La Academia Platónica de Florencia




En la villa Médicis de Careggi, cerca de Florencia, existía una capilla con el busto de Platón. Ante él se celebraba una curiosa ceremonia consistente en coronarlo de laurel mientras ardía la llama de una lámpara votiva. Nueve humanistas celebraban su aniversario con fiestas y panegíricos; se reunían regularmente para leer sus obras y desentrañar su sentido oculto en la Academia fundada por Cosme de Médicis en 1459.




Villa Careggi



Según la tradición, cuando veinte años antes Cosme escuchó al filósofo Gemisto Pletón e inspirado por su contacto con el mundo bizantino, decidió fundar la Academia Platónica en su propia ciudad, pero comprendiendo que el tiempo aún no estaba maduro para llevar a cabo el proyecto, lo demoró hasta reconocer en el joven Marsilio Ficino el instrumento a través del cual podría realizar su sueño. Durante su infancia Ficino fue seleccionado por Cosme para ser educado en las humanidades. Más tarde aprendió griego y tradujo al latín las obras de Platón, una tarea que completó en solo cinco años.

Bajo el mecenazgo de Cosme, y continuando con el de Lorenzo el Magnífico, la Academia floreció y se convirtió en centro espiritual del Renacimiento florentino a finales del Quattrocento. Buscaba inspiración en los ideales de las civilizaciones griega y romana, especialmente a partir de fuentes literarias y filosóficas. Florencia era entonces el centro europeo del arte y la cultura, y muchos talentos de muchos campos diferentes resultaban atraídos por la Academia Platónica, entre ellos el propio Lorenzo de Médicis, el arquitecto Alberti, el poeta Poliziano o Pico della Mirandola, el primer erudito cristiano en enseñar la teología mística de la cábala judía.

Marsilio Ficino, el alma de la Academia, mantenía además correspondencia con eruditos de toda Europa. Él mismo cuenta una de las reuniones en su Comentario al Simposio de Platón:


Platón y Aristóteles


“Platón, el padre de los filósofos, murió a la edad de 81 años, el 7 de noviembre, día de su cumpleaños, reclinado en su triclinio después de que el almuerzo había sido retirado. Este banquete, en el cual estaban contenidos tanto el aniversario del nacimiento como el de la muerte de Platón, era celebrado cada año por los antiguos platonistas, incluidos Plotino y Porfirio. Después de Porfirio, estas solemnes fiestas fueron olvidadas durante mil doscientos años.

Por fin, en nuestro tiempo, el famoso Lorenzo de Médicis, deseando renovar el banquete platónico, designó a Francesco Bandini como maestro de ceremonias. Bandini dispuso celebrar el 7 de noviembre y recibió con pompa real en Careggi, en el campo, a nueve huéspedes platónicos: Antonio degli Agli, obispo de Fiesole; Ficino el médico; Cristoforo Landino, poeta: Bernardo Nuzzi, retórico, Tommaso Benci; Giovanni Cavalcanti (nuestro amigo, a quien los invitados designaron como héroe a causa de las virtudes de su espíritu y su hermosa apariencia), y los dos hermanos Marsuppini, Cristoforo y Carlo. Finalmente, Bandini quiso que yo fuera el noveno, de modo que con Marsilio Ficino añadido a los ya mencionados se alcanzara el número de las musas.

Cuando el banquete fue retirado, Bernardo Nuzzi tomó el libro de Platón que se titula Simposio sobre el amor y leyó todos los discursos de ese simposio. Cuando hubo terminado, pidió a cada uno de los huéspedes que comentara uno de los discursos. Todos estuvieron de acuerdo, se echaron suertes y el primer discurso de Fedro correspondió a Giovanni Cavalcanti para que lo explicara; el discurso de Pausanias correspondió a Antonio el teólogo; el de Erisímaco el médico a Ficino el médico; el del poeta Aristófanes al poeta Cristoforo; el del joven Agatón a Carlo Marsuppini. A Tommaso Benci se le asignaron las intervenciones de Sócrates, y el papel de Alcibíades correspondió a Cristoforo Marsuppini. Todos aprobaron este sorteo, pero el obispo y el médico tuvieron que irse, uno para cuidar las almas, otro los cuerpos, y dejaron los papeles a Giovanni Cavalcanti; los demás se volvieron hacia él dispuestos a escuchar, y enmudecieron.”

El grupo se disolvió a la muerte de Lorenzo el Magnífico, fallecido precisamente en Careggi en 1492. Dos años después morían en Florencia Poliziano y Pico della Mirandola en circunstancias muy misteriosas. Sus cuerpos fueron exhumados, y con las actuales técnicas los científicos pudieron determinar que ambos habían sido envenenados con arsénico, probablemente por orden del sucesor de Lorenzo de Médicis.


Marsilio Ficino


En el lugar de la antigua academia florentina surgieron los Fratres Lucis (Hermanos de la Luz), una inquietante hermandad mística fundada en Florencia en 1498 y que continuó existiendo hasta el siglo XVIII. Entre sus miembros se contaron personajes como Cagliostro y el conde de Saint Germain.






Extraído de: A

1 comentarios:

victor dijo...

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