este estanque tiene las mayores lirios de Italia.

El parque se encuentra abierto generalmente a partir de mayo a septiembre y es gratuito, en el que tambien se incluyen visitas a las esculturas más famosas de Giambologna, como el bronce "Fuente de Neptuno" en Bolonia, el primer encargo que lo hizo famoso, el mármol "El rapto de las Sabinas", y Mercurio de bronce en el Museo Bargello de Florencia, Italia.














Extraído de: A

Venus de Milo, El Secreto de sus Brazos






La Afrodita de Milos, más conocida como Venus de Milo, es una de las estatuas más representativas del periodo helenístico de la escultura griega, y una de las más famosas esculturas de la antigua Grecia. Fue creada entre los años 130 y 100 a. C., y se cree que representa a Afrodita (denominada Venus en la mitología romana), diosa del amor y la belleza; mide aproximadamente 211 cmts de alto. Esta estatua fue encontrada en Milo (Islas Cícladas), desenterrada por un campesino y vendida a Francia entre 1819 y 1820. El precio que el campesino pedía por la escultura era demasiado alto, y Dumont d'Urville (viajero que realizó una parada en este lugar), no llevaba el dinero suficiente como para comprarlo, por lo que recurrió a un embajador francés en Constantinopla, quien accedió a comprarla. Sin embargo, anteriormente el campesino había acordado venderla a los turcos, lo que inició un conflicto por la posesión de la estatua. En el momento en que iban a embarcarla con destino al palacio del príncipe, los componentes de una expedición francesa, que habían intentado en varias ocasiones adquirir la venus, les sorprendieron, entablándose una pelea por la posesión de la misma. e dice que en el curso de la reyerta la estatua se golpeó contra el suelo del embarcadero rompiéndose los dos brazos. Los franceses se hicieron con el trofeo sin reparar en ello y más tarde arreglaron la compra con las autoridades turcas. Según este relato, los brazos fueron recogidos por los turcos y permanecen enterrados en paradero desconocido.


La falta de brazos ha disparado la imaginación y unos la ven con los brazos reposando a ambos lados del cuerpo, otros sujetando un espejo y un peine y los más con la mano derecha sobre el pliegue de la túnica y la izquierda sujetando una manzana (melos, en griego). La escultura fue hecha en mármol blanco, en varios bloques cuyas uniones no son visibles, en un tamaño ligeramente superior al natural; se desconoce su autor, pero se cree que pudiera ser obra de Alejandro de Antioquía. Esta escultura posee un estilo característico del final de la época helenística, que retoma el interés por los temas clásicos al tiempo que los renueva.





A pesar de eso, la obra tiene influencia de Praxíteles y Fidias. La composición de Praxíteles se caracterizaba por una línea muy flexible que divide las figuras si se traza en el medio de arriba a abajo; todos tienden a estar reclinados y árboles, drapeados y otros elementos semejantes se usan como apoyo para las figuras de mármol, y se incluyen en el diseño en lugar de ser extraños a él; mismas composiciones que usaba Fidias. La autoría no está clara, porque junto a ella se encontraron otros fragmentos con inscripciones que mencionaban a dos artistas de Antioquía llamados Agesandros y Aleixandros, aunque se desconoce si éstos eran lo autores de la obra o de otros pedestales colocados más tarde junto a la estatua. Se ha llegado a atribuir incluso a Scopas, escultor clásico del siglo IV a. C., aunque en ella no se detecta el pathos característico de este autor. A pesar de todo el misterio y la leyenda, estos factores contribuyen a aumentar su encanto.












Extraído de: A

La estatua ecuestre de bronce de Leonardo Da Vinci



Leonardo Da Vinci (1452-1519), que era hijo ilegítimo, trabajó durante 12 años en una estatua ecuestre de bronce, con la figura del padre de su mecenas Ludovico Sforza.




El monumento ecuestre de Leonardo Da Vinci


La estatua, de más de 7 metros de altura, hubiera exigido verter 100.000 kilos de metal fundido en un molde con la rapidez suficiente para que el enfriamiento fuera uniforme. Para ese fin, inventó un sistema de hornos múltiples que jamás se llegó a utilizar, ya que una amenaza de guerra hizo que todo el metal fuera destinado a la fabricación de cañones.

En 1493 se exhibió en Milán un modelo de arcilla del caballo, que fue proclamado como la obra ecuestre más bella que jamás se hubiera visto. Al derrotar los franceses a los milaneses en 1499, los ballesteros de Luis XII utilizaron el modelo para sus prácticas de tiro, el cual quedó totalmente destruido.




Modelo hecho en bronce expuesto en el Ipódromo de Milán, realizado basandose en los inumerables dibujos de Leonardo




Dibujos y Estudios de Leonardo relativos al proyecto de construcción de un monumento ecuestre para Francesco Sforza





La estatua parlante de Roma





Pasquín
(Pasquino en italiano) es la más famosa de todas las “estatuas parlantes” de Roma, situada en un ángulo del Palacio Braschi, a pocos metros de la Plaza Navona, ocupa esta posición desde 1501. Feo, mutilado y corroido se desconoce quién es su autor y a quién representa. Las especulaciones sobre lo primero mencionan a Agathon, Athenodoros y a Glykon. Respecto a cuál era su aspecto original algunos autores hablan de un gladiador, Hércules realizando uno de los siete trabajos, a un soldado de Alejandro Magno que lo sostiene cuando está desvanecido en el Cidno, a Ayax que transporta el cadáver de Aquiles o a Menelao con el cuerpo de Patroclo.


También su nombre tiene varias paternidades, Aretino decía que Pasquín había nacido de los amores clandestinos de las musas con los poetas vagabundos pero la teoría más extendida hace de Pasquín un sastre. Pasquín sería un conocido sastre de la corte y la curia romana, por su posición estaba al tanto de de los secretos de la ciudad y por su franqueza, y sus poderosos amigos, se le permitía hablar libremente. Pronto su nombre se convirtió en maledicencia procedente de buena tinta (“lo ha dicho Pasquín”).

Muerto el sastre, mientras se reparaba el adoquinado de cerca de su taller, se encontró la estatua despedazada que fue levantada y colocada ante la sastrería de Pasquín. Pronto el pueblo comenzó a denominarla con el nombre del sastre y en torno a ella el cardenal Oliviero Carafa, a principios del siglo XVI, desarrolló una fiesta anual todos los 25 de abril. En esta fiesta se vestía la estatua de divinidad clásica y se fijaban en ella epigramas latinos, academicistas y aduladores, que luego eran publicados en opúsculos. Pero con el correr del tiempo se sustituyeron los elogios por sátiras y el latín fue sustituido por el romanesco, el dialecto romano. Habían nacido las pasquinadas que ponían en su punto de mira al pontífice, a la curia romana, a las costumbres, los sucesos y los personajes de la ciudad.

Hubo papas que atrajeron las pasquinadas, Alejandro VI y la familia Borgia en general, por ejemplo:

Alejandro vende las llaves, los altares. Cristo: con buen derecho puede vender lo que había comprado antes. De vicio en vicio, de la llama al incendio, Roma perece bajo el dominio español. Sexto Tarquinio, Sexto Nerón, Sexto también éste: siempre bajo los Sextos Roma fue arruinada.


También hubo pasquinadas para León X que se lo tomó con humor y protegió la estatua a lo cual respondió el mármol con agradecimiento y cubriéndose con uno de sus pocos versos favorables.



Sin embargo Adriano VI ya no simpatizó con las críticas y prohibió la fiesta. Cuentan que trató de hacer pedazos las estatua por maledicente para después arrojarla al Tíber, pero el poeta Torcuato Tasso le aconsejó que no lo hiciera: “porque de sus restos, de la orilla del río, nacerían infinitas ranas que croarían noche y día”. Aún en el fondo del río Pasquín no se habría callado.

Decidieron actuar entonces contra los autores de las “pasquinadas”, en el siglo XVIII los que fueran descubiertos sufrirían la “pena de la vida, confiscación de bienes y perpetua infamia”. Durante algunos de los cónclaves que eligieron papas la estatua llegó a estar vigilada por unos centinelas permanentes. A veces la propia estatua se burlaba de las medidas, como cuando respondió a un riguroso edicto del papa Sixto V contra las pasquinadas apareciendo con el vientre hinchado y un letrero que decía: “Reviento por no poder hablar”.


Como le ponían las cosas difíciles Pasquín tuvo intención de marcharse:

¡Roma, adiós! Te he visto y me basta. Cuando sea rufián, meretriz, bufón y mentiroso, volveré.


Pero no se decide a abandonar la ciudad y todavía hoy se siguen colocando pasquines en la estatua. Hubo épocas en que hacerlo era bastante más problemático, por ejemplo un audaz se arriesgó mucho al colocar un pasquín que criticaba la Roma enmascarada de cartón-piedra que recibía a Hitler:

Roma de travertino
vestida de cartón,
saluda a su encalador,
su próximo patrón.


En sus denuncias Pasquín no estuvo solo. Aunque ninguno alcanzó su fama, había otras estatuas parlantes en la ciudad, como Madama Lucrecia, Marforio, Abad Luigi, Il Facchino o Babuino.







Extraído de: A

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